RAMÓN TORO

ESTOY SEGURO de que el título de esta edición de Letras y Notas puso a pensar a más de un lector y a preguntarse –de no saberlo— ¿quién será esa estrella de la música considerada como el primer ídolo de multitudes latinoamericano?

 

Las interrogantes pueden ser varias ¿de qué género musical será, el Bolero, la Balada, la Ranchera, la Bossa  Nova, el Mambo o de eso que llamamos Salsa? ¿Será hombre o mujer?

 

Es posible que, de acuerdo a los gustos particulares de cada quien, se tenga un candidato o candidata ¿Será Benny Moré, Alfredo Sadel, Rita Montaner, Lucho Gatica, Pedro Infante? En fin, lo cierto es que ninguno de los mencionados tiene esa distinción indiscutible.

 

El 11 de diciembre de 1890 dicen que nació en Toulouse, Francia, ese gran personaje cuyo origen de nacimiento aún es una polémica y misterio, ya que también Uruguay se atribuye su procedencia y según unos años antes.

 

Carlos Gardel, quien casi de manera natural uno lo asume como argentino, es realmente el primer gran ídolo continental y el máximo exponente del Tango: Hay un antes y un después en el tango luego de la aparición de Gardel. El llamado “Morocho del Abasto”, cantante y actor, también causaba un furor enloquecedor, solo comparable al delirio que generaba el galán de origen italiano Rodolfo Valentino.

 

Carlos Gardel Ciudad VLC

 

Con una afinación considerada perfecta, según especialistas y admiradores de su trabajo, siempre la asociamos, lógicamente, a sus roles de cantante y actor, pero se comenta muy poco su faceta como compositor, y como muestra basta mencionar esa obra maestra tan versionada: El día que me quieras.

 

Gardel y Razzano le pusieron voz al tango

Así como el Danzón cubano en sus inicios era un ritmo instrumental y mucho después se le incorporó la voz para dar origen al Danzonete, siendo Barbarito Diez su mejor exponente (el llamado “Rey del Danzonete”), el Tango argentino en sus orígenes también era instrumental.

 

En el año 1917, el joven Carlos Gardel conformó un dúo con su amigo José Razzano y a partir de entonces se convirtieron en los primeros intérpretes del Tango cantado. Este ritmo, curiosamente, no se masificó, como sí ocurrió con muchos ritmos cubanos como la Guaracha, el Bolero y el Son, entre otros, a pesar de la idolatría que generó Gardel en su corta vida.

 

Se arraigó dicho ritmo, por supuesto, en Uruguay y Colombia, sobre todo en Medellín donde se tiene una marcada afición por el tango. También debe destacarse que con Gardel se rompió el molde, todos, o la mayoría de los tangueros, querían ser, cantar, vestir y hasta peinarse como él. Eso tal vez influyó en esa proyección, no tan arraigada ahora, en las sucesivas generaciones. Y Venezuela tampoco escapó a esa veneración desenfrenada por el Morocho del Abasto.

 

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Carlos Gardel es considerado el primer ídolo latinoamericano

 

El ídolo en Venezuela

Por aquí pasó y me atrevería a decir que la época de mayor furor del Tango en nuestro país fue en la primera mitad del siglo XX.

 

Gardel estuvo en Venezuela debido a que uno de sus más fervientes admiradores era el presidente Juan Vicente Gómez. Se presentó en la ciudad de Maracay, antes de visitar Valencia, en el año 1935. En el hotel Jardín, allá en Maracay, esperaba el presidente  Gómez la llegada de Carlos y, como era de esperarse, una multitud estaba conmocionada y ansiosa por ver, por lo menos, llegar a quien tanto amaban y solo habían escuchado por radio.

 

Ese mismo año, curiosamente, tanto el presidente Gómez como el idolatrado Gardel fallecieron. El poeta Aquiles Nazoa, con su agudeza y talento siempre demostrado, escribió:

Fue muy triste el año aquel

en junio, como se sabe

en un accidente grave

se mató Carlos Gardel.

Mas no todo es desengaño

junto a un mal siempre hay un bien:

en diciembre de aquel año

¡se murió Gómez también!

 

El 24 de junio de 1935, en un accidente de avión en Medellín, Colombia, falleció el mejor cantante de tangos de todos los tiempos. Y uno de nuestros máximos exponentes tanto del canto popular como lírico, Alfredo Sánchez Luna, por admiración a Gardel cambió su apellido dejando las dos primeras letras del apellido combinándolas con las tres últimas de su admirado GARDEL, y desde entonces se dio a conocer como ALFREDO SADEL.

 

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