Es un hecho: las dos Coreas desfilarán juntas durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018, según acordaron la semana pasada y oficializaron hace apenas unas horas.

 

¿Podría ser este el principio del final de las tensas y conflictivas relaciones entre países hermanos? Nadie sabe con certeza, ya que se trata de la tercera vez que tal situación ocurre y los países siguen distanciados. Pero sin duda alguna, es un pequeño atisbo de luz en una caverna muy oscura que ha estado así desde hace muchos años.

 

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Las dos Coreas marcharon juntas en el desfile de inauguración bajo la misma bandera en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y Atenas 2004.

 

Aparte del desfile, el equipo femenino de hockey sobre hielo estará compuesto por atletas de ambos países: 23 jugadoras surcoreanas y 12 norcoreanas. Será la primera vez en unos Juegos Olímpicos que habrá un equipo unificado de ambas Coreas.

 

Pese a que la decisión tiene sus detractores como el entrenador del equipo de hockey -por temor a no lograr una medalla- el espíritu de la decisión se entiende: usar el deporte como excusa para generar un acercamiento entre ambas naciones.

 

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La surcoreana Lee Eun-ju y la norcoreana Hong Un-jong se toman una selfie en Rio 2016.

Mezclar política con deporte no es nuevo

Es algo similar a lo que ocurrió en el Mundial de Rugby de 1995 en Sudáfrica, cuando Nelson Mandela usó esa disciplina para acercar a blancos y negros, tras años de exclusión social y segregación racial propiciados por el racista régimen del Apartheid.

 

Los Springboks, el equipo de rugby tradicionalmente compuesto por blancos, dieron una gira por comunidades negras y pobres dando clínicas gratuitas durante el año previo al Mundial, con el capitán Francois Pienaar a la cabeza. Poco a poco, Mandela y el equipo iban consiguiendo el efecto anhelado.

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Mandela otorga el trofeo del Mundial a Pienaar luego de su pequeña “conspiración”.

 

Sudáfrica no partió como favorita en el torneo; esa distinción la ejercía la todopoderosa Nueva Zelanda. Como si se tratara de una película (que por supuesto salió finalmente con el nombre de Invictus), ambos equipos se encontraron en la final. El partido fue duro, muy duro. Fue gracias a un drop de Joel Stransky en tiempo extra lo que le dio la victoria (15-12) a los Springboks, triunfo que por cierto, todo el país celebró. Es posible que Kim Jong-un haya visto recientemente esa película.

Juha Arellano / Ciudad VLC

Corea del Norte ¿al diálogo con su vecina del sur?

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