El 30 de enero de 1818, hace ya 200 años, Bolívar y Páez se encuentran en el Hato de Cañafistola, cerca de San Juan de Payara, en el estado Apure. La reunión de ambos marca un punto de inflexión en la guerra de independencia.

Teniente General Don Pablo Morillo

Luego de la caída de la Segunda República (1813 – 1814) y de la muerte de Boves (1814) gran parte de la población que había seguido al jefe asturiano regresa a los llanos y a sus hogares. Aquellos venezolanos que siguieron al caudillo realista retornaron a sus hogares decepcionados, sin ver cumplidas las promesas de reparto de tierras y propiedades que les hiciera su otrora líder. Además, eran maltratados por la oficialidad española de la expedición del Teniente General Don Pablo Morillo, quien arribó a Venezuela el primer semestre de 1815 directamente desde España con 10.000 soldados ibéricos.

La llegada de Morillo establece una clara diferencia entre criollos y peninsulares. Los soldados y oficiales llegados desde España veían a los venezolanos (mestizos, afrodescendientes he indios) con recelo he incluso con desprecio. Los esclavos que habían luchado a favor de la causa del rey fueron obligados a regresar bajo la tutela de sus antiguos amos. No se repartieron propiedades y a muy pocos se les reconocieron sus títulos y grados militares.

Pedro Zaraza

Muchos de aquellos que habían luchado por el imperio español comenzaron a incorporarse a las guerrillas patriotas que se hallaban diseminadas a lo largo del territorio, bajo el mando de oficiales de extracción popular: Manuel Cedeño operaba en Guayana; Arismendi en Margarita; Pedro Zaraza en los llanos del Guárico; Los hermanos Monagas en los llanos orientales; Andrés Rojas en las cercanías de Maturín; Domingo Montes en los alrededores de Cumanacoa; Páez y Olmedilla en los llanos de Apure.

El año de 1816, con el apoyo del presidente haitiano Alexandre Pétion y del marino curazoleño Luis Brión, regresa el Libertador a Venezuela liderando la Expedición de los Cayos. Sistemáticamente, los jefes guerrilleros venezolanos comenzaron a reconocer la jefatura de Bolívar.

José Antonio Páez

Mientras el Libertador fundaba la Tercera República desde las playas de Margarita, Páez enseñoreaba en las riberas del Arauca. Sus resonantes victorias de sobre el Coronel Francisco López en las batallas de Mata de La Miel (1815) y en el hato El Yagual (1816); y sobre el General Miguel de La Torre en Mucuritas (1817) lo habían convertido en líder indiscutible de los llanos apureños.

“El catire” Páez recibe entonces a los coroneles Manuel Manrique y Vicente Parejo, delegados del Libertador quienes le plantean, en nombre de Bolívar, la necesidad de unificar tanto la jefatura como los esfuerzos de los patriotas. Al respecto, señala Páez en su Autobiografía “…sin vacilar un momento recibí respetuosamente a los comisionados en el hato del Yagual, y declaré al ejército mi resolución de reconocer a Bolívar como jefe supremo de la república“.

Simón Bolívar

El 30 de enero de 1818, hace 200 años, se encuentran Bolívar y Páez en el Hato de Cañafistola. Ambos luchadores se abrazan y el indómito llanero recordaría de esta manera su primera visión del caraqueño “Hallábase entonces Bolívar en lo más florido de sus años y en las fuerzas de la escasa robustez que suele dar la vida ciudadana. Su estatura sin ser procerosa, era no obstante suficientemente elevada para que no la desdeñase el escultor que quisiera representar a un héroe; sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de los ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos, con mirar de águila, circunstancias que suplían con ventajas lo que a la estatura faltaba para sobresalir entre sus acompañantes. Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante, la tez, tostada por el sol de los trópicos, conservaba no obstante la limpidez y lustre que no habían podido arrebatarle los rigores de la intemperie y los continuos y violentos cambios de latitudes por las cuales había pasado en sus marchas…”.

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El reconocimiento de la autoridad de Bolívar por Páez fue un hecho de suma importancia en nuestra guerra de independencia. La lucha por la emancipación contra el imperio español jamás se hubiera concretado en medio de desuniones y dispersión de esfuerzos. La revolución y el momento histórico demandaban el concurso de todos sus hijos bajo una jefatura única. Y hace 200 años nuestros libertadores dieron ejemplo de ello.

 

JV Castillo / Ciudad VlC

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