Las memorias de lucha del ejército venezolano en sus distintos componentes son nutrientes de historias, la campaña admirable y de liberación así lo atestigua.

Las sabanas de Carabobo y la toma de Puerto Cabello penetrando por los manglares dan una heroicidad que muy pocos ejércitos y comandantes poseen.

La rebelión armada de la base naval de Puerto Cabello, El Porteñazo, el 2 de junio de 1962, contra el gobierno adeco de Rómulo Bentancourt y su política hambreadora y represiva, motivaron una acción radical de las fuerzas progresistas y nacionalistas de los militares venezolanos.

La derrota propiciada por la delación, antecedida por el fracaso de otra rebelión, El Carupanazo, ocurrida el 4 de mayo del mismo 1962.

Ernesto Sábato, escribió en su ensayo antes del fin que «La  realidad es una confusión de hermosos ideales y torpes realizaciones».

 

Recordatorio crítico del pasado

La derrota de los infantes de marina y sectores revolucionarios incorporados a la acción, se convirtió en un recordatorio crítico del pasado.

Los acontecimientos tuvieron el perfume de una época, hecho de fuerza para lograr objetivos democráticos y nacionalista.

Cualquier análisis fuera del contexto de la «historia de entonces» condenaría con actitud de desencanto e impostura intelectual democrática liberal burguesa, la herejía de querer quemar el cielo si es preciso por vivir.

El porteñazo/CiudadVLC
Esta imagen recorrió el mundo como propaganda a favor de Betancourt

El logos o discurso de la derrota no impidió la creación de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FAL) y la osadía guerrillera rural con las distintas unidades tácticas de combate en las ciudades.

 

La batalla más sangrienta de la historia

Muchos combatientes de la época recuerdan esta etapa de movimientos revolucionarios, nosotros recordamos en la memoria de los viejos porteños, entre ellos nuestros padres, abuelos y tíos, que siempre hablan de barrios como La Isla, Trincherón, Polvorín, Caja de Agua, sometidos a la más brutal represión y bombardeo.

De hecho en Puerto Cabello se da la batalla más sangrienta de la historia contemporánea de nuestro país, tres días de insurrección y combate popular.

El 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, son simples escaramuzas ante la emboscada de la alcantarilla, el acoso al liceo Miguel Peña y la ofensiva contra la población civil.

En verdad que mirar atrás se convierte en un ejercicio de memoria y renovación, hubo cerca de tres mil muertos, claro esto nunca fue registrado en las cifras de Betancourt.

De todas maneras en el viejo cementerio municipal está como testigo silencioso la fosa común de los olvidados y desconocidos por la historia.

 

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José Ramón Rodriguez Rojas / Luces y Sombras

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