Pensándolo bien: La Posverdad

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Dr. Moisés Rafael Giesurín Márquez

 

Desde los más remotos orígenes, la mentira ha jugado un rol esencial en el desarrollo de la humanidad. Así surgió, en precarias sociedades, el mito como necesaria explicación de un mundo hostil e insondable y justificación de la propia existencia. Homero fue tildado de mentiroso, cuando poesía y relato eran lo mismo. En Heródoto, uno de los primeros historiadores, conviven pacíficamente acontecimientos y fabulaciones. Incluso la Biblia aún recibe los embates de quienes niegan que haya allí alguna verdad histórica.

 

Creado por Ralph Keyes en su libro «Post-truth», (postverdad), este curioso neologismo alude a circunstancias en las cuales «los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a las creencias personales».La Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En nuestra vida diaria tenemos interacción con la Posverdad. Pocos nos damos cuenta de esa situación compleja y científica  a la vez. Pero, para nosotros los simples mortales, ¿qué es la Posverdad? Es el hecho comunicacional distorsionado producto de la manipulación de la información sea por vía audiovisual o escrita, o a través del fenómeno comunicacional conocido como “redes sociales”.

 

Es decir, la Posverdad se construye mediante un conjunto de refinados artilugios mediáticos, en los que las redes sociales juegan un rol estelar. Entre éstos se hallan el manejo simbólico del ánimo y los sentimientos (se inocula el odio social para justificar la guerra), la importación de credibilidad (una opinión, si viene del extranjero es siempre más creíble): la farandularización de la política que posiciona estrellas del «entertaiment» frente al juicio de expertos o ciudadanos; la banalización de la muerte, la naturalización de la violencia; la invisibilización del «enemigo», y la difusión sistemática de rumores o descaradas mentiras, nunca confirmadas, pero que impactan por su carácter espectacular, y que son vendidas como «hechos», como noticias. Todo ello, mezclado en una amalgama de prejuicios, visceralidad, superficialidad y opinión dirigida que victimiza a los débiles de mente y a los desinformados.

 

La Posverdad es lo que viene después de que la manipulación mediática ha hecho su trabajo en la conciencia colectiva. Cuando la gente ha sido desconectada de la realidad, ha perdido su relato y ha quedado suspendida, indefensa, en medio del universo paralelo de los medios. Gadafi era un asesino, Al-Assad un tirano y Maduro un dictador. Los de ISIS y los guarimberos son en cambio “rebeldes”. No hace falta demostrarlo. Es una Posverdad, osea una mentira sistemáticamente repetida y asentada emocionalmente.

 

El Diccionario Oxford anunció hace poco que la palabra del año es “posverdad” (post truth), un término que se difundió masivamente a raíz de los sorpresivos triunfos del Brexit y de Donald Trump. Hay, por lo menos, tres circunstancias que facilitan la extensión del reino de la posverdad. (a) El ambiente de polarización entre visiones extremas del espectro político y social. En ese contexto, los plebiscitos y referendos, la enconada lucha entre el Sí y el No, que toma la forma de una confrontación entre la luz y la oscuridad, el infierno contra el paraíso, es un terreno abonado para las posverdades. (b) El uso masivo de las redes sociales permite que verdades a medias, rumores, chismes, alcancen a millones de personas y pasen, a punta de repetición, a convertirse en firmes convicciones, a pesar de que carecen de verificación o comprobación; y una vez adquieren la calidad de posverdades, están blindadas de su contraste con la realidad objetiva. (c) La creciente debilidad de los medios tradicionales de comunicación en el ejercicio de su tarea de “formar y orientar a la opinión pública”. Cuando estos medios rectifican y señalan la falta de veracidad de alguna posverdad (como, por ejemplo, lo hizo CNN con Trump), millones de personas, simplemente, los acusan de estar parcializados y de pertenecer a una odiosa élite que conspira contra las mayorías.

 

Las posverdades no son nuevas en el mundo de la política. La rumorología (la difusión planeada y orquestada de falsedades y rumores maliciosos en las campañas políticas), utilizada en Venezuela desde hace algunos años, es uno de los mecanismos para crear y propagar posverdades. De esta forma, por ejemplo, se regaron infames mentiras en contra de un grupo político que desorientaron a miles de votantes y contribuyeron a sus derrotas electorales. La opinión pública venezolana está polarizada, el uso de las redes sociales es intenso y distintas verdades sobre los mismos hechos compiten por la mente de los ciudadanos. Entre otras cosas, es hora de releer a Orwell.

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