Recientemente nuevas imágenes de “caminantes” venezolanos fueron vistas en las redes sociales.

Esta vez, no había tanta atención mediática como la que hablaba de ellos en 2018 y 2019, las grandes cadenas no aparecieron esta vez.

Se trata de gentilicio de Venezuela, que nuevamente caminaba por el territorio colombiano, pero esta vez de regreso a su país de origen.

Este nuevo desplazamiento por razones económicas tenía una nueva pesada carga a cuestas.

El gobierno de Duque fue rebasado por la crisis pandémica y los venezolanos regresan ante la precariedad. Foto: EFE

Asó son las cosas en Colombia y Perú

Al aplicarse medidas de cuarentena en Colombia para contener el avance de la Covid-19 se ordena la restricción de muchas actividades económicas.

A diferencia de otros países, entre ellos Venezuela, en Colombia no se ordena la suspensión del pago de arrendamientos o alquileres.

Esto dejó en una situación muy compleja a muchos venezolanos residentes en Colombia, quienes sin depender de salarios sino de actividades diarias e informales, tuvieron dificultades para pagar.

La situación fue similar en Perú, dado que la población venezolana quedó excluida de una bonificación que otorgaría el gobierno para paliar la cuarentena.

Al igual que en Colombia, sin haber una orden de cesar el cobro de alquileres, el resultado es que los migrantes venezolanos están siendo echados a la calle.

Por el cierre de las fronteras con Ecuador, estos están varados en Perú, vagando de un lugar a otro.

En cuestión de días, en las redes sociales comenzaron a aparecer imágenes de venezolanos siendo desalojados en Bogotá y otras ciudades colombianas.

En la capital colombiana, venezolanos cerraron la vía del Transmilenio para recibir atención.

La alcaldesa de Bogotá declaró que los migrantes no eran su responsabilidad y la endosó al gobierno de Iván Duque, el cual tampoco respondió.

Ninguneados, estos venezolanos en situación económica vulnerable optaron por caminar de regreso hacia Venezuela, en un trayecto que podría tardar hasta siete días.

Traen ahora el peso del estigma, del señalamiento y de la xenofobia. Son migrantes pobres en un país extraño.

La prensa que tanto los visibilizó cuando salieron de Venezuela ya no está para narrar su tragedia.

La escenografía andante de una puesta en escena

Todas las veces que la mediática internacional habló de quienes migraron fuera de Venezuela, siempre se omitió la guerra económica interna, las formas de especulación monetaria, el desmadre empresarial y el endurecimiento en las condiciones de vida en las que el gobierno venezolano tuvo poco que ver.

Todas las veces se omitió que el bloqueo económico contra Venezuela recayó sobre la población, creando nuevas privaciones que tuvieron impacto en grandes capas sociales.

Sin embargo, las imágenes de 2018 y 2019 de una población degradada, maltratada y herida, caminante de un país al otro, fue sumamente útil para, paradójicamente, endurecer el bloqueo económico que aceleraba esa situación.

Aquello fue un artefacto de utilería, una escenografía andante para recrear lo que siempre llamaron “la crisis humanitaria venezolana”, que nunca fue tal, ni por las razones que decían que era.

Es entonces cuando Washington decide orquestar la farsa. A Venezuela había que intervenirla, había que desmembrar su estructura de gobierno e imponer uno a la fuerza, para que pudiera llegar la “ayuda” que, en lugar de “humanitaria”, terminó siendo “imaginaria”. Pues tal cosa nunca ocurrió. Ese nunca fue el plan.

En febrero de 2019 se produjo en los puentes internacionales entre Venezuela y Colombia una batalla campal que no tenía por objeto ingresar ayuda, sino doblar las líneas de mando de Venezuela, cuando el mismo gobierno estadounidense y su “presidente” artificial en Venezuela, Juan Guaidó, daban la “orden” a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a desacatar a sus mandos y deponerlos.

En febrero de 2019 se vivió una batalla campal entre fuerzas colombianas y mercenarias contra la GNB y pueblo organizado en defensa de la frontera venezolana. Foto: Rosana Silva

La puesta en escena 

El asunto nunca consistió en el ingreso de ayuda. Todo ello fue una puesta en escena para propiciar un quiebre institucional en la estructura castrense de Venezuela.

Por esos días, Cúcuta hervía de aviones, dinero, políticos y figuras de la farándula.

