La seriedad monumental con la cual Ana Enriqueta Terán emprendía su tarea como escritora señala, no solamente el enorme conocimiento que tuvo de la poesía clásica española y de la lengua, como código elaborado, sustancial, múltiple en su circunstancia de posibilidades significativas y musicales, sino también, la enorme conciencia que tuvo siempre del oficio de escribir.

En toda su obra hay una magistratura, una cátedra de lengua y poesía indiscutible.

La circunstancia de su amor a esta alegría creadora la percibimos siempre que volvemos a su poesía. Un mundo que seduce en el plano del enaltecimiento al encantamiento del universo construido en el lenguaje.

Ana Enriqueta
Su pasión por la poesía se inició en la niñez en compañía de su madre, leyendo a los clásicos del Siglo de Oro español.

Su magistral manejo de la forma la hizo una erudita del soneto, pero no solo de esa forma poética. Escucharla analizar un poema, señalar con elocuencia inigualable  colocando significación, forma y musicalidad en una bandeja de precisiones organizada y sabia, nos llenó siempre de profunda admiración.

Le era natural el manejo de estos conocimientos, tanto como la transmisión de sus vivencias más caras en el sustrato de fondo de su escritura.

La persona que fue  (y seguirá siendo en la memoria de quienes le conocimos)  estaba siempre al tanto de la precisión de los detalles que dejan al descubierto una sensibilidad de definida resistencia plural frente a la vida misma y sus implicaciones.

Insistimos en que tuvo la vida que eligió porque fue amada y su natural conciencia creadora le proporcionó la brújula maravillosa que la condujo a vivir en distintos lugares del país, donde siempre brillo como un diamante inigualable y se rodeó de vida y de la admiración y el respeto de todos.

En Margarita o en Jajó, en Puerto Cabello o en Valencia, inclusive en Montevideo, Ana Enriqueta era, es, conocida como un ser humano que mereció el reconocimiento de su esencia personal como una poetisa en un sentido de presencia casi de adoración religiosa.

Ana Enriqueta
La Biblioteca Ayacucho publicó en 2014 una selección de su obra poética, volumen 252.

Así la recordaremos siempre, desde el lugar de su magistratura, en el umbral de su      personalidad como bendiciendo y compartiendo lo esencial de su profundo conocimiento de lo importante, de lo esencial, del mundo interior en la esencia misma del ser poético. Desde allí continuaremos leyendo su “Casa de hablas”, su “Albatros”, su “Construcciones sobre basamento de niebla”, su “Autobiografía”, su “Libro de los oficios” y tanto más.

Ella, como una Pálmenes Yarza o Enriqueta Arvelo Larriva, seguirá siendo una luz esencial, lámpara de Diógenes, en la relación sustancial y poderosa con la poesía.

 

Laura Antillano (diciembre 2017)

 

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