El Decir poético de Nicaragua: Otro referente nuestro e indispensable.

El mal que nos hiciste, ¡oh, maestro!

Porque en tus filosofías de culebra

guindadas de unas ramas nos dejaste tus mudas

que vistieron después los papanatas.

Manolo Cuadra: A Don Rubén Darío.

Hay elementos, si se quiere, dispares que me vinculan con Nicaragua: Alexis Argüello y su imperio boxístico; la paradójica épica sin par de Augusto César Sandino; el juego perfecto del pitcher Dennis Martínez en las Grandes Ligas; el intervalo que comprendió el aniquilamiento físico y poético del alfa y el omega de los Somoza, Tacho y Tachito, cadáver exquisito diseccionado por Rigoberto López y José Mendoza.

También evoco la belleza de Bianca Jagger al borde de la psicodelia, amén del corajudo corazón de Roberto Clemente que secuestraron las ninfas del Mar Caribe, en un acto de repudio al vil latrocinio de Anastasio Somoza Debayle.

Por supuesto, mi amor por Nicaragua se afinca en su literatura: la musicalidad maravillosa de Rubén Darío; la apología a la patria y la poesía nica que es aún Castigo Divino de Sergio Ramírez, muy a pesar de los desencuentros disfuncionales de la familia.

Las vitalísimas y descarnadas confesiones de Don Abelardo Cuadra en Hombre del Caribe y, en especial, la poesía conversada de Ernesto Cardenal, Joaquín Pasos, José Coronel Urtecho, Manolo Cuadra y Pablo Antonio Cuadra, entre otras voces del Decir que nos conmueven y contentan.

Bien nos lo canta Fito Páez: Yo te amé en Nicaragua / con el cielo en el mar / ardió todo Managua / no recuerdo más. / Una chica en La Habana / no paraba de hablar / fue amante de Guevara / una amante más, la lírica envuelta en una cadencia funk del rock porteño.

La poesía nicaragüense tiene dos puntos de referencia: Rubén Darío y Augusto César Sandino. Se trata entonces de encarar o fijar posición respecto al influjo poético del primero, el “paisano inevitable” según Coronel Urtecho, y la propuesta libertaria y antiimperialista del segundo (tomemos este testimonio profético de nuestro Rafael de Nogales Méndez: Conociendo a Sandino como lo conozco, estoy convencido de que continuará combatiendo por sus ideales hasta que lo maten. Y después de eso, tomando en cuenta su popularidad tremenda y la marca indeleble que su personalidad deja donde quiera que va, estoy seguro de que algún otro –FSLN, apuntamos nosotros por supuesto- reanudará la lucha).

La muerte de Darío en 1916 y del Modernismo poco tiempo después, además de la brutal intervención norteamericana en Nicaragua, motivaron una inmediata e inequívoca respuesta poética: el Movimiento de Vanguardia, encabezado por Pablo Antonio Cuadra.

Fiel a su Autorretrato, distante eso sí del parricidio, él mismo lo confiesa a Floriano Martins: (Darío) Influye en mí como maestro: lo que trato de aprender de él es su oficio; el antidarismo inicial de la vanguardia fue fecundo: nos permitió alejarnos de Rubén para no imitarlo, pero sin perderlo de vista para poder continuarlo.

La búsqueda es por partida doble, lo nuevo y lo viejo conducen a la expresión viva de su tiempo, de su mundo y de sí mismo. El poeta es el guardián y continuador del germen revolucionario de los imprescindibles Clásicos.

Si revisamos Flor y Canto, antología de poesía nicaragüense cuyo curador es Ernesto Cardenal, descubriremos que Pablo Antonio Cuadra compone cantos épicos desmitologizados: El Decir es conversado, no prosaico, pues nuestra lengua constituye una preciosa encrucijada de hablas.

El habla del campesino no amerita cultas estridencias, pues trae consigo el paladinismo febril de los conquistadores, la musicalidad del Romancero y la mitología indígena fundida al paisaje americano.

El verso largo va a la par de las crónicas bíblicas, extenuante peregrinación en pos de la Utopía, si se quiere, un estado de gracia o de extrañamiento que colinda con el exilio.

Lo cual implica una postura política liberadora: Por eso Hispanoamérica hace su historia dando bandazos entre la Utopía y el Exilio. La poesía de Pablo Antonio Cuadra posee un sentido histórico inquebrantable: Nicaragua surge a la historia como tierra umbilical, como centro de cruce y tránsito de rutas geográficas e influencias culturales (…) Colón, Hernán Cortés, Contreras, los piratas, Walker, Rafaela Herrera, Estrada, los yanquis, Rubén, Sandino han actuado bajo la influencia neocultural de este “Umbilicus mundi”.

Por ejemplo, en “La pirámide de Quetzalcóatl”, la mixturización del discurso indígena precolombino y la homilía católica ascienden peldaño a peldaño, para emparentar la Guerra Florida con la homicida estirpe de los Somoza: “Sangre en el sexto escalón. / Yo dormía con fiebre cuando penetraron. / Injurias me despertaron a la orilla de la cama. / -Mirad- dijeron / allí duerme el soñador, / matémosle, / así veremos de qué le sirven sus sueños”.

“El viejo motor de aeroplano” es una crónica inmediata que vindica la lucha armada sandinista; la guerrilla derriba un avión gringo convirtiéndolo en botín de guerra obsequiado al campesinado: Sólo tú –guerrillero- con tu inquieta lealtad a los aires nativos / centinela desde el alba en las altas vigilias del ocote / guardarás para el canto esta historia perdida.

“Juana Fonseca” y “Catalino Flores” son ejercicios elegíacos de singular belleza, se fundamentan en la solidaridad y contristación con el Otro: Ambos personajes forman parte del martirologio latinoamericano, acompañando costilla a costilla a Sandino, Allende y al Che Guevara.

“Las bodas de Cifar”, sin duda una obra maestra, implica la búsqueda de Ulises antes de ser recreado por Homero: Se lo relaciona con los marineros que navegan y dialogan con el Gran Lago de Nicaragua. Ensaya el poeta: El misterio de las islas y de las aguas, las condiciones del hombre que navega en los peligros de las olas, de los vientos y las distancias, producen en todas partes mitos y temas de literatura popular similares.

En este caso, destaca el matrimonio amoroso y ardiente de lo culto y lo popular, síntoma de la compulsividad expresiva de la Poesía del Decir. Excede los compartimientos estancos de los ismos y las escuelas literarias esterilizados por críticos academicistas y burócratas displicentes.

Canta el ojo salvaje y mal pensante (en lo políticamente incorrecto): -“Está el lago cebado / la lancha es virgen / y la mujer doncella” / (…) / Tumbé a Ubaldina aterrada / y más que el amor / las olas me ayudaron. / Después abrí la escota / saqué el brazo / y tiré el velo a las aguas. / (Así engendré a Rugel / tan duro en los peligros / pero débil con las hembras).

¿Se revisita el rapto de Helena de Troya por Paris en la barriga de Argos? Coincidimos con Luis Alberto Angulo en que la Poesía del Decir es de fácil lectura y difícil composición escritural: su inteligibilidad, precisamente, proviene de su complejidad semántica y sintáctica que se esconde detrás del texto transparente y brillante.

No podemos, obviamente, dejar de hablar de la categoría acuñada por José Coronel Urtecho y propagada en comandita con Ernesto Cardenal: la Poesía Exteriorista.

Como lo reconoce Cardenal, este afortunado término fue producto de la lectura y traducción de  poetas norteamericanos tales como Ezra Pound, Walt Whitman, Emily Dickinson (la cual ha sido vinculada con nuestra Enriqueta Arvelo Larriva), William Carlos Williams, Elizabeth Bishop y T.S. Eliot.

No en balde sus sinónimos (objetivista, concretista, coloquial, conversacional o anti-poesía), abreva en las dulcísimas aguas de la Poesía de todos los tiempos.

He aquí una definición diáfana que aborda inmediatamente su misma esencia: Es una poesía hecha con claridad, las más de las veces. Y también es una poesía escrita muy frecuentemente con el lenguaje en que se habla.

Más adelante, seguimos refiriéndonos a l prólogo de Flor y Canto de Ernesto Cardenal, se establece con precisión conceptual que la Poesía Exteriorista no pretende ser una nueva tendencia literaria  ni otra fútil etiqueta crítica.

