BARCA DE PAPEL [8] KUADERNO PALESTINO realiza una reseña crítica del poemario “Kuaderno palestino” (Casa Bello, 2016) de Isaías Cañizález Ángel. JCDN.

El poeta venezolano Isaías Cañizález Ángel

El poeta Isaías Cañizález Ángel nos presenta una segunda entrega que concilia el Decir poético con el discurso político liberador. Si en la primera [“Las ruinas de la casa”, CELARG, 2010] desmontó el habla y la praxis de la represión latinoamericana en el caso del golpe de estado que Pinochet le dio al presidente Allende en el Chile de 1973; “Kuaderno palestino” (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, 2016) constituye una bitácora descarnada, dolorosa y solidaria de la Nakba y la Intifada de la legítima nación palestina. Nuevamente, tenemos un diálogo con la auténtica poesía de Miguel Hernández, Blas de Otero y los exterioristas nicaragüenses como Ernesto Cardenal. El texto poético en verso y en prosa son los soportes de los que se vale esta crónica profética de liberación.

La Franja de Gaza no sólo es una metáfora que se asimila a un campo de concentración dantesco de nuevo cuño, sino el teatro asimétrico mismo de operaciones bélicas y políticas que hagan posible la causa nacional palestina. Se impuso la mayoría en la Asamblea General de la ONU a contracorriente de la sociedad impía entre Israel y los Estados Unidos. El sarcasmo y la impostura de la expresión poética no están exentas de hiperrealismo ni de esperanza auténtica: “Desde la franja nos vemos, nos imaginamos ardiendo en la penumbra de un éxodo sin retorno. Amparados en el agreste impulso de abandonar el cuerpo, pero no la lucha”.

Pinta solidaria con Palestina

La irrupción cotidiana de la violencia en Palestina toma el cariz audiovisual de los noticieros sesgados y, mejor aún, del mejor cine político de resistencia que se les opone: “A los misiles, / nadie no los vio entrar ni salir. / El día y la madrugada / les pertenecen. / Nosotros apenas si tenemos / estos zumbidos / que vienen y van”. La Arcadia palestina se esboza en “Las retamas” no sólo como nostalgia sentida por un pasado más propicio, sino como el advenimiento de una nueva y mejor república por venir. La memoria histórica [que repotencia el activismo] y estética [referencia al Infierno de Dante] hace de las suyas en tanto contraste libertario entre Utopía y Distopía: “Nunca supimos de gigantes vestidos con la coraza del odio (…) Mi Abuelo tenía el sacro privilegio de la palabra y con sólo cerrar los ojos, nos traía el mar (…) La pólvora de los fusiles empaña la memoria: impide que la vista se alargue por encima de la montaña. Aquí, crecían las retamas y había quien podía verlas florecer”.

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El poeta comprometido Cañizález re-edita un discurso transgenérico transparente para el abordaje y el desmontaje despiadado del despropósito histórico que es aún el despojo territorial, cultural y nacional en perjuicio de la Palestina libre. Tenemos la literatura epistolar y de iniciación, sacra o seglar, de “Carta de una niña palestina a los Reyes Magos” [Ayer, cuando vi arder las puertas de mi casa, supe que tenía la edad suficiente para pensar en la muerte]; la impostura del discurso estadístico en “Las matemáticas sionistas”; o la sátira que deslegitima el terrorismo teocrático y farisaico de Estado aplicado por Israel en “El Supremo Tribunal”, el cual se aceita en un discurso autoritario y terrófago para chirriar en la indolencia de ciertos organismos internacionales inútiles y cómplices: “Los intentos lamentables de engendrar una épica sin sustento, podrían conducir a severos castigos”. Además de la épica palestina encabezada por Yasser Arafat, ¿no ocurrió también en su momento con la sandinista o la relativa a la lucha anti-apartheid sudafricana? Sandino, Biko y Arafat pertenecen al martirologio libertario universal al igual que el poeta salvadoreño Roque Dalton.

Nos conmueve sobremanera las voces de los más pequeños y frágiles de los oprimidos, los niños palestinos, tanto la muchacha que le escribe la carta a los Reyes Magos [Tengo el grito velado de mi madre buscando los restos de mi hermano, ese pequeño colibrí que nunca supo del miedo y quedó sembrado en las cenizas del patio], como el mozalbete que va de la impiedad de una alcabala a otra mucho peor [“No sé si les ha ocurrido, pero al tropezar con un fusil al comenzar el día, no es algo a lo que aspira un niño que, junto a la muerte, aprende a escribir las letras de su nombre y apenas si comienza a entender que existe la otra alcabala]. La cartilla de la opresión, por vía de una pedagogía de la liberación, conduce a una sintaxis poética significativa que nos dignifique, contriste, eleve en rebeldía y salve auto-críticamente de la sumisión y la muerte física y moral.

¿Acaso “Yasir” es el retrato adolescente e histórico de varios patriotas palestinos que se resisten al discurso vertical sionista y su praxis violenta que fundamentan no sólo el despojo territorial, sino la negación anti-humanística del Otro, el Prójimo? ¿”Este no es el río Jordán” no supone un ejercicio de restitución y reordenamiento territorial que involucra lo geo-histórico y lo estético?

Cartografía de un despojo injusto y criminal

Releamos el cántico esperanzador pero crudo de “Abro la ventana, sonrío y te canto…” no sólo como antípoda del utilitarista poema romántico y lo políticamente correcto, sino especialmente en tanto vínculo solidario y reivindicativo con nuestros hermanos palestinos: “Empuño las cenizas, / de esta herida, / las muestro al sol / y busco el aliento necesario / para exhumar este puñal / de contradicciones”. Que Donald Trump no pueda mudar a Jerusalén su homicida embajada indigna. Es menester acompañar al poeta militante Isaías en su afán profético, lírico-popular y político que canta con furia esperanzada desde nuestra Venezuela, acosada y escarnecida en vano por los poderes fácticos que, tarde o temprano, se resecarán en su propia ignominia.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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