FRANZ KAFKA CUMPLIÓ 136 AÑOS (II)

Un comic alusivo a la novela de Kafka

Franz Kafka cumplió 136 años (II) se refiere a la novela “El Proceso” (1924), la cual cumple 95 de su primera edición y 80 de su primera edición en español. JCDN.

Este año de 2019, sin que nos afecte el culto descontextualizado de las efemérides, tenemos un cumpleaños por partida doble: 95 de la primera edición de la novela inconclusa pero no menos brillante “El Proceso” de Franz Kafka, gracias a la paradójica previsión testamentaria del autor en favor de Max Brod quien lo desobedeció al no destruir su obra inédita, y 80 de su primera edición en español bajo el sello editorial argentino Losada y la cuidadosa traducción de Vicente Mendivil.

No puede tampoco pasar debajo de la mesa la primera edición en español de “La Metamorfosis” de Kafka, traducida directamente del alemán por Jorge Luis Borges para la misma editorial Losada en 1938. Borges confesó una vez que le hubiera gustado escribir una novela como esa, por lo que quizá no publicó ninguna de su autoría ante el impacto kafkiano como lector y traductor, limitándose a cultivar la poesía, el cuento y el ensayo.

Primera edición de la novela por Editorial Losada
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https://clubcalzada.files.wordpress.com/2008/11/el-proceso-kafka3.pdf

“El Proceso” (1924) sigue la línea inaugurada por La metamorfosis (para Borges debería titularse más bien La transformación), esto es la ruptura artística con la abúlica cotidianidad por vía del absurdo. Sin saber por qué, el protagonista Joseph K es reducido por un poder judicial vil e ininteligible que lo condena a morir como un perro (ahorcado o por el garrote español).

El desmontaje crítico del Estado y su aparataje ideológico, no se desarrolla a través del panfleto político sino de evidenciar la pasividad y la resignación de sus víctimas escindidas y oprimidas. La indolencia obscena del entorno y la culpabilidad interior son factores del padecimiento intensivo de los acusados como Joseph K.

El poder y sus instrumentos distractores de la libertad y autorrealización del hombre, estimulan la alienación y amputan toda reflexión y praxis rebeldes. Kafka, sin ser un profeta futurólogo, expone en ambas novelas la tragedia humana de su tiempo –individual y colectivamente- que se intensificaría más tarde en la II Guerra Mundial y la posguerra subsiguiente. La banalización del mal del que nos hablaba Hanna Arendt, sería una glosa a la narrativa del gigante checo.

La vida cotidiana, las relaciones de poder dentro y fuera de la familia y el mundo afectivo, erigen el presidio en el que se han convertido las ciudades como Praga y los poblados rurales embaucados por burgueses y señores feudales respectivamente.

Otra gráfica que dignifica la novela de Kafka

La ratonera no sólo es un ámbito caricaturesco en el que se descomponen las relaciones sociales, sino la metáfora mortal que corroe el alma humana. El formalismo y la impiedad de la burocracia es la metodología destructiva que le corresponde. La sordidez es la atmósfera donde se fusionan lo real y lo surreal, no en balde la inmediatez del discurso narrativo.

Desde el punto de vista estético, en “El Proceso” se conjugan dos elementos aparentemente contradictorios: La transparencia y precisión de la expresión escrita y la imaginería proveniente de la pintura y el cine típicos del expresionismo alemán. El imperio de la incomunicación y la mezquindad de unos con los otros, bajo el ajedrez del orden político y socio-económico, justifica las locaciones oscuras y ad hoc de la novela en su arquitectónica enrevesada como los pasillos interminables y sin salida de Piranesi.

El exilio, el desarraigo y la desadaptación no ameritan en este caso de un largo viaje a la incertidumbre –geográfica y existencial-, sino cobran una realización contra natura y pervertida sin salir de los límites de la ciudad monstruosa y tortuosa. No se trata de una oficiosa colmena de la que manará la erótica miel, sino de compartimientos estancos o nichos funerarios, eso sí, que comprimen y sepultan a la ciudadanía en vida.

El capítulo VII expone en un homenaje superlativo a la necrofilia, valga la instalación de Carlos Contramaestre, el sistema judicial y su esencia disfuncional. Es el episodio más largo y aterrador del libro. La absolución real y aparente, así como también la prórroga indefinida, son tan sólo artificios viciosos del Poder que intensifican el sufrimiento y la condena de acusados como Joseph K. El capítulo siguiente no significa ningún alivio al horror, pues el abogado Block lo complementa con más elementos patológicos del Sistema.

Los gags macabros de la novela, como el plano secuencia referido al forcejeo inútil entre la muy infiel Leni y Joseph K en el despacho del abogado defensor, no mueven a la risa por la vida como en Chaplin o por el desparpajo anarquista y bullicioso de los Hermanos Marx.

Otra gráfica referida a la escritura de esta novela inquietante

 Al contrario, la peladura crujiente de los dientes, sufriente y auto-compasiva por demás, resalta el oscurantismo permanente en el que se mueve una humanidad desprevenida. Constituye otro de los antecedentes que conducen a la ejecución inexplicable y sumaria de nuestro desdichado protagonista.

La figura refrescante de la Madre apenas se percibe, se desdibuja y deshilacha, al punto de suprimir el autor el capítulo en el que ella visita a Joseph K.

Sin embargo, esta excepcional novela, pese a su estado inconcluso, fragmentario y contingente, gana una extraordinaria y paradójica cohesión. No nos perdamos la lectura y relectura de esta obra maestra de la narrativa universal, pues el terrorismo de Estado propicia la esperanza airada de la ciudadanía disconforme.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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