Por el contrario, representa una significativa relectura y creativa revisita a uno de los caminos esenciales de la poesía universal: esto es la Poesía del Decir, tal como nosotros insistimos en la terquedad típica de los majaderos, de sábado a sábado sin reposo posible.

Nos lo ratifica este discípulo de Thomas Merton: El máximo exponente de la poesía exteriorista en la época moderna, naturalmente, es Walt Whitman, pero la inspiración de esta poesía él la tomó de Homero y de la Biblia.

 José Coronel Urtecho (1906-1994) fundó con Luis Alberto Cabrales el movimiento de la Vanguardia, al cual se integrarían después Pablo Antonio Cuadra (1912-2002) y Joaquín Pasos (1914-1947).

Entre sus libros destacan Antología de la poesía norteamericana en coautoría con Ernesto Cardenal (1963; 2007, el perro y la rana), Poesía reunida (1970), Paneles de Infierno (1981), Prosa reunida (1985), Conversaciones con Carlos (1986) y  Conversaciones sobre libros (1994).

No obstante su condición de figura tutelar del exteriorismo, encontramos en su poesía experimentos transgenéricos y formales que desbordan el ingenio poético:

Qué decir del discurso intercultural a la inversa que es “Discurso sobre Azorín para ser traducido en lengua náhuatl”, el cual se desparrama en una epístola a Jesús Maravilla, indígena y obrero de Chinandega, para luego trocarse en canción a dos manos, El Popol Vuh de vuestros padres puesto en palabras / de Azorín para vosotros, oh hijos míos / era España otra vez, sin palabras de más, en pocas líneas.

“Ciudad Quesada” es una crónica estadística, topográfica y sociológica cuyo discurso objetivista está sazonado por un verbo bíblico y fundacional: En ese tiempo los indios guatusos eran tirados como venados por los huleros nicaragüenses que merodeaban en la frontera.

Recomendamos la lectura lúdica de “Pequeña biografía de mi mujer”, extenso texto que reivindica el matriarcado en América Latina en una tonalidad telúrica y solar: No se trabaja allí por amor al trabajo / Nadie trabaja por amor / Ella trabaja siempre con amor porque trabaja sólo por amor / Es decir, su trabajo es un acto de amor. Estos tres casos exhiben la convivencia impune del verso y la prosa en el texto poético.

 Joaquín Pasos no llegó a publicar en vida libro alguno. En 1947 se publicó una antología poética, “Breve suma”; “Poemas de un joven” (F.C.E., 1962), constituye su obra poética completa y “Prosas de un joven” (1995) contiene en dos tomos su obra en prosa.

Junto a Coronel Urtecho patentó la poesía chinfónica, rama del exteriorismo de corte popular y humorístico. “Desocupación pronta, y si es necesario violenta” es un texto comprometido en lo político y lo poético, pues la arenga supera los slogans vacíos para ratificar la apropiación del terruño que embarga los sentidos: Váyanse, váyanse, váyanse, / váyanse, váyanse, yankees. / Esta es tierra con perfume sólo para nosotros. / (…) Váyanse, váyanse, váyanse. / ¡VÁYANSE! / En este ambiente está el alma de un pueblo / cuyo fondo de belleza no se os puede tirar con un ticket como objeto de turismo.

Lo cual evoca orejas nicas cortadas ayer e imágenes de prisioneros iraquíes torturados y vejados recién, tomadas por el brutal morbo marine de siempre.

“El indio echado”, por otra parte, nos reclama la abulia del indio y el pardaje respecto a la asunción de la conciencia de clase y la ulterior participación revolucionaria que revierta la explotación: Que llamen a otros para que les cuenten cómo es esto. / Que llamen a mis hijos, a mis lindos hijos / a quienes dejo, antes de morir, mi más cariñoso bostezo.

“Canto de guerra de las cosas” es un largo y extraordinario poema que conjuga la belleza expresiva, el compromiso político y el drama humano, estremecidos el cuerpo y el alma a fuer de la angustia y la agonía que nos desangran: Somos la orquídea de acero, / florecimos en la trinchera como el moho sobre el filo de la espada, / somos una vegetación de sangre, / somos la muerte recién podada / que florecerá muertes y más muertes hasta hacer un inmenso jardín de muertes. Versos vecinos a la poesía escrita por Miguel Hernández en el fragor de la Guerra Civil Española.

