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Generalmente pareciera que andamos a la carrera, con el ajetreo de la vida misma. Ese
apuro se ve reflejado en nuestra forma de ser y, por ende, en nuestro discurso diario.

 

Por esas extrañas maneras de hablar atravesado, la mayoría de las veces cometemos exabruptos que con el tiempo se van quedando en nuestra lengua y se naturalizan a tal punto que casi olvidamos que hay mejores y más sencillas maneras de expresarnos en nuestro propio español venezolano.

 

En este trajinar nos encontramos con muchos casos de mal emplear, por ejemplo, los pronombres posesivos, así como la frase que da título al artículo de hoy.

 

Repasemos algunas reglas y reflexionemos sobre nuestro accionar entonces.

 

Las normas están allí, nos gusten o no, para facilitarnos o complicarnos la vida en cuanto a gramática y ortografía se refiere. La intención es que hablemos bien, que nos hagamos entender. No somos policías del idioma, pero la idea tampoco es que mal hablemos indiscriminadamente.

 

Hay, principalmente, dos tipos de pronombres posesivos en español. Los primeros son los llamados pronombres adjetivos o adjetivos posesivos: “Mi(s)”, “tu(s)”, “su(s)”, “nuestro/a(s)” o “vuestro/ a(s)” para los españoles. Y los segundos son los pronombres posesivos, propiamente dichos: “Mío/a(s), “tuyo/a(s)”, “suyo/a(s)”, ambas clases de pronombres para atribuir pertenencia.

 

Si revisamos muy someramente sus usos, no debería haber mayor complicación. Pero la cuestión es que, en la praxis, esto no aplica y se complejiza más de lo debido.

 

Fácilmente, podemos ejemplificar diciendo: “Mi nombre es…”, “Tu casa es bonita”, “Sus padres están ocupados”, “Nuestra Patria Grande, como diría Bolívar…”, y no hay mayor problema con el carácter posesivo de los pronombres adjetivos.

 

Por la otra parte, tampoco hay mayor inconveniente a la hora de expresar pertenencia con los pronombres posesivos, como en los siguientes ejemplos: “Ese libro es mío”, “La razón parece tuya”, “Las naranjas son suyas”, para indicar pertenencia.

 

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Ahora bien, existe una extraña tendencia en el hablar popular nuestro venezolano de mal emplear tanto adjetivos posesivos como pronombres posesivos en oraciones simples, que solo requieren de construcciones más sencillas en sus complementos directos, indirectos o circunstanciales.

 

Recordemos entonces rápidamente la formación de este tipo de oraciones con frases preposicionales como complementos:

  • “La casa azul está al lado de la verde”
  •  “El profesor habla sobre historia”
  •  “Esta persona se burla de otra”

 

En esos casos antes descritos, cada particular oración, de acuerdo al verbo utilizado, necesita de una preposición para hacer la transición hacia el predicado. Por ejemplo, “estar” requiere del uso de “al” (a + el), “hablar” puede usar “sobre” y “burlar” se apoya en “de”, para no ahondar mucho en precisiones técnicas gramaticales.

 

Lo que nos lleva a preguntarnos y reflexionar: ¿Por qué es tan popular en la jerga criolla decir cosas como: “La señora que va al lado tuyo”, “Alguien habló mío”, “Ese muchacho está enamorado suyo”?, cuando todo se podría resolver diciendo: “La señora que va a tu lado”, “Alguien habló sobre/de mí (pronombre complementario) y “Ese muchacho está enamorado de ti”. Esto sin mencionar el famoso “de nosotros” en vez del tan apreciado, significativo, olvidado y casi en desuso “nuestra(o)”, que en una próxima entrega tocaremos.

 

 

Leonardo Melero/Lengua Curiosa/Ciudad VLC

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