privatizaciones

“Una vela a dios y otra al diablo terminan prendiendo fuego a la mesa”.

 

Promover las privatizaciones está de moda, volvió esa manía de fortalecer el neo liberalismo y sus muros “visibles o invisibles”, como diría Juan Carlos Monedero, muros que separan a los que tienen de los que no tienen. Un monstruo que tiene mil caras y habita en mil lugares.

 

Hay quienes desde una visión positivista colocan como ejemplo a China, siempre ocultando las externalidades, entendiéndose éstas como las desastrosas secuelas humanas y medioambientales producto de la aplicación de las recetas neoliberales.

 

El gigante asiático muestra un modelo que presenta lo peor del capitalismo y su libre mercado: la explotación, la alienación, la desigualdad social, el consumismo y la devastación del medio ambiente, y lo peor del comunismo del siglo XX: la falta de libertades y la represión. Citando a DengXiao Ping: “China es un lugar donde si practicas el capitalismo te enriqueces, pero si hablas de él te fusilan”.

 

El papel de los revolucionarios es atajar el avance de ese fascismo social llamado neo liberalismo, doctrina que pretende desmeritar lo público y enaltecer lo privado, amén de neutralizar toda intervención o mediación del Estado.

 

 

En Venezuela, por ejemplo, el Estado es el gran ausente ante la ola especulativa e inflacionaria, no hay quien ponga coto a la voracidad empresarial y de los comerciantes.

 

 

 

Nos encontramos en medio de una guerra no convencional reconocida inclusive por personajes tan ubicados en la acera del frente como María Corina Machado; entregar el manejo de nuestros servicios públicos en manos del empresariado es un acto suicida.

 

 

Ya la derecha exógena y endógena, que al fin y al cabo es una sola, penetró nuestras instituciones saboteando a sus anchas servicios tan vitales como la electricidad, el agua potable y el gas doméstico. ¿Quién en su sano juicio promovería la completa entrega a la “meritocracia”?. Se abre el debate.

 

 

 

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Ismael Noé

 

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