tanathos 2.0/CiudadVLC

De nuevo entre nosotros la especulación necrofílica. Ese bendito gusto por la muerte, esa especie de enfermiza adoración del Tanathos, antítesis del Eros, aparece sin el menor atisbo de rubor cual animal carroñero en las llamadas redes sociales.

 

La lamentable muerte, valga la redundancia, del desafortunado capitán de fragata implicado en los recientemente frustrados planes de magnicidio y golpe de Estado, se convirtió en un triste y por demás condenable acontecimiento que parece alegrar a más de un opinador de oficio.

 

 

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Se pretende construir toda una doctrina a partir del fatídico evento.

 

 

Cagatintas on line que en otro tiempo abrazaron con fuerza el pensamiento marxista-leninista, e hicieron de él un bastión sacrosanto, desde el cual granjearon fama y prestigio como distinguidos intelectuales de izquierda, hoy se colocan en la acera de enfrente con argumentos tan banales como afirmar ser “chavista pero no madurista” o pertenecer al “chavismo originario”.

 

 

No se puede señalar la tortura como política de Estado 

Obviamente nadie discute la apremiante necesidad de condenar el deceso y establecer responsabilidades, pedir justicia expedita y “todo el peso de la ley” para los custodios del ex militar, pero no se puede a priori señalar a la tortura como una política de Estado.

 

Se ha pretendido configurar la tesis peregrina del Estado fallido, alimentado la idea del narco estado y el Estado terrorista, entre otros exabruptos tendientes a justificar la injerencia extranjera.

 

En este contexto de desinformación y manipulación de los hechos, dichas opiniones temerarias procuran colocar a Venezuela a la par de cualquier régimen fascista, perpetrador de crímenes de lesa humanidad, al estilo Pinochet u otras nefastas dictaduras militares del siglo pasado, las cuales atropellaron y violaron sin miramientos los DD.HH de sus connacionales bajo la égida del imperial Plan Cóndor.

 

La tortura y las ejecuciones extrajudiciales no forman parte de nuestra cultura política.

 

Infiltrados 

A nuestros funcionarios policiales y militares se les instruye en el uso proporcional y  diferenciado de la fuerza y quienes con su actuación manchan el uniforme y traicionan el juramento, forman parte de una minoría indigna, merecedora del desprecio colectivo. Amén de la permanente infiltración por parte de la ultraderecha fascista.

 

Pero, Venezuela no es el Haití de los “toton macoutes” de Duvalier, ni la Colombia de los falsos positivos; las fosas comunes y los hornos crematorios de Uribe Vélez en que algunos la añoran convertir.

 

Bien valdría la pena repasar nuestra idiosincrasia y ponderar con algún grado de objetividad nuestras características psicológicas e histórico geográficas, para examinar con suficiente objetividad informes como el de la señora Bachelet.

 

 

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Ciudad VLC/Ismael Noé

 

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