Al imperio en muy poco le perturba que tres gotas de gasolina ingresen a Venezuela. Igual le da si son tres o diez.

Lo que ahora, a finales de mayo le trastorna el sueño, en particular a Donald Trump, es que no tenga a mano una contundente y nueva sanción contra Irán.

Es que las sanciones a Irán no las puede sacar de un sombrero como un mago circense. Los ataques a Teherán no son valorados por unanimidad por los integrantes de la Unión Europea, muy distinto ocurre con el asedio permanente a Venezuela.

EE.UU cuenta con la eficiencia de su Ministerio de Colonias, cuyo nombre legal es Organización de Estados Americanos (OEA), brazo ejecutor de chantajes y extorsiones  contra los gobiernos e instituciones del hemisferio.

Las sanciones que impone o emite Estados Unidos, a países, instituciones o empresas, son siempre son ilegales, unilaterales y coercitivas.

Sin embargo, estas medidas, tienen mucho peso que obligan a su acatamiento. Sin ninguna duda que este acatamiento lleva el aditivo del chantaje y de la extorsión.

Las sanciones estadounidenses tienen el peso de sus portaviones y la elasticidad del papel moneda en el que se imprimen millones de dólares.

Mudos al ver el desfile de tanqueros iraníes

Ver desfilar por el Caribe a cinco tanqueros con bandera iraní, cargados de gasolina y aditivos para la producción del combustible en Venezuela, es en sí mismo un desafío en la cara de Washington.

Desafío este que adquiere mayor atención cuando el combustible está destinado a Venezuela.

Es que el lacayismo latinoamericano radicado en Miami, en Bogotá y en Caracas, “inspirado” en el discurso guerrerista de Donald Trump aupaba la incautación de las embarcaciones.

Las nuevas sanciones contra la nación persa ya estarán siendo estudiadas por la Casa Blanca y el equipo mediático que las proyectará.

En cambio, para divulgar las nuevas “sanciones” a Caracas será cuestión de horas.

Le quitarán la visa, le congelaran las cuentas bancarias y de más propiedades, a determinados funcionarios del gobierno venezolano.

La llamada Prensa “Libre”, el Cártel de Lima y el lacayismo latinoamericano se encargarán de magnificar la noticia.

 

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En 40 años de sanciones Irán sabe qué es solidaridad

La República Islámica de Irán, desde que salió del área de influencia de los Estados Unidos, ingresó al selecto club (el eje del mal)  de los sancionados y castigados por el inquilino de turno de la Casa Blanca.

Casi desde el último cuarto del siglo XX la nación persa es blanco de castigos por parte de Estados Unidos.

La creación de la República Islámica de Irán, en abril de 1979, marcó la eliminación de una monarquía autoritaria dócil a los intereses de Washington y Londres.

Teherán sabe de sanciones y asedios de parte del poder imperial global y de su área de influencia en el Medio Oriente.

En sus 40 años de revolución la nación persa ha manejado la concepción teórica del vocablo solidaridad, pero es a partir de sus encuentros con Hugo Chávez Frías, líder de la Revolución Bolivariana en Venezuela, que esta palabra adquiere sólida dimensión práctica.

A finales de la primera década del siglo XXI Venezuela asistía a Irán con el envío de miles de galones de gasolina.

Aún en las actuales circunstancias, particularmente con la llegada de Donald Trump al Gobierno estadounidense, Irán ha visto mermar su producción petrolera y con ello el desarrollo de esa industria, sus derivados y el área petroquímica.

El año pasado, 2019,  el gobierno iraní se vio obligado a establecer límites de consumo de gasolina para cada vehículo.

 

Tanto grito y tantas órdenes y se quedó sin habla

Las órdenes del jefe de la Casa Blanca están registradas en la red social, Twitter,  red esta  que hoy Donald Trump, quiere sancionar.

“Ordené a la Armada de Estados Unidos disparar y destruir todas y cada una de las embarcaciones iraníes que acosen nuestros barcos en el océano”, eso lo escribió  en la red a mediados de abril.

Expresaba su rechazo al acoso contra las embarcaciones estadounidenses en aguas internacionales.

Esa orden imperial venía a cuentas de los incidentes, de los últimos meses, ocurridos con naves de guerra de EE.UU y patrulleros iraníes en el Golfo Pérsico y en el Estrecho de Ormuz.

Por su parte Irán había denunciado que era recurrente y nada profesional el comportamiento de la Armada estadounidense en las aguas del Golfo Pérsico.

