BARCA DE PAPEL (37): UNA NOVELA DE SEGUNDO MEDINA

Barca de Papel (37): Una novela de Segundo Medina es una reseña de “Volver al rumbo perdido / El Rescate”, texto novelístico juguetón de este autor zuliano. JCDN.

Adolfo Segundo Medina (Casigua, Zulia, 1949), poeta, narrador y editor del sello alternativo Zócalo de Táchira, nos presenta una novela de anticipación que complementa a campo travieso dos incunables de la Ciencia Ficción: el cuento “El ruido de un trueno” de Ray Bradbury y “La Máquina del Tiempo” de H. G. Wells.

“Volver al rumbo perdido / El Rescate” (Zócalo Editores, 2017), constituye un díptico narrativo que solicita o, mejor aún, oferta la participación activa y lúdica del lector.

Nada que ver con las modas del reciclaje de géneros literarios comerciales e intergeneracionales, verbi gracia los casos de los extraterrestres de von Daniken que construyeron pirámides en Egipto y América Central, los brujos reencauchados de Pauwels & Bergier, el caballito dolarizado de Troya de J. J. Benítez o las conspiraciones distractoras de Dan Brown (importan más los Illuminati que los sacerdotes pedófilos o los evangélicos promotores de Jair Bolsonaro).

No se trata de una operación de mercadeo, ni de efluvio academicista alguno, sino de manguareo placentero en la literatura que reivindica a la humanidad desde la solidaridad con el Otro, el habla venezolana y un sentido espinado del humor.

A Segundo lo mueven dos posibilidades de lectura: la del cómplice agradecido o la del incauto que cae en su propia trampa como receptor del texto.

El primero se solaza en la multiplicidad lúdica de la ficción a rin pelao, mientras que el segundo se estrella contra la puerta de cristal del Mall o Centro Comercial que simula ser una Catedral del Siglo XXI (no importa quién la administre, Salomón Cohen o el Episcopado conserva-duros de los Urosa Sabino y el anti-papa Lefebvre).

Al igual que el cuento “La realidad circundante” de Julio Garmendia, nuestro autor utiliza la literatura papanatas de ScF y la de auto-ayuda rococó como pisapapeles o piedra de tropiezo de los poderes editoriales y culturales fácticos.

El viaje en el tiempo no obedece a un milagro o portento tecnológico, sino a una preocupación por su problemática filosófica (tiempo cíclico, mítico y laberíntico), estética (desorden cronológico y elasticidad temporal de asombro) y política (desmontaje historiográfico e ideológico).

La parodia del género de anticipación científica, al igual que el Quijote respecto al de Caballería, nos conduce a una alusión crítica al tiempo histórico que nos toca padecer y combatir.

Los subversivos (Travis, Christopher, Lesperance), paradójicamente, en el escurridizo y cambiante tiempo novelado que se deriva del relato de Bradbury, asumen la responsabilidad de haber instaurado el régimen totalitario neo-nazi de Deutscher.

Todo por ir a cazar un saurio en el remoto pasado que les facilitó la Máquina del Tiempo. La novela de Medina se suma a dos títulos novelísticos de Gabriel Jiménez Emán: Averno y Limbo que también incursionan en el género de anticipación.

El desorden cronológico que simula el discurso narrativo de esta pieza estupenda, no es la mera realización técnica y exhibicionista del autor, sino que apuntala la atmósfera que se corresponde con la discontinuidad del tiempo con su elasticidad, contingencias y sobre todo las paradojas temporales que impulsan a un cambio social estructural.

Asimismo, no en balde la complejidad temática de fondo, prevalecen la sencillez e inmediatez del texto novelístico que obedecen a su vez a una Poética del Decir. La transparencia discursiva permite expresar y captar con propiedad el mundo variopinto y sufrido que comprende a la Humanidad, tierra de confusión.

Hay una parodia del cine clase B, cuyo más conspicuo exponente es el estrambótico director norteamericano Ed Wood, acompañado en mientes por Bela Lugosi y Vincent Price. Sólo que el tenor irónico nos conduce a una apropiación a contracorriente del presente y desencaminado Siglo XXI.

