La Piedra que era Cristo (Oveja Negra, 1984) de Miguel Otero Silva (1908-1985), además de significar una lectura apasionada del personaje histórico, es un Quinto Evangelio lírico y sorprendente, pues pareciera contradecir el humor procaz y corrosivo de Las Celestiales (1965). Por fortuna, se evidencia la pluralidad temática y estilística de un escritor que tenemos en altísima estima.

Edición de la novela La Piedra que era Cristo por la editorial Plaza y Janes

Nos hemos apropiado con morbo y placer de la incendiaria parodia del discurso católico que es “Las Celestiales”, con sus Santos asaeteados por la picante lengua popular, y la aproximación poética a la figura de Jesucristo vertida en el texto novelístico de La Piedra que era Cristo. Ambos libros no sólo refieren el espíritu rojo y ateo de su autor, sino el apetito descarado del artista por desmontar los discursos autorizados que sustentan el Poder vertical, mezquino y usurero que tritura sin clemencia a las mayorías.

Esta Biografía terrenal de Jesucristo, es un ejercicio de prosa transparente que se halla sazonado por una poética vitalista, erótica y humanista. Hay una reivindicación significativa a la figura de Juan el Bautista que cubre las primeras cincuenta páginas, para luego incorporarlo a una conversación de antología con Jesús de Nazaret: Esto es el río caudaloso hecho poesía [nos referimos a las parábolas] que crece gracias al afluente manifiesto en prosa profética que lo prefigura y proclama. Un episodio inolvidable de la novela nos muestra la cabeza cortada del profeta Juan, o “la testa decapitada de un caballo negro”, vapuleando al Poder abyecto que representa Herodes Antipas: Tus manos edificaron los torreones de un dominio ilusorio, cimentado sobre arenas de traición y engaño.

El escritor venezolano Miguel Otero Silva, autor de La Piedra que era Cristo

El tono histórico del texto no obvia la denuncia social de la profecía, ni el conceptismo aforístico de Salomón, ni mucho menos el aliento lírico de salmistas convulsivos como David. La plasticidad de las imágenes captadas de los evangelios y las visiones místicas de San Juan de la Cruz, se asimila naturalmente a la sensualidad desbocada de la Magdalena penitente o la cruda crueldad de La coronación de espinas de Tiziano.

Se nos antoja que en La Piedra que era Cristo, Otero Silva respeta los cuatro evangelios para reescribirlos en el marco de una discusión de ideas densa e inmediata, además de desarrollar un ejercicio escritural sobrio que elogia la lengua de los hombres.

El beso de Judas, grabado de Gustavo Doré

En “El Sermón de la Montaña”, la paráfrasis del texto bíblico muta en incrustaciones textuales que enriquecen a las mismísimas parábolas de Cristo, dada su grandiosa calidad poética y paradojal de raigambre humanística y no escolástica. Rescata la tolerancia, la autoestima, el amor al Otro y la inmediatez de un modo de vida religioso que se dirige a la divinidad tiernamente: “Es así, y no de otra manera, como le habla un niño a su padre”.

No te pierdas la película “El Evangelio según San Mateo” (1964) de Pier Paolo Pasolini

Por ejemplo, del duelo religioso y conversado entre Jesús y Nicodemo se concluye que los milagros no son artificios portentosos, ni trucos propagandísticos para evangelizar [ideologizar] compulsivamente; por el contrario, son metáforas susceptibles al diálogo con la Naturaleza, el entorno exterior y la confederación interior que nos mueve y sacude a diario en el Amor. La fidelidad a las cosas pequeñas y cotidianas, se hace extensiva a empresas trascendentales que pugnan por liberar al hombre de sus terrores, desmanes y cadenas autoimpuestas.

La Piedra que era Cristo de Miguel Otero Silva se suma al gran conjunto diverso de textos de ficción literaria que recrean una biografía posible del Nazareno, tales como “Nazarín” de Benito Pérez Galdós, “El Poder y la Gloria” de Graham Greene o “El Evangelio según Jesucristo” de José Saramago. Bien vale la pena una lectura apasionada, ecuménica y holística de esta personalidad que enaltece y dignifica a la Humanidad entera.

La novela de Saramago editada por Alfaguara

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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