Además Irán comentó que la presencia de buques de EE.UU en esos espacios era una amenaza permanente a la seguridad y tranquilidad de la región.

El canciller Mohamad Yavad Zarif, había cuestionado la presencia ilegal de EE.UU. en las aguas del Golfo y preguntó “qué hacen buques estadounidenses a 7000 millas de su casa”.

La orden de Trump llegó a la Armada y esta instancia militar expuso una advertencia, cuidadosamente acompañada de un vocablo jurídico.

Que la Armada desaconsejaba, a los barcos de otros países, acercarse a menos de cien metros de los buques estadounidenses.

Refería a respetar esa distancia y que lo contrario sería interpretado  como una amenaza que estaría “sujeto a medidas defensivas legales”, según comunicado oficial citado por una agencia de noticia.

Lo expone el imperio, el mismo que navega por todos los océanos deslizando amenazas en los cinco continentes; el imperio llegó a cobijarse con banderas de legalidad, de respeto.

Pero no todo quedó allí: el Comando Central de las Fuerzas Navales de EE.UU. con sede en Baréin, había explicado en un comunicado que su aviso fue “diseñado para mejorar la seguridad, minimizar la ambigüedad y reducir el riesgo de error de cálculo” y remató reconociendo la existencia del Derecho Internacional.

“Nuestros barcos realizan operaciones de rutina en aguas internacionales donde el derecho internacional lo permite y no buscan conflictos”.

¿Cómo recoger hoy estas expresiones en aguas del Mar Caribe?. Lo más recomendable es quedarse sin habla.

Irán se pasea por el “traspatio” en plena pandemia

A solicitud de Rusia, a Estados Unidos no le quedó más que asistir a una sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas donde Venezuela expuso los motivos de la agresión de desembarco de mercenarios, apoyados por Washington y organizada desde Bogotá.

El respaldo obtenido por la representación venezolana obligó a la Casa Blanca a usar su derecho a veto.

En el debate se insistió mucho del derecho internacional, el mismo que Estados Unidos ha ignorado en sus decisiones, en sus sanciones y agresiones.

La caravana de tanqueros petroleros de Irán, por el Mar Caribe, justo después que Washington haya deslizado la posibilidad de un bloqueo naval a Venezuela, se presentaba como un insulto a la nación de las barras y las estrellas.

El capitán del primer buque, el Fortune, que arribó a aguas venezolana, dijo que no hubo ningún contratiempo.

Sostuvo que los sistemas de seguimiento fueron activados y la operación naval estuvo completamente de acuerdo con el derecho internacional, al libre comercio y se ha realizado sin ninguna violación de los protocolos.

“El éxito de esta operación muestra que las normas, los reglamentos y los tratados internacionales, incluida la libertad marítma y el derecho al libre comercio entre países, tienen prioridad ante los objetivos políticos”, puntualizó.

Le siguieron el  «Forest», el «Faxon», el  «Petunia» y el «Clavel». Desde sus salidas de Irán y luego de las amenazas de Washington, las autoridades iraníes advirtieron sobre los peligros de una eventual intervención de EE.UU para evitar  que la gasolina transportada no llegase a Venezuela.

El ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, dirigió carta al secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, advirtiendo de que cualquier medida estadounidense contra el envío debía ser considerada un acto de «piratería» y tendría repercusiones.

En la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, el representante de Rusia, Dmitry Polyansky, expuso que esperaba que Washington se diera cuenta del «riesgo de incidentes» al desplegar elementos de su fuerza naval «en un área donde petroleros iraníes trabajan en una actividad legal cerca de Venezuela».

Luego del asesinato del líder militar iraní, Qasem Soleimani, en el Congreso de Estados Unidos se aprobó una resolución que le impide al presidente estadounidense tomar cualquier acción militar contra Irán sin antes solicitar permiso al Legislativo.

Ya a Trump le incomoda la actividad de China y Rusia en América Latina, compartiendo  compromisos comerciales con los gobierno de la región, donde hay un claro dominio de las propuestas neoliberales.

Ahora, la presencia de Irán, aún con sanciones y bloqueos se presenta como un dolor de cabeza.

Así que el ministro de las Colonias, Luis Almagro, debe estar quitándole el polvo al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para “enfrentar” a Irán con los argumentos de “pólvora mojada”  que Donald Trump no pudo usar.

 

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Ciudad VLC/William Hernández

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