También tenemos, gracias a la variedad estilística de la poesía nicaragüense contemporánea, el trío de oro de la poesía postdariana: Azarías Pallais, Alfonso Cortés y Salomón de la Selva.

El sacerdote Pallais (1885-1954), afirma Ernesto Cardenal, Era una mezcla de Francisco de Asís y Frances Jammes, gótico y moderno: esto es un militante del modo de vida cristiano y de la poesía aferrada a la vida misma.

Contraponía la atmósfera mística medieval al capitalismo salvaje del momento: El blanco siglo trece: San Francisco de Asís, / el hermano de todas las criaturas; San Luis, // el que pudo ser justo sobre un trono de reyes: / en el poder, los hombres, se burlan de las leyes. // (…) // ¡Azul y blanco: Patria, me dice tu bandera, / morirá la nefanda loba filibustera! // Y al decir Nicaragua, la Leyenda Dorada / parece golondrina por el tiempo enjaulada.

Este reverendo vanguardista pica el texto en estrofas de dos versos, para luego aglutinarlas por vía del uso brillante del encabalgamiento.

 El rumano Stefan Baciu, en dos magníficos ensayos publicados de manera consecutiva en la revista Poesía (85/86 y 87), dialoga con nosotros sobre los poetas Salomón de la Selva (1893-1958) y Alfonso Cortés (1893-1969). Nos llama la atención cómo describe los ojos de ambos poetas.

En el caso de Salomón: He aquí cómo lo describí en 1956: “percibí su rostro rosáceo, sin fijarme en sus ojos, que –instantes después-, brillaban en una inolvidable expresión pareciendo hechos de un metal extraño: los ojos más demoníacos y tiernos que me fue dado ver, brillando con una extraordinaria fuerza, a veces profundamente sentimentales, otras veces centellando exquisitamente, brillando con ternura e ironía”.

Valga lo relativamente extenso de la cita, su poesía se precia o ufana por su estupendo acabado formal y su demoledor humanismo.

Una muestra de ello es “Alejandro Hamilton 1757-1804”, una sonata viva y biográfica de este singular político norteamericano, enemigo político del presidente John Adams (1735-1826) que falleció en un duelo a manos de A. Burr: Esto lo entenderán los dispépticos / y los que tienen ulcerado el duodeno, / si en vez de estómago y de tripas / consideran eso otro que llamamos el alma.

Este poema revela las contradicciones vitalísimas del personaje de marras, constructor de una nación, hijo de puta y enamorado de la muerte. En este caso, la frustración y el resentimiento son poderosas fuerzas que estimulan el voluntarismo.

 Pocos años después, década del 60, Stefan Baciu –guiado por Pablo Antonio Cuadra- visitó al “poeta loco” Alfonso Cortés en su prisión terapéutica u hospital.

Al terminar Pablo Antonio Cuadra sus palabras, el poeta que había escuchado en silencio pareciendo mirar algo en el suelo, sin levantar la cabeza, me examinó con unos ojos que me parecían venir de otro mundo, ojos empañados en lágrimas. Fue sólo un instante, pero me pareció que en aquellos ojos, aquella brillante mañana, se había concentrado el llanto universal.

Entre la cordura y la insania, Cortés compuso textos curiosísimos que se nos antojan el puente que va del post-romanticismo a una nueva sensibilidad poética, mucho más contingente y paradójica: notamos una percepción preocupada y astillada por el tiempo y el espacio, en la inquietante atmósfera del desaliento y la abulia: danzando sobre la aburrida / fluidez del cielo, que se atedia, / y el compás tiene su medida / en el muerto tiempo que media // entre un reflejo que se hunde / y otro reflejo que aparece, / cuya inconciencia se confunde / en el deleite que adormece.

Cosa dura es rimar aprisionado en un semioscuro aposento, pues la única ventana encuadra y fragmenta el mundo de afuera.

 No sé por qué asocio esta gran poesía latinoamericana con el lienzo “El Expolio” de El Greco. El Cristo despojado de sus vestiduras para ser crucificado, nos parece una metáfora de la trágica historia nicaragüense, amén de la transparencia formal y emotiva que sangra su corpus poético contemporáneo. Nos resta, entonces, seguir el llamado de Salomón de la Selva: ¡Hay que volar cantando!

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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