CLÁSICOS VENEZOLANOS (22): DISCURSO DE ANGOSTURA

Clásicos Venezolanos (22): Discurso de Angostura se refiere a este documento incunable de Simón Bolívar. JCDN.

El Discurso de Angostura, del 15 de febrero de 1819, ha cumplido su bicentenario y acentúa lectura tras lectura su vigencia y pertinencia, especialmente en la grave coyuntura de la República hoy. Texto pre-ensayístico al igual que la Carta de Jamaica, es un clásico incunable de la literatura venezolana.

La cosa apunta a la constitución de un modelo republicano viable, propio y soberano.

Punto de partida jurídico del Proyecto bolivariano, escarnecido por sus enemigos internos y externos de siempre, plantea la posibilidad real de la integración del continente. Los Macri, los Bolsonaro, los Moreno y los Duque son accidentes desafortunados y desencaminados.

Para el poeta Gustavo Pereira, es aún un documento memorable pero soslayado.

Pedro Téllez, bajo el influjo de Valencia-Sulaco y Venezuela-Costaguana noveladas por Joseph Conrad, indica que Bolívar vislumbró con rigor y claridad que “Esa ‘libertad plutocrática’ (del Estados Unidos de los fundadores) en lo interno tiene su correlato en una política exterior depredadora”. Así lo ha confirmado la Historia múltiples veces.

 

 

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En 1819, había un contexto favorable en lo militar y político, el cual era propicio en la edificación progresiva y sabia de una República auténtica y auto-sostenible, previa diversificación de nuestras relaciones diplomáticas, luego de consolidarse la independencia política.

Muy a pesar de abogar en favor de un régimen centralista sólido e ilustrado, Bolívar disiente del Mesianismo propio y ajeno para referirse a coordenadas históricas concretas.

Exploradas y revisitadas las experiencias de Atenas, Esparta y Roma antiguas, la Historia venezolana verificaría el desmadre más adelante: Los textos constitucionales hechos a medida de los caudillos como Páez, Guzmán Blanco, Gómez y Betancourt.

¿Por qué no nos fijamos en el gesto del Libertador en ese entonces? Se transfiguró en ciudadano para entregar el testigo al Poder Legislativo Constituyente.

Por supuesto, valga su consejo al pueblo elector: Configurar el perfil político, ético e intelectual de sus representantes. Se trata de calificar en la excelencia verdadera a la Asamblea.

Pese a las bondades del federalismo, Bolívar consideró que la nación no estaba preparada –por el momento y el contexto- para su instrumentación inmediata.

Por supuesto, el Libertador y Ciudadano excluye de su propuesta la perversión hereditaria goda que trajeron los llamados viajeros (¿viajados?) de Indias.

El proyecto de Nación, implícito en el Discurso, posee como categoría esencial el mestizaje, para escándalo y crujir de colmillos mantuanos. El pardaje es aún repulsivo hoy.

Este factor a tener en cuenta, implica lo diverso, lo híbrido y el policlasismo tan caro a nuestra personalidad, desvirtuada –eso sí- por los poderes fácticos de ayer y hoy.

He aquí que Bolívar pone sobre el tapete, aún en este siglo, un gobierno republicano de a de veras, división de los poderes públicos, libertad civil, proscripción de la esclavitud (asalariada), la abolición del espíritu aristocrático y sus privilegios.

El régimen parlamentario, pese a su incómodo cariz hereditario, se funda en la ética y la formación intelectual de sus miembros.

Lamentablemente, los hechos posteriores incurrieron en la abominación de archivar el Discurso en la gaveta atascada de las Utopías desoídas y desatendidas. Sólo se desempolvaba de vez en cuando para construir slogans huecos al servicio de la vileza de los partidos y sus dirigentes indolentes.

¿A qué esperamos para revisitarlo, meditarlo, adaptarlo e instrumentarlo en función de nuestras necesidades en todos los ámbitos? Queda la ciudadanía invitada a asumir esta tarea gigantesca pero posible y harto constructiva.

 

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC   

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