Clásicos venezolanos (29): Simón Rodríguez se refiere a su obra “Sociedades Americanas” (1828), un ensayo imprescindible de nuestro canon literario. JCDN.

Simón Rodríguez es indubitablemente genio, figura y mito de la venezolanidad. No sólo por su discurso ensayístico que excedió su siglo, el romántico XIX, sino también por su personalidad anarquista patente en el imaginario literario nacional y latinoamericano.

Para muestra un abanico que comprende la novela “La isla de Robinson” de Arturo Uslar Pietri, la pieza teatral “Simón” de Isaac Chocrón e incluso antes con las memorias de otro rebelde y contemporáneo suyo como Fray Servando Teresa de Mier.

No obviamos ensayos por demás reveladores del mismo Uslar, Douglas Bohórquez y Juan Antonio Calzadilla.

Además de la audacia en la expresión y la argumentación de las ideas, el estilo contingente y experimental de a de veras, ajeno al exhibicionismo o –mejor todavía- aparentándolo, sacude al lector de hoy.

Una lectura pertinente de la obra de nuestro Samuel Robinson, a nivel escolar formal en todos los niveles, sigue siendo una deuda lúdica pendiente y –por qué no- permanente.

 

LA PROSA EXPERIMENTAL DE DON SIMÓN RODRÍGUEZ  

Simón Rodríguez

La prosa experimental de Don Simón, está enclavada en una poética del énfasis y el Decir diáfano a rin pelao.

El uso juguetón y desafiante de diversos tipos de letra o fuente, así como de las llaves [no nos parece antecedente de sosos mapas mentales], notas al pie y cambios bruscos de entonación, constituyen una fractura del pensamiento unidimensional.

Los giros ortográficos, semánticos y funcionales del discurso argumental, se suman al enriquecimiento integral [de forma y fondo] de la arquitectura escritural crítica como los laberintos dibujados por Piranesi, las cuadrículas de las ciudades coloniales e incluso la escalera de Jacob.

La escala de Jacob nos presenta ideas que suben y bajan en torno a la problemática de Nuestra América [en este caso las necias necesidades creadas por la sociedad colonial y universal], en el que lo religioso cede las pisadas peldaño a peldaño a lo libertario:

“¡¿Qué simple es el hombre que siente un placer en verse rodeado de sirvientes que no necesita, i que inventa necesidades para hacerse servir?! ¡¿i qué necio el que afecta disgusto de verse obligado a tener sirvientes, por el qué dirán si no los tiene!?

Se nos amontonan! Las Observaciones, si no las ordenamos:

pongámoslas en Escala,

i recorramos ésta, deteniéndonos en cada Escalón,

para reflexionar.

la Escala se divide en 4 partes –

1ª. Infrinjimos los Preceptos de la HUMANIDAD

2ª. Nos imponemos muchas PRIVACIONES

3ª. Nos hacemos muchos MALES

4ª. Nos PERVERTIMOS” (Rodríguez, 1982, pp. 130-131).

Como podemos observar con no poco asombro, el díscolo maestro de América expone sin atenuantes una psicopatología del Poder [colonial y universal] enclavada en la alienación, mucho antes que Karl Marx y Wilhem Reich.

No se trata, pues, de un “viajado” del futuro, sino de un brillante pensador anarquista sin pretenderlo.

La ciudadanía americana en la que creía Rodríguez, ultrapasaba a los enciclopedistas y los operadores políticos de la Revolución Francesa [entre perseguidos por la Inquisición y víctimas / victimarios de la guillotina]:

“quieren vivir

SIN REYES i SIN CONGRESOS,

no quieren tener

AMOS ni TUTORES

quieren ser dueños

de sus personas, de sus bienes i de su voluntad;

sin que por eso entiendan

vivir como ANIMALES FEROCES,

(que es lo que suponen los defensores del absolutismo manifiesto o paliado)(pp. 128-129).

