Hoy 5 de abril se están cumpliendo 51 años de la muerte de nuestro escritor más emblemático, Don Rómulo Gallegos; acaecida en Caracas el 5 de abril de 1969, a los 85 años de edad de quien ante todo fue un maestro.

 

Había nacido en la misma ciudad en 1884, de cuna humilde, pero con una incansable afición por el saber, que lo haría con el paso de los años uno de los más notables intelectuales venezolanos del siglo XX y quien es reconocido, además, como uno de los más destacados novelistas hispanoamericanos de todos los tiempos.

 

Rómulo Gallegos

No obstante, varias generaciones de compatriotas pueden tener de él sólo el vago recuerdo escolar de una novela “criollista” llamada Doña Bárbara, que quizá nunca habrán leído completa, ni tendrán intención de leer alguna vez.

 

Es posible que sepan también que este ilustre hombre de letras fue, en algún momento de nuestra historia, presidente de Venezuela, maestro y director de escuela, pero sin llegar a pensar en Rómulo Gallegos como un ejemplo a seguir ni como un intelectual al que valga la pena leer justo en este momento.

 

Sin embargo, he aquí frente a nosotros un venezolano cuya circunstancia vital es digna de revisar por lo que tiene de compromiso con los principios morales y con un sentido de patria donde la educación se considera fundamental para el progreso y la igualdad social, más allá de cualquier consigna o color partidista.

 

 

Magisterio, literatura y política como destinos

Es importante ubicar a Rómulo Gallegos en su circunstancia histórica, durante la dictadura gomecista (1908-1935), la cual por casi treinta años sometió a una Venezuela fundamentalmente rural, donde la gran mayoría del país era analfabeta y donde el poder político era impuesto por la fuerza de las armas.

 

Rómulo Gallegos

En ese contexto, el joven Gallegos, aunque de origen humilde, es de los pocos que puede gozar del privilegio de ir a la escuela, graduarse de bachiller (1902) e ingresar a la universidad para iniciar unos estudios de Derecho que no llegaría a culminar.

 

Era una Venezuela donde tener el sexto grado aprobado implicaba una prueba de sapiencia, y donde un bachiller de la República podía incluso llegar a ser Ministro de Educación, en virtud de los muy sólidos conocimientos matemáticos, históricos, lingüísticos, geográficos y de formación cívica con los que contaba.

 

Por tanto, Gallegos era un hombre idóneo para despertar conciencias desde el magisterio nacional, así que entre 1912 y 1930 tuvo una intensa vida educativa, siendo nombrado consecutivamente director del Colegio Federal de Varones de Barcelona, subdirector del Colegio Federal de Caracas, director de la Escuela Normal de Caracas y director del Liceo Caracas (hoy Andrés Bello).

 

Esta responsabilidad de adoctrinar a nuevas generaciones lo hizo, sin duda, un divulgador de ideas democráticas que calarían muy hondo en futuros e influyentes dirigentes políticos venezolanos.

 

Rómulo Gallegos

 

Paralelamente a esta intensa actividad educativa, Gallegos desarrolló esa otra vocación que le daría su más imperecedera fama, la de escritor, cuya obra más reconocida es la novela Doña Bárbara (1929), donde plantea, en esencia, su tesis del progreso contraponiéndose al caudillismo, el latifundio y la falta de instrucción.

 

Su prestigio como escritor, hacia 1931, pudo haberle rendido grandes dividendos durante la dictadura gomecista, pero prefirió exiliarse para no traicionar su credo democrático. Al volver, en 1936, se involucra de tal manera en la política venezolana, que aparte de ser diputado, Ministro de Educación y fundador de un partido político, llega a ser elegido como el primer presidente democrático de Venezuela en 1947.

 

Rómulo Gallegos

 

Sin embargo, el gran respeto del que gozaba como uno de los hombres más preclaros del país no fue suficiente para evitar otro golpe de Estado, puesto que su indoblegable credo nacionalista resultó inconveniente para los intereses de EE.UU. y estos orquestan un nuevo atentado contra la democracia venezolana, tal como ya lo habían hecho con Isaías Medina Angarita en 1945.

 

Vuelve entonces Gallegos al exilio y a su vida de escritor para ser colmado de honores académicos e incluso ser nominado al Premio Nobel de Literatura (1951, 1959-1966).

 

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Rómulo Gallegos muere finalmente en Caracas el 5 de abril del año 1969, cuando ya era una leyenda viva, amén de considerársele uno de los ejemplos más sobresalientes del intelectual latinoamericano de múltiples facetas, involucrado por igual en los avatares de su patria desde la educación, el arte y la política.

 

 

Civilización y barbarie

El próximo 11 de agosto, la novela Doña Bárbara cumplirá 91 años de su primera edición. Aparte de ser una tesis sociocultural y una recreación de la eterna lucha clásica entre el bien y el mal, es también una historia de amor.

 

De unos amores contrariados, en principio por el velo de la ignorancia y la inocencia, y después por los celos de una mujer altiva que no acepta rechazos y que echa mano de todos los artificios para lograr sus propósitos.

 

Rómulo Gallegos-Doña Bárbara

Todos son ingredientes de la telenovela latinoamericana más ramplona, difundida desde los primeros radioteatros cubanos y explotada todavía, sin mayores cambios, desde México a la Patagonia.

 

Y fue precisamente el cine mexicano, en la plenitud de su época de oro, hacia 1943, el que contribuyó aún más a perpetuar la leyenda del libro y de su autor, pero ahora por intermediación de una belleza legendaria, la de María Félix (la “María bonita” del bolerista Agustín Lara), quien desde entonces y por siempre sería conocida como La Doña, sin más.

 

Sin embargo, uno de los méritos del Rómulo Gallegos novelista, conocedor del oficio de escritor, es haber logrado crear personajes que se imponen a la realidad, seres inolvidables que subyugan la imaginación del lector como si de alguien vivo se tratara.

 

Rómulo Gallegos-Doña Bárbara-María Félix

 

Por tanto, más allá de ese telón de fondo de la civilización contra la barbarie en que se mueven los personajes y de la precariedad de ciertas ideas preconcebidas acerca del progreso, más allá del romanticismo dulzón, trasciende una psicología, un carácter férreo que fascinó al propio Gallegos, motivándolo a internarse llano adentro en busca de la “devoradora de hombres”.

 

 

Ciudad VLC / Ramón Núñez / Dame Letra

 

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