Julio Garmendia

Clásicos Venezolanos (28): Julio Garmendia es un comentario a su libro de cuentos “La Tienda de Muñecos”, publicado en París por Editorial Excelsior el año 1927. JCDN.

No cabe ninguna duda que Don Julio Garmendia es uno de los más notables antecedentes del Relato Fantástico en América Latina.

No sólo por su ubicación contracultural en el tiempo y en el espacio, sino por la calidad asombrosa de su muy concentrada obra cuentística.

Este simpático, austero y silencioso habitante de las viejas pensiones caraqueñas [así eran los hoteles de entonces], granjea de inmediato la complicidad de los lectores sin mediar los diques generacionales.

Por ejemplo, Garmendia fluye cómplice en la novela femenina de Sol Linares, “Percusión y Tomate”, un estupendo relato picaresco de casa de vecindad.

Bien nos lo manifiesta Domingo Miliani con asertividad crítica: “Si hoy hubiera necesidad ineludible de filiar a Julio Garmendia, por sus concepciones, lo hallaríamos seguramente más próximo al grupo de narradores que arranca de Roberto Arlt y Felisberto Hernández, para desembocar en Borges” (p. 106).

A tal respecto, añadimos la obra cuentística de su tocayo Julio Cortázar: Ambos hacen gala de un sentido del humor urticante y al punto pleno de una auténtica ternura. “El cuento ficticio” del venezolano, tiene como derivación cómplice los cronopios y famas del polígrafo argentino.

Precisamente, la virtud dupla de Julio Garmendia estriba en su universalidad [sin perder su aliño local picante] y, sobre todo, la dificultad que tienen los academicistas y profesores inflados como sapos modernistas en clasificarlo.

Publicado en París el año 1927, el breve volumen de cuentos fue contemporáneo del también brillante e hiperrealista “Cuentos Grotescos” (1922) de José Rafael Pocaterra.

Está integrado, en un todo para nada absoluto sino harto elástico, por ocho estupendas muestras breves del género.

Julio Garmendia

“La Tienda de Muñecos”, cuento de inicio y homónimo del libro, es un extraño texto picaresco que alcanza la perfección.

El orden riguroso de la juguetería anticuada, como en compartimientos estancos, remeda con un cinismo sin par [por lo apenas perceptible] el país en la época totalitaria de Juan Vicente Gómez y el fascismo europeo.

El humorismo inteligente y crítico de Julio Garmendia

Julio Garmendia estuvo varios años fuera del país, entre 1923 y 1940. Consciente del sin sentido fascista, suponemos que el nuestro imaginaría una ofensiva de enaguas voladoras kamikazes cayéndole en el cogote a Hitler y Mussolini para sabotear mítines multitudinarios.

El humorismo inteligente y crítico, nos remite al diagnóstico y la autopsia de la sociedad disfuncional venezolana de ese entonces.

El padrino, de quien el protagonista y relator heredaría la tienda, pontifica en torno a los soldados de plomo:

“-A estos guerreros les debemos largas horas de paz. Nos han dado buenas utilidades. Vender ejércitos es un negocio pingüe” (p. 31). El retrato agridulce con más carga de papelón que de amargo de Angostura, desmonta tanto la nación-campamento militar como la Paz romana que ella misma impone, ello con una gracia expresiva envidiable.

El minimalismo espacial, temporal y objetual, se extrapola al contexto histórico sin rimbombancias historiográficas ni el estrépito épico de románticos o realistas.

Los personajes tristes del abuelo, el padrino y el afeminado Heriberto, paradójicamente nos hablan más de ese momento político que la prensa oficial y opositora a Gómez.

Las relaciones afectivas de poder dentro de la tienda así lo confirman. El heredero recibió su educación en el oficio desde niño, ello en la represión del deseo de jugar con los muñecos o, peor aún, la mercancía de felpa, trapo o madera.

Julio Garmendia

La realidad es invadida por lo fantástico

Lo que podría ser un cuadro costumbrista de los oficios, evoluciona con un pulso seguro y desmitificador en un relato en el que la realidad es invadida por lo fantástico.