En el ejemplar de la novela que el autor me obsequió, conseguí las páginas 55 y 58 en blanco. Por si acaso, las completé como si se tratase de un modelo cortazariano para armar: Mi pastiche criollo a lo Henry James giró sobre la Utopía, sustentada en una Teología de la Liberación, además de configurar un perfil de Christopher que revela una tensión política y ontológica entre la revolución y el totalitarismo apocalíptico. No sé si el autor o, por el contrario, un duende de la imprenta me permitió tal atrevimiento lúdico.

El juego intra-textual desparramado aquí, suma al escritor controversial Medina, por vía del humor negro, quien se erige en el Altar o el Anti-Oráculo del Egotismo literario latinoamericano de los Blanco Fombona, Vargas Vila y –por qué no- Borges.

Hasta el punto que el narrador testigo, Manuel, se confunde con el mismísimo Medina: “Ya había adelantado bastante a este respecto, como ustedes recordarán, en los cuentos de La rebelión de los personajes, en los cuales quedaron expuestas sus teorías acerca de la intemporalidad textual, la inmortalidad del personaje de ficción y la relación personaje-autor” (p. 67).

El aparente despliegue de técnicas narrativas no sólo nos conduce a repensar la novela como género literario vivo, sino que a tal efecto imposta las voces integrantes de una legión de relatores disonantes y personajes conmovedores. El intercambio y la impostura de los roles (liberadores / autoritarios), propenden al Caos que desnaturaliza el desmadre del tiempo real.

El Narrador (re)inventa a Medina dialógicamente: La novela se carnavaliza, auto-parodiándose, para que el discurso narrativo se bifurque sinuoso y pícaro. El relato apocalíptico o distópico de anticipación, da un triple salto largo a la novela picaresca rediviva que vuelve trizas las anomalías del Presente histórico.

En otros términos, el divertimento trae consigo la vuelta distractora que divide su propia casa, esto es encarar el desmadre de la República asediada por el despropósito, la corrupción y el absurdo del que hacen gala los poderes fácticos más allá de las teorías conspirativas engañosas. Tal es el juego subversivo de esta muy digna propuesta escritural.

Incluso, la novela funciona como crónica en lo afectivo: la inclusión del autor y sus amigos en una colmena ebria que destila y mezcla textos y texturas diversas. Por ejemplo, Manuel se sale de sus casillas, ante la rebeldía crónica y cómica de Medina, a la manera de un Alter Ego por demás inoportuno: “Este era el colmo de la insolencia. Sentí una rabia profunda. Yo no era un escritor de fama y quizás nunca lo fuera. Eso era lo que le dolía a Manuel”.

No es casual que esta novela que desparrama y no recoge en el campo conservador de la Ciencia Ficción, esté estructurada –como las Memorias del subsuelo de Dostoievski- en dos grandes partes. Se trata de diseccionar el cadáver de una Humanidad entre lo sublime y lo ridículo. O, mejor aún, entre la vigilia y la ensoñación.

Volver al rumbo perdido y El rescate, más allá de la reescritura del cuento de Bradbury y la novela de Wells respectivamente, nos parece un díptico como los de El Bosco que re-expresa o recrea un dilema asaz obsesivo: La hegemonía fáctica de lo real o la irrupción ficcional inoportuna que desdice la banalización del contexto de escritura: los 500 años del Encuentro de dos mundos y las Olimpíadas de Barcelona 1992.

El hiperrealismo inmanente de la novela, provoca la finalización de la trama con un dejo entrecortado, resignado y esperanzado. Modela en arcilla la nariz de Cleopatra, si bien en un afán terco e histórico en pos del cambio: “¿No será acaso ésta una premonición, una señal mágica y terrible de lo que ocurrirá si cambiamos el rumbo de lo que ya está en camino, haciéndose?».

El cambio no es unilateral, limpio ni exacto, pues no es posible separar al Doctor Jeckyll de Mr. Hyde, ni en el alma individual ni tampoco en el inconsciente colectivo.

Volver al rumbo perdido / El rescate, Adolfo Segundo Medina, Zócalo Editores, 2017, Rubio, estado Táchira. 145 páginas. Para pedidos escribir a zocaloeditores@gmail.com

 

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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