Indudablemente la poesía puede ser un bálsamo que perfume nuestra tristeza. En estos días la tarea que apremia a quienes nos quedamos en casa, es la de conseguir alimentar la mente y el alma, por eso asumimos el reto esencial del acto poético. En Lecturas para la cuarentena, traemos estos poemas encendidos de varios autores venezolanos.

#yomequedoencasaleyendo

 

TENDRÁ QUE SER ASÍ

Víctor Valera Mora

 

Sinuosos tiempos, estaciones, caminos que nos tocan,
propicios para el heroísmo más completo
o para guardarnos como cautelosos erizos.
Tempranamente fuimos aventados al margen de las cosas más simples y necesarias,
clavados con alambradas alrededor de nuestra sangre
y candados en la boca para oscurecernos.

No tenía remedio
la vida atada a lo melancólico.

Terribles días.

Pero recoge las páginas donde los enamorados escriben cortando con navajas,
revisa los libros
busca en las grandes piedras talladas y en los manuscritos del mar,
desde Gutemberg hasta las dos Declaraciones de La Habana
busca, acumula, reúne, clasifica,
sal a la calle con balanza y metro, pesa y mide
blanco y negro, amor y olvido, agua y fuego,
filo geográfico y campana celeste.
Al final todo más claro.
Bañamos nuestra cabalgadura solo una vez en aguas del mismo río.

Camina a paso de monte y hazte amigo del viento
que llevará los pesares al sitio de tu arrebato.
Que los solitarios no te enfaden, pero resuélvete en multitud.
Habla lo necesario con la gente sencilla
y a su lado vive con ardor.

A los soberbios embóscalos, tírales por mampuesto.

Si nada tienes llénate de coraje y pelea hasta el final.

No te amargues.

Agarra a la amargura por los cuernos y rómpele la nuca
y si la muerte te señala, sigue cantando

y en el primer bar que encuentres pide un trago de viejo ron
y bébete la mirada de la novia y bébete su risa
y la proximidad de su cadencia y el saludo de su cabellera.
Bébete la vida.

No hay que dejar que el camello de la tristeza pase por el ojo de nuestros corazones


 

DEL LIBRO “UNA”

Lydda Franco Farías

¿Estás oyendo cama el edicto de mi pereza?
voy a desayunarme la claraboya de la mañana
voy a atragantarme periódico con tus crónicas
violentas
voy a tener noticias del mundo hasta la ingesta
de par en par ventanas
muéstrenme lo que sin mí despierta
sacúdete ropa inmunda los dobleces
espanta con lejías la penumbra
soliviántate plancha
aplasta en un desliz las pérfidas arrugas
a volar escoba sin bruja que respire el polvo
dancen muebles al ritmo que los aviente
púlete piso en redención de no empañado espejo
arde sin paz cocina del infierno
tápate olla impúdica
cuece a la sazón luego evapórate
suenen cubiertos en estampida muda
a fregarse platos les llegó su hora
la carta por favor
quiero probar el albedrío
niños culpables
aúllenle a la luna
no estoy de humor para lidiar con monstruos
que no amor que no la señora hoy decidió estar indispuesta


 

VER

Luis Alberto Crespo

Brisa de marzo

me pides que escriba sobre ti en este banco

como tus hojas sueltas

no te perteneces Del parque

eres escritura pública

Mejor te leo

 


 

SONETO INTUITIVO

Ana Enriqueta Terán

Estoy en mi vivir como sabiendo
el destino de gentes y ciudades,
las hoscas gentes de mis soledades
que en mi secreto ayer van padeciendo.

Mi despojada sombra voy siguiendo
sobre números, puertas y ebriedades
de anaconda ceñida a las edades
inconsoladas de algo persistiendo.

Algo de mí que cruza, se atraviesa,
se vuelve silla azul, tacta el aroma
donde estuvo el color y hace la rosa.

La rosa de mis huesos que no cesa;
exacta, tumultuosa, prediciendo
algo de mí que besa a quien no besa.


MIRINDA KAMPO

Reynaldo Pérez So

vase el cuerpo

la casa

se va también

el amigo

ya

abandona aprisa el día

sin que entienda

la gravedad del cuerpo

no queda sino la puerta

que no se mueve

cuando el día

ahora se ha cerrado.


DEL LIBRO “CHIRELES”

Eduardo Sanoja

Amar la vida sin temer a la muerte.

Ese es el secreto para mantener

             en el equilibrio

     la balanza existencial.

∗∗∗

El hombre siempre ha estado confundido:

Dios y tiempo son una misma cosa.

∗∗∗

Somos portadores transitorios

de un pequeño fragmento de

la vida. Los vacíos de las ausencias

son inevitables.

Lecturas para la cuarentena


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Orimar Meneses/ Ciudad VLC

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