Los muñecos cobran vida para desenvolverse en el orden disciplinario impartido por los dueños de la tienda. El protagonista asiste la agonía del padrino, trayendo al catre mortuorio al médico, el sacerdote y las enfermeras de juguete.

Muerto el padre putativo y benemérito, el actor protagonista y relator restituye el orden en su pequeño imperio de muñecos entrecortando la plañidera histeria gay de Heriberto, ello sin enjugar ni sudor ni lágrimas:

“Me desasí de él sin violencia, y señalándole con el dedo el sacerdote, el feo doctor, las blancas enfermeras, muñecos en desorden en el lecho, le hice señas de que los pusiera en sus puestos…” (p. 32). El Poder es insomne, pues apuesta a su permanencia.

“El cuento ficticio”, valga el pleonasmo deliberado, es un discurso meta-poético fantástico y puro en el Decir que se vale del Manifiesto Literario parodiado.

No apunta a declaraciones de principios ni al parricidio literario. Subyace una burla a ese género literario tesista y teorético.

La reformulación, más que simple revisita, del relato fantástico apela a sus códigos históricos, estructurales y tipológicos [el cuento de hadas, las aventuras caballerescas] para simular un aire romántico descocado que trae consigo una reacción libertaria respecto a la literatura y al contexto por recrear.

La fluencia del Quijotismo se renueva en la transparencia expresiva extrema que revelará la abyecta chatura del realismo a secas.

Nos parece el cuento una anti-plantilla literaria inmediata que dialoga con el barroco y el humor contundente de El Barón de Münchhausen.

El raciocinio positivista, por demás fetichista, se convierte en el guiñapo fúnebre y medieval a irrespetar y hacer trizas.

Las obras de Julio Garmendia

“El Alma” fue el relato favorito del crítico Jesús Semprún en el libro, pues nos presenta un Diablo humanizado y, si se quiere, simpático que negocia el alma del protagonista relator.

La tentación de Cristo hombre se transfigura en la compra-venta espiritual en la buhardilla. La fabulación es el instrumento que se esgrime contra el amigable demonio.

“El cuarto de los duendes” nos revela Otra Realidad que antecede a la del brujo yaqui Don Juan de Carlos Castaneda.

El trance místico del protagonista se asimila al delirium tremens en la soledad de la habitación. Los duendes del campo invaden la urbe con impunidad. Destacamos la adjetivación puntual en la prosa expedita y diáfana.

“Narración de las nubes”, pequeña noveleta en seis capítulos, pareciera un relato cortazariano: Se vale de la imaginería surrealista y erótica, por vía de la ensoñación, volcada en una escritura clara y poética.

La guerra de nubes y olorosas enaguas implica una crítica a la intolerancia religiosa y el cuadro clínico subyacente del delirio religioso.

“El librero” nos reivindica a este custodio de la ficción en la realidad. En la librería escondida y antigua, bello universo objetual, no sólo se reivindica a la literatura como recreación desenfadada del mundo, sino también en tanto espacio atemporal que salvaguarda el fondo total, contingente y emotivo que guardan los libros bien amados.

“La realidad circundante” es un texto precursor de la Ciencia Ficción venezolana, tal como lo considera el crítico cubano-venezolano Julio Miranda.

Julio Garmendia

Un Quijote escritor, sin yelmo ni escafandra, cuestiona la adaptación artificial al mundo, desde el nombre largo, cientificista y funcional del aparato que la posibilita:

“Capacidad artificial especial para adaptarse incontinenti a las condiciones de existencia, al medio ambiente y a la realidad circundante” (p. 73). El artefacto haría las delicias de Kafka, un pisapapeles que sirve para quebrar vidrieras fatuas.

Finalmente, “El difunto yo”, cuento paralelo y coetáneo de la obra de Kafka, ronda la perfección. Es uno de nuestros preferidos de todos los tiempos a nivel universal.

La escisión de Andrés Erre es tragicómica y peripatética en extremo. Míster Hyde se sale con la suya para tribulación y crujir de dientes del ciudadano suicida.

 

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BIBLIOGRAFÍA
Garmendia, Julio (1980). La Tienda de Muñecos. Caracas: Monte Ávila Editores.
José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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