Jutta Höhn no olvidará con facilidad ese día. La verdad es que su hijo sólo quería construir un estacionamiento frente a la casa, en Klessin, un pueblito a orillas del Oder, cerca de la frontera con Polonia.

 

Pero cuando el joven comenzó a excavar, empezaron a salir, primero, municiones de la Segunda Guerra Mundial y, después, también huesos. Ahora Jutta Höhn se apoya en su cerca y mira hacia un pozo en el que se hallan los restos de ocho soldados.

 

Se distinguen con claridad cráneos, huesos, restos de cascos y botas. «Son muchos”, dice. «¿Quién podría esperar algo así?”.

 

Dura batalla al final de la guerra

Abajo, en el hoyo, Werner Schulz se inclina sobre los restos, les quita cuidadosamente la tierra con un cepillo y documenta cada detalle del hallazgo. Schulz trabaja para la Asociación para la Recuperación de Caídos en Europa del Este.

 

«Son soldados alemanes, lo sé por los cascos y las placas de identificación”, explica.

 

El sitio del hallazgo no deja de crecer. Unos metros más allá el equipo de excavación encuentra otros cuatro cadáveres, también entre la casa de la familia Höhn y la calle.

 

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Los voluntarios recuperan de las profundidades anillos de matrimonio y otras pertenencias que ayudarán a identificar los cuerpos.

Nadie sabe con exactitud cuántos muertos esconde aún la tierra de Klessin. Por esta zona los soldados del Ejército Rojo cruzaron el río Oder en el invierno de 1945 para enfilar rumbo a Berlín.

 

El Ejército alemán opuso una resistencia feroz, desatándose duros combates durante semanas.

 

En ningún otro lugar la lucha fue tan larga como en Klessin. Los soldados alemanes se refugiaron en el castillo, donde resistieron tanto como pudieron. «Si cae Klessin, cae Berlín”, era el mantra que repetían los oficiales de la Wehrmacht.

 

Al final del castillo solo quedó un cerro de escombros, y el pueblo fue destruido en su totalidad.

Las bajas de ambos bandos quedaron dentro de las trincheras o a la intemperie, y sólo algunos fueron enterrados en fosas comunes. Donde alguna vez estuvo el castillo hoy crecen pasto y árboles. Ahora los vecinos quieren erigir en el lugar un memorial.

Los restos fueron encontrados en una excavación de una casa

Perdidos en la guerra

Tras el fin de la guerra, miles de personas esperaron en vano noticias de sus hijos, padres o hermanos que habían combatido en el Oder.

 

El que hoy exista la esperanza de que la suerte de algunos de ellos pueda finalmente ser establecida es solo gracias a la Asociación para la Recuperación de Caídos en Europa del Este. Desde 2009 los voluntarios buscan sin descanso, apoyados por una pequeña excavadora, palas y sondas.

 

Dos veces al año cavan durante una semana en lugares donde solían estar las trincheras durante los combates. «Hemos removido muchísima tierra y abierto varios kilómetros de zanjas”, dice Albrecht Laue, quien coordina los equipos de búsqueda. «Hasta la fecha hemos encontrado 120 soldados alemanes y 100 soviéticos”.

 

«Servir a los vivos”

Para encontrar posibles sitios con tumbas, los expertos se valen de informes de testigos, fotografías aéreas antiguas y la ayuda de historiadores. La zona frente a la casa de Jutta Höhn estaba en la lista de sitios posibles: un año después del fin de la guerra, un pastor pasó por Klessin y vio las tumbas, cuya ubicación bosquejó en una carta.

 

«Klessin está totalmente destruido”, escribió, advirtiendo que «la zona está minada”.

 

Una copia de esa carta está en manos de Laue. Para él, buscar a los soldados muertos es «un servicio para los que siguen vivos”, para que al final tengan certezas sobre el destino de sus familiares. Un deseo que sigue vigente hoy, 74 años después del fin de la guerra.

 

El mismo Laue quiere saber qué pasó con su abuelo, que cayó luchando en Rusia. Este hombre de 45 años de Hamburgo lidera esta asociación, que tiene contactos también a nivel internacional.

 

En la búsqueda colaboran voluntarios de Rusia, Polonia y otros países. «Si no lo hacemos nosotros, ¿entonces quién?”, pregunta el moscovita Anton Togashow, quien condujo en su auto la larga distancia entre la capital rusa y Klessin para ayudar en la operación.

Los jóvenes le dan una digna sepultura a estos combatientes de la II Guerra Mundial

 

Los familiares siguen esperando

Cuán grande es la dimensión del trabajo que acá se realiza se puede ver en una pequeña sala ubicada cerca de la zona de excavación. Allí Lara Indra ordena los huesos que se han encontrado hasta ahora. Esta suiza invierte el tiempo de sus vacaciones para ayudar en Klessin.

 

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En la medida de lo posible, esta antropóloga de 23 años vuelve a montar los esqueletos, determina el sexo y la edad aproximada de los soldados, así como eventuales heridas. Todos estos datos pueden ayudar a identificarlos. «Muchos de los descendientes de estas personas están vivas y quieren saber qué pasó con sus seres queridos”, afirma.

 

La documentación de los hallazgos es enviada a los Archivos Federales de Berlín, que tiene listas de personas desaparecidas en la Segunda Guerra Mundial y que puede informar a los familiares, en caso de ser necesario.

 

Esta vez los voluntarios han desenterrado a 15 alemanes y un ruso en Klessin. No siempre se puede establecer la identidad de los muertos. Pero al menos todos ellos son enterrados como corresponde en cementerios militares.

 

Danilo González / Ciudad VLC / DW

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