Aquiles Nazoa

Biografías Portátiles (36): Aquiles Nazoa es una aproximación biográfica del bien llamado y, por supuesto, mejor amado Ruiseñor de Catuche. JCDN.

Aquiles Nazoa (Caracas, 1920-Maracay, 1976) fue uno de los visitantes más notables de Valencia, la de Venezuela, junto a Andrés Mariño Palacio, José Manuel Briceño Guerrero, William Faulkner y Ernesto Cardenal.

Iba y venía en su vehículo hasta que se estrelló en la autopista regional del centro el año 1976.

Merecía más bien un embotellamiento descocado como el que Julio Cortázar nos describe en el cuento “La autopista del sur”, o una cola interminable para avituallarse de gasolina hoy.

Seguramente exorcizaría el calor y el tedio de conductores y pasajeros, a través de un poema o una obra teatral de un acto presididos por un humor sin igual y restaurador.

Aquiles Nazoa

Aquiles, más que polígrafo sobrenatural y prolífico, es todavía un poeta popular auténtico que picaría caucho con su colega Andrés Eloy Blanco en la carretera poética del Decir, inmediata, social e insobornable.

Nos contaba Laura Antillano que la Casa de los Nazoa era el imperio mismo de la imaginación desbordada a la altura del Barón Münchhausen.

Performer de lo más natural, la había acompañado varias veces en el oficio titiritero como coautor y fabuloso actor.

El humorismo de Aquiles Nazoa, de raigambre popular y universal a la vez, además de crítico, se transformaba en lanza de lo más aguda y desmitificadora para poner al mundo patas arriba.

Prevalece en su quehacer humorístico el triunfo de la presencia de conciencia y de ánimo afín al cambio social.

Claro está, la sazón es picante y dulce al punto, como corresponde a nuestra gastronomía mestiza.

Lamentablemente, se perdieron los video tapes de su programa televisivo “Las cosas más sencillas”, discurso heterodoxo audiovisual que convocaba la crónica caraqueña chispeante y sin miramientos, la inventiva popular, y especialmente la poesía para niños, chamos y adultos-niños.

Las muñecas de trapo de Aquiles conversan con las de Armando Reverón en una tarde de café bien cargado.

Entre sus libros, tenemos los poemarios

  • El ruiseñor de Catuche (1950),
  • Caperucita criolla (1955)
  • El burro flautista (1958) y
  • Poesías costumbristas, humorísticas y festivas (1962)
  • El de crónicas Caracas física y espiritual (1970)
  • Su fabulosa Vida privada de las muñecas de trapo (1975)
  • Y el clásico popular venezolano por naturaleza Humor y Amor de Aquiles Nazoa (1962), volumen que integraba las bibliotecas de muchos hogares venezolanos al igual que Billo rasguñado con cariño por las agujas de los pick up.

Es menester revisitarlo, más allá de su Centenario: Nos despejaría las piedras inoportunas del camino con la agudeza del humor y el amor por el país de verdad.

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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