Lilian Ortiz

Escribió el poeta Paul Eluard que “un corazón no es justo/ más que cuando late/al ritmo de otros corazones”, y pensamos que entonces no ha habido uno más justo que el de la amiga Lilian Ortiz, quien vivió siempre en función de las causas justas, que atañen a las grandes mayorías, y que nos enseñaba a todos a seguir latiendo hacia causas y principios que eran la sal de su vida.

Desolados, acabamos de saber de la desaparición física de esta mujer, la amiga, la profesora universitaria, la muchacha que conocimos desde la década de los 70 del siglo pasado, y que a través del tiempo siempre mantuvo su espíritu emprendedor, su humor cálido, su entusiasmo por el hacer de aquella muchacha de los 70.

Habiéndola visto en muchas facetas, nuestra percepción la descubría siempre como activista cooperadora, amiga de todos, solidaria, servicial, amorosa presencia, un corazón siempre dispuesto a emprender lo que hubiera que hacer, siempre del lado de las empresas que involucraran a los necesitados o a quienes tuvieran la palabra de los justos.

Ella fue la agüita de los aspirantes a la concordia, o el compartir en términos de esperanza colectiva, pero también fue la persona capaz de levantarse en guardia ante las acciones injustas y las deslealtades.

Lilian Ortiz parecía incansable cuando se le metía en la cabeza el desarrollar algún proyecto, o involucrarnos a todos en una circunstancia de orden colectiva, y siempre tuvimos la certeza inquebrantable de que si ella estaba involucrada en algo.

Ese “algo” debía ser importante, justo, viable, y por lo tanto contaba con nuestro apoyo y el de tantos, confiados en su “corazón coraza”, a la manera de Mario Benedetti.

Por eso nos cuesta aceptar ahora, en esta instancia dolorosa, que ella ya no estará, y recordamos sus palabras en aquel acto de homenaje al amigo profesor Luis Díaz, (a muchos años de su fallecimiento), donde Lilian relató anécdotas y circunstancias en las cuales se ponía en evidencia la noción de amistad cómplice y fraterna de ambos.

Nos queda pensar o imaginar que en algún lugar se reencontraran, en serena instancia de eterna y abovedada solidaridad.

Y somos nosotros desde aquí quienes nos quedamos en soledad sin ellos.

Vayan nuestras condolencias a su querida hija y a todos los que la conocieron con la certeza de darle confirmación a mis palabras acerca de lo extraordinaria de su persona, que la paz le acompañe por siempre.

 

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Laura Antillano

 

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