El concierto Live Aid Venezuela tuvo una atención mediática y una narrativa que prácticamente colocó a toda la población venezolana en la situación de niños hambrientos en África en los años 80, en total desfase con la dimensión real de la crisis económica venezolana.

Por aquellos días, la verdad no tenía espacio ni relevancia alguna, lo importante era vender la imagen de la “ayuda” y, por supuesto, legitimar el derrocamiento de Maduro.

La burocracia “humanitaria” internacional tenía a gobiernos, ONG financiadas por la USAID y a la OEA emitiendo cifras de migrantes, muchas de ellas en clara discordancia de las autoridades migratorias de los países.

Algo olía mal. No tenía sentido que exageraran la cifra de la migración venezolana. Colocaban como migrantes a venezolanos y colombianos que diariamente pasaban por miles por los puentes internacionales, pero no decían que cada día ellos mismos regresaban a su punto de origen.

Hablaban de que diariamente unos 30 mil venezolanos salían del país y que era una tendencia de años, lo cual era una matemática absurda, pues Venezuela perdería más de 10 millones de ciudadanos en un año si esa fuera la situación. Algo totalmente lejos de la verdad.

Era incomprensible la magnificación, a menos que tuviera un propósito político. Todos pensamos que se trataba solo de establecer una falsa narrativa sobre la situación venezolana para legitimar el asedio al país. Pero fue mucho más que eso.

Se hablaba en aquel entonces, es decir, hace un año o menos al día de hoy, que durante el tránsito de venezolanos a otros países, tanto como su estadía y migración económica, tendría el apoyo financiero de la “ayuda” internacional.

Que para eso también servía la ayuda, lo recaudado en el Venezuela Live Aid, el millón de dólares entregado por Don Omar, lo donado por Estados Unidos, lo donado por los países.

La gran estafa

En simultáneo a la recaudación de “ayuda imaginaria”, la Administración Trump congeló y tomó activos venezolanos en el exterior.

CITGO Petroleum Corporation pasó de hecho al control de personeros nombrados “por Guaidó” pero son sectores afiliados al gobierno estadounidense los que la tienen en sus manos.

Así ocurrió con otro gran activo venezolano, Monómeros, una empresa petroquímica, la más valiosa fuera de Venezuela luego de CITGO, pero en territorio colombiano.

Mientras Guaidó se ocupaba de nombrar embajadores artificiales en varios países, se cocinaba el desfalco a una cifra hasta el día de hoy indeterminada de dinero robado de la tan cacareada “ayuda”.

En cuestión de meses, estallarían denuncias de fraude contra Guaidó y su séquito de políticos venezolanos en el extranjero, por haber estafado recursos.

Todo se trató de una farsa siempre

Luego del estallido de aquella trama de corrupción, era “inexplicable” la continuidad de Guaidó siendo un claro perturbador de la política venezolana mediante su “presidencia” que solo ha “servido” para robar.

Sostenido artificialmente en la palestra por Trump, su posición es evidente en un plan de cambio violento del gobierno venezolano.

Pero es más que eso. Su persistencia paralela en la política venezolana es también sostenida por otros factores fuera de Venezuela, un andamiaje político y pseudo-humanitario.

Guaidó es una pieza claramente instrumental para el flujo de recursos a beneficio de sectores específicos de la oposición y sus aliados en el extranjero, a saber, figuras como Iván Duque y Luis Almagro.

A finales de 2019, Namita Biggins, vocera del Departamento de Estado norteamericano declaró que durante 2019 “el gobierno de Estados Unidos ha dado más de 650 millones de dólares hacia la asistencia humanitaria, no solo dentro de Venezuela sino también para apoyar a 16 países vecinos”.

En Venezuela consta que ese flujo de recursos no existe y todo parece indicar que en el extranjero tampoco.

Todo apunta a que el asunto “humanitario” venezolano es en realidad una modalidad de captación de recursos para beneficio de operadores políticos venezolanos y extranjeros que han tenido un rol activo en la conjura sobre Venezuela.

Es un mecanismo de despojo de bienes venezolanos y una forma de “bypassear” recursos de la burocracia estadounidense y la parafernalia de donaciones, una ingente cantidad de dinero que nunca ha ido en beneficio de los venezolanos ni dentro ni fuera del país.

