KAFKA CUMPLIÓ 136 AÑOS (III): ELIAS CANETTI

Kafka cumplió 136 años (3): Elias Canetti es la última entrega de esta serie dedicada al escritor checo. JCDN.

En La conciencia de las palabras (Fondo de Cultura Económica, México, 1982), específicamente en el largo ensayo “El otro proceso. Las cartas de Kafka a Felice” de 1969 y a sesenta años de su primera edición, Elias Canetti propone una interpretación brillante de la novela inconclusa “El Proceso” y su génesis en el epistolario entre Franz Kafka y Felice Bauer.

 

 

LEE EL ENSAYO DE CANETTI: CARTAS DE KAFKA A FELICE

 

 

Canetti no oculta en su ensayo el entusiasmo por el intercambio de cartas entre Kafka y Felice: Leí esas cartas con una emoción que ninguna obra literaria me había producido en muchos años (p. 101). Priva en el discurso o comentario la transparencia del Decir inmediato y lúdico.

El ensayista y novelista búlgaro, de raíz sefardí, reescribe dicho epistolario fascinante como si compusiese otra novela. Puesto que resalta tan fallido amorío –más escritural que físico- como la pulsión que empujó a Kafka a escribir como nunca.

Después de enviar la primera carta a Felice, Kafka escribe el cuento La condena en una noche. A la semana siguiente, tenemos el relato El fogonero. Compone 5 capítulos de la novela América y luego culmina su obra maestra La metamorfosis en dos semanas.

Para Canetti, no hay un período más fecundo que éste en la vida de Kafka. Al punto, no desmaya el asombro del que lo ensaya: Felice, cuya energía él necesita como un alimento permanente para poder escribir, es incapaz de darse cuenta a quién está alimentando con sus cartas (p. 117). Por supuesto, entre caníbales nos veamos.

La escritura, espoleada por el eros literario, deviene en una escritura corporal: A Kafka le preocupa sobremanera su delgadez, la depresión, el insomnio y la tuberculosis que al final acabaría con su vida: Entre las amenazas del cuerpo figuran todos los venenos que penetran en él bajo la forma de respiración, alimentos, bebidas y medicamentos (p. 125). Escribir es una purga psico-somática del cuerpo enfermo.

La misantropía, la auto-compasión, la auto-flagelación, más que síntomas apunta a un mecanismo de resguardo y defensa. Sea en la disfuncionalidad familiar, afectiva o social: La metamorfosis trata de las relaciones de poder en familia, mientras que El proceso se refiere al poder fáctico en la sociedad y el Estado Nación.

A tal respecto, acierta Canetti en su juicio estético y ético-solidario: El miedo ante el poder supremo es un tema central en Kafka, y su manera de oponerse a él es la transformación en algo pequeño (p. 132). De allí su temor a casarse, pues el sacramento y la institución del matrimonio tiende a castrar a mujer y varón en lo vital y lo sexual. Por tal razón, la farmacopea kafkiana prescribe o faculta la condición solitaria de la escritura.  

Las idas y vueltas respecto a la propuesta de matrimonio a Felice, son peripatéticas y tragicómicas en especial. Desde la mediación fallida y capciosa de Grete Bloch (mutada en triángulo amoroso platónico), hasta el Tribunal que lo conminaría a decidirse en el hotel Askanisher de Berlín.

Los integrantes de este sorprendente tribunal fueron la propia Felice y su hermana Herna como fiscales descontentas, el escritor y defensor Ernst Weiss, desconociéndose si Grete Bloch participó. El acusado de lujo: Franz Kafka.

Las relaciones tortuosas entre Kafka y Felice, se desarrollaron en el marco de un abismo histórico: La I Guerra Mundial. Canetti plantea dos hipótesis: Kafka arruina el compromiso por amor a Grete y, más escandaloso aún y viceversa, Grete impide la boda por celos.

He aquí el juego ensayístico o trampa cordial que nos tiende Canetti: El proceso que a lo largo de dos años se había ido desarrollando entre Felice y él a través de su epistolario, se convirtió en aquel otro Proceso que todos conocemos (p. 156).   

Paradójicamente el sentimiento de culpabilidad, masoquista sin duda, le permite a Kafka retomar el flujo maravilloso de su escritura. Afirma Canetti que Como era de esperarse, la atribulación de esta culpa global a sí mismo –a él, la perdición de toda la familia Bauer– tuvo un efecto tranquilizador.

Compartimos con Kafka y Canetti, no sólo en el ámbito literario, sino también en el personal y afectivo, la angustia que nos causan las relaciones de poder: Entre todos los escritores, Kafka es el mayor experto en materia de poder: lo vivió y lo configuró en cada uno de sus aspectos (p. 175).

Por tal propensión, esto es la negación y “autosustracción” de los roles del dominante y el sumiso, nos parecen incunables de la literatura universal La metamorfosis y El Proceso del checo, amén de Masa y Poder y este ensayo del búlgaro sefardita. En ambos autores, verificamos la lectura que Nunca se había escrito un ataque más evidente contra la sumisión a lo superior, ya se entienda por superior un poder divino (y a la vez)… otro meramente temporal (p. 176).

Canetti demuestra, no en balde los ensayos notables de M. Robert y W. Benjamin, ser el mejor glosador o comentarista de Kafka: La posición erguida es el poder del hombre sobre los animales, pero justamente en esta posición tan ostensiva de su poder el hombre se halla expuesto, visible, atacable. Pues este poder es al mismo tiempo culpa, y sólo yaciendo en el suelo, entre los animales, puede uno contemplar las estrellas, que lo liberan de este aterrador poder humano (p. 183).

Resulta imprescindible vernos a nosotros mismos, aquí y ahora, en el Museo del escarnio universal con que nos importunan y aleccionan esta dupla inigualable de escritores.

 

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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