SUBJETIVIDAD TRÉMULA Y PARADÓJICA DEL ENSAYO LITERARIO AUTÉNTICO

El inocultable egotismo de nuestro polémico autor, no es gratuito sino producto espontáneo y pensado de la subjetividad trémula y paradójica del ensayo literario auténtico.

Luego de no amenazar con el quejumbroso discurso egocéntrico de los escritores de su siglo, Rodríguez apela a la atención y la mentalidad abierta del lector.

Para Simón Rodríguez, no hay economía social sin educación popular.

Se trata de formar ciudadanos que aprehendan el mundo con palabras vivas, esto es un proceso educativo anti-retórico y dialógico que posibilite convertir la Palabra en acciones de construcción social.

El ciudadano cataría con placer el conocimiento para hacer cosas en su provecho [y en el de su prójimo] como miembro libre de la república soberana.

El referente culto va de la mano con la expresión popular en un solo golpe: Relaciona Roma salvada por el graznido de sus gansos, “mientras sus soldados dormían a pierna tendida”, con el proceso de independencia en América del Sur: “Perdone el lector la distracción: -las Relaciones arrastran, con tanta más fuerza, cuanto más íntimas son.

La suerte de mis compatriotas

      me llevó al PATRIOTISMO

                          el patriotismo a NAPOLEON

                                                         Napoleón a BOLIVAR

                                                                                 Bolívar a Venezuela” (p.123).

La Historia comparada se salva con la transparencia del discurso accesible a la ciudadanía de a pie que atravesó con Bolívar el paso de los Andes para triunfar en Boyacá.

Más adelante es inequívoca la vindicación del oprimido en pos de su liberación interior, épica y verdadera: “dejen dar Ideas Sociales a la Jente Pobre” (p. 125).

 

Simón Rodríguez

LA IRONÍA, LA SÁTIRA Y EL RETRUÉCANO DE SIMÓN RODRÍGUEZ

El conservadurismo y el culto por el dinero son trizados sin miramientos por el uso personalísimo que Don Simón le da a recursos como la ironía, la sátira y el retruécano, lo cual le emparenta con un gigante de la lengua como Francisco de Quevedo.

Si bien Simón Rodríguez escandalizó al clero cuando propuso la “descristianización” de la novísima república de Bolivia, exceso propio de todo loco egregio, aquí apunta por momentos a una teología de la liberación solapada [lo cual lo asocia con Juan Germán Roscio]: “Servirse del nombre de Dios, para respaldar injusticias, // es BLASFEMIA” (p. 132).

También tenemos la parodia del Rosario y de las letanías para tratar con cruel sarcasmo el discurso y la praxis de la cultura mercachifle: “Viva el COMERCIO! fuente de toda PROSPERIDAD!” (p. 143) sería el estribillo final políticamente correcto mientras azotan a un descamisado por el hecho de robarse un pan como el Jean Valjean de Víctor Hugo.

Eludiendo con crítica demoledora la costumbre muy venezolana del buen diagnóstico pero infame farmacopea de las enfermedades de la república [“Se cura? …..o…..se Deshaucia?” (p. 145)], el autor se atreve hoy a proponer un modelo solución al desmadre de la República petrolera que data de 1908 [Gómez y sus concesiones gringas que desbancaron a la venezolana “Petrolia del Táchira”]:

“Dónde iremos a buscar modelos? …

-La América Española es orijinal = ORIJINALES han de ser sus Instituciones i su Gobierno = i ORIJINALES los medios de fundar uno i otro.

o Inventamos o Erramos.” (p. 151).

“Inventar o Errar” no se refiere al método de ensayo y error, ni es frase aislada del contexto que está confinada a una vil fraseología hueca e ideologizada [esto es catafalco propicio para el culto soso de la personalidad caudillista de ocasión]. Por fortuna, en verdad os lo dice Simón Rodríguez o Samuel Robinson, el riesgo creativo encarna la osadía lúdica del bien pensar impenitente en el Decir y la acción cívica libertaria.

BIBLIOGRAFÍA

Rodríguez, Simón (1982). Inventamos o erramos. Prólogo y selección de Dardeo Cúneo. Caracas: Monte Ávila Editores.

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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