Estafa política y estigma

La estafa a expensas de los migrantes venezolanos como “pieza” de la inducida crisis venezolana, hoy incrementada por el bloqueo, no solo es económica: es también política.

Cuando los venezolanos salían de su país, todas las narrativas políticas apuntaron a “compadecerse” de ellos.

Pero en apenas meses, las narrativas pasaron a llamarlos “hambrientos, harapientos y maleantes”.

Es decir, cuando los venezolanos dejaron de ser útiles para el desfalco económico consumado, perdieron relevancia y les comenzaron a dar el trato que reciben los migrantes pobres a cargo de gobiernos de derecha.

A los venezolanos los convirtieron de repente en chivos expiatorios de problemas estructurales que ya tenían lugar en Perú, Colombia y Ecuador, como la inseguridad, la informalidad económica o sus déficits en los servicios de salud y educación.

Los incorporaron como insumo de propaganda política interna: “Vean a los venezolanos, no queremos ser como Venezuela, voten por mí”, dijeron las derechas regionales.

En Perú, el gobierno de Vizcarra ha instrumentalizado a la migración venezolana para crear enormes cortinas de humo sobre criminalidad y a la “caza” de inmigrantes “delincuentes”, todo para distraer la explosión de ollas corruptas alrededor del caso Odebrecht.

El gobierno de Lenín Moreno en Ecuador señaló a los venezolanos como operadores de las protestas sociales de 2019, criminalizándolos indiferenciadamente.

La incesante propaganda, cada día, todos los días, sobre Venezuela, Venezuela, Venezuela, permeó la subjetividad en esos países, transfiriendo el señalamiento a los migrantes, colocando a los venezolanos como expresión concreta del “problema” llamado “Venezuela”.

Señalamiento contra los venezolanos 

Ello recrudeció las formas de señalamiento, exposición y estigma. Se produjo un fenómeno psicológico de masas que hizo parecer la presencia venezolana en Colombia, como una “invasión”, en un país de 48 millones de personas.

He allí la pesada carga de quienes regresan. Regresan con la xenofobia a cuestas. Luego de haber sido usados y abusados en su país por la gendarmería del asedio económico y el bloqueo, salieron al extranjero a ser usados y abusados por los mismos operadores, pero con otros métodos y otros fines.

Pues los mismos que bloquean a Venezuela son los mismos que se han lucrado con la excusa de ayudarla.

Cargados de señalamiento y rabia, su última desgracia fue vagar en las calles de Colombia, a la intemperie durante el auge de la crisis sanitaria más grave de los últimos 100 años.

En un claro acto de irresponsabilidad, el gobierno colombiano convirtió a miles de venezolanos en un “problema sanitario” ambulante.

A estas alturas, ya no se habla de que la “ayuda” hubiera servido para pagar los arriendos de los venezolanos en Colombia. Si ese dinero hubiera servido para que tuvieran pan, también lo hubiera sido para que tuvieran salud en tiempos de pandemia.

regreso de los venezolanos
En su regreso a Venezuela, los connacionales que regresaron fueron recibidos con pruebas para el despistaje de Covid-19. Foto: Frontera Viva

¿Y el dinero de Citgo y Monómeros?

Ni un dólar de CITGO, ni un peso de Monómeros, han venido al rescate. Ya nada de eso es relevante. La estafa económica y política se consumó.

A los venezolanos se les estafó incluso con grandes promesas cuando salieron de su país. Se suponía que “cualquier país” estaba en mejor situación que Venezuela y la realidad les demostró que eso no era cierto.

Según la legislación internacional en derechos humanos y migración, cualquier país que recibe migrantes, legales o no, es responsable de ellos y deben velar por sus derechos universales.

La degradación de los migrantes deja claro que para Colombia el derecho internacional es una farsa que solo sabe maniobrar para “justificar” lesiones contra Venezuela y contra su gente.

Lo que queda es el retrato de los que regresan como hijos pródigos a casa.

El gobierno venezolano los recibe, les evalúa médicamente con pruebas para detectar la Covid-19 y llegarán hasta sus lugares de destino en el país.

Podrían venir más oleadas. No dudemos de quienes quieren aprovechar las actuales circunstancias para “deshacerse” de los venezolanos.

En cualquier caso, serán recibidos. Serán bienvenidos.

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Franco Vielma/Misión Verdad 

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