Biografías Portátiles (23): Luis Eduardo Henríquez se refiere a una breve aproximación a la obra poética de este arzobispo de Valencia. JCDN.

Monseñor Luis Eduardo Henríquez (Valencia, 1913 – 1991). Fue, junto a Monseñor Salvador Montes de Oca, una de las figuras religiosas arzobispales más resaltantes del catolicismo de Valencia. Doctor en Teología, Monseñor Henríquez ejerció el arzobispado en Valencia desde su nombramiento el 12 de noviembre de 1974 hasta el 17 de marzo de 1991 cuando el Vaticano le aceptó la renuncia por motivos de edad (había cumplido 75 años).
Su obra poética dialoga con la tradición mística de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila y Fray Luis de León. Entre sus libros de poesía, tenemos “Rescoldo” (Italgráfica, 1982), “Semillas de eternidad” (1987) y “Obra Poética” (Contraloría General de la República, 1990). Cultivó con entusiasmo el soneto clásico, granjeándose la admiración y la amistad de poetas y políticos conservadores como Luis Pastori.
Su discurso poético se mueve entre el Barroco y el clasicismo, a los fines de afinar el lirismo místico que también se desarrollaría en el ejercicio ensayístico de las homilías.
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He aquí el Soneto II, tomado de “Escala de Soledad”, cuya construcción se hace más despojada para emparejarla con la humildad necesaria del que conversa con el Dios católico ultramontano, ello con un sabor conceptista que lo vincula con la prosa de Gracián y los sonetos atribuidos a Miguel de Guevara: “Breve, muy breve fui feliz, una hora / apenas, y me cobras con usura / un brevísimo rato de ventura / con el inmenso padecer de ahora. / ¿Por qué no ha de tener mi noche aurora / ni orillas este mar de amargura? / Señor, dame una estrella… Mi ternura / huérfana y sola tu piedad añora. / Exprimiste mi ser, y gota a gota / fue destilando su amargor mi vida / copa de angustia en plenitud henchida. / ¿Por qué henchirla de hiel si ya está rota? / ¿Por qué llenan avispas mi colmena / y el nardo de mi amor muere de pena?”
¿La experiencia espiritual intimista y contemplativa, en este caso, busca a través de la poesía complementar [contener] la vorágine y el protagonismo que marcó la vida episcopal de Monseñor Henríquez? Quizás algún biógrafo manso y prudente, mitad cordero y mitad tigre, lea y extraiga una aproximación válida de su lírica o de su escudo arzobispal como acto hermenéutico.
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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC












