Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal cumple 95 años es una breve aproximación crítica a su obra poética, ello en ocasión de su cumpleaños que se celebrará el lunes 20 de enero de 2020. JCDN.

El Oráculo Exteriorista del Decir de Ernesto Cardenal (1926).

A Paúl del Río, combatiente y lector impenitente de Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal (1925) forma parte de la gran constelación lírica postmodernista de Nicaragua integrada por voces como Salomón de la Selva, Pablo Antonio Cuadra y José Coronel Urtecho.

Entre sus libros de poesía tenemos “Hora 0” (1960), “Epigramas” (1961), “Salmos” y “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas” (1965), “Oráculo sobre Managua” (1973) y “Cántico Cósmico” (1989).

 

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En 2005, Monte Ávila Editores Latinoamericana publicó una “Antología poética” suya bajo la curaduría de Luis Alberto Angulo quien también escribió el prólogo [este texto glosaría también la suma poética del poeta y revolucionario nicaragüense publicada en Argentina].

 

Ernesto Cardenal estuvo en Valencia

Cardenal visitó Valencia en 1974 [donde leyó en la Universidad de Carabobo, Bárbula, algunos de sus Epigramas, el Salmo 5 y Oráculo sobre Managua] y también a mediados de los ochenta, ello en el impacto inolvidable de visitantes notables como Nelson Mandela y los poetas Lêdo Ivo y José Emilio Pacheco.

Ernesto cardenal

La escritura exteriorista del poeta y sacerdote nicaragüense, se pasea con brutal impunidad de lo prosaico a lo lírico.

El verso libre se aproxima a la prosa inmediata de la crónica periodística y la incendiaria amonestación profética, readaptando estética y políticamente libros bíblicos como los Salmos:

[“Escucha mi protesta / Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores / ni partidario de su política”], el Cantar de los Cantares [“Y sólo Tú eres el Esposo que se tarda / y sólo yo soy la esposa sola sin esposo”] y el Apocalipsis [“Y HE AQUÍ / que vi un ángel / (todas sus células eran ojos electrónicos) / y oí una voz supersónica / que me dijo: Abre tu máquina de escribir y escribe”].

 

La poesía objetivista

Observamos también el influjo de la poesía objetivista norteamericana y la lírica latina, por lo que la Poesía del Decir supone un territorio fértil de diversas fuentes y tradiciones que la enriquecen históricamente.

Ernesto Cardenal

“Epigramas” no remite simplemente a una adaptación confortable de Catulo o Propercio a la fecha, sino la realización de un diálogo abierto entre voces poéticas que se celebran no en balde la distancia cronológica, cultural y estética.

Se nos aparece Claudia revisitada en el deseo erótico y la militancia del Decir:

[“Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña. / Los he escrito sencillos para que tú los entiendas”].

Lla imitación vinculante y solidaria con Propercio “Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza”; e incluso las bravatas irónicas del mismo Catulo y Juvenal que despellejan los anti-valores imperiales de Roma y Washington [“Tú has trabajado veinte años / para reunir veinte millones de pesos. / Pero nosotros daríamos veinte millones de pesos / para no trabajar como tú has trabajado”].

 

El Reino de los Cielos y el Infierno que se viven en la Tierra, están más cerca del lector [sea obrero o catedrático] pues se desenvuelven en la oralidad del habla cotidiana: “Yo quisiera morir como vos, hermano Laureano, / y mandar a decir desde lo que llamamos cielo / ‘Rejodidos hermanos míos de Solentiname, me valió verga la muerte’ ”].

La técnica del collage

El discurso poético se vale, muy a favor de su índole conversacional e inmediata, de la técnica del collage y el ensamblaje textual, ello para componer una Teología de la Liberación y al punto una Estética mestiza.

Bien sea la guerra de guerrillas sandinista en “Hora 0”, que mixtura el reportaje, la crónica y la Historia [“Un ejército alegre, con guitarras y con abrazos”]; el Diario de la Congregación en “Gethsemaní, Ky” que colinda con los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola [“A las 7 pm se acuestan los trapenses. / Todavía hay luz como si fuera mediodía / y una luna llena como si fuera medianoche”]; o la Elegía como elogio biográfico intenso en “Coplas a la muerte de Merton” [“Sólo amamos o somos al morir. / El gran acto final de dar todo el ser. / O.K.”].

No es culto por la forma ni experimentación en el vacío: La Cosa denota y connota una honda preocupación por el Siglo, el destino incierto de la humanidad sufriente, el cambio revolucionario de adentro y afuera, además de la banalización del discurso político como aspectos neurálgicos a tratar en este Decir místico y lírico a ráfagas.

 

Por supuesto, el Amor Erótico, Místico y por el Otro constituye una fuerza multilateral sediciosa e imprescindible.

En “El telescopio en la noche oscura” (1993), Ernesto Cardenal exhibe así nomás el río caudaloso de su propia poesía, alimentada por las Jarchas y moaxajas mozárabes, el Cantar de los Cantares de Salomón (traducido y comentado por Fray Luis de León).

Los arrebatos líricos de San Juan de la Cruz y Santa Teresa, Rubén Darío y Sandino:

“El que amó más de todos sus compañeros, / el que amó más en toda su generación, / amando ahora un tal ser trascendente, / como decir un tipo no existente. / En qué has venido a parar, Ernesto”.

Valga la duda de este gran poeta en sí mismo, para acceder a las maravillas, idas y vueltas de la Poesía del Decir. Coincidimos con el poeta Angulo en que Cardenal es uno de los poetas místicos más conspicuos de la humanidad.

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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