Circula por las Redes: Brownie El Viajante

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Brownie el viajante es un cuento dedicado a ese animal noble que es el perro. El Bestiario como género literario desnuda el alma humana con sus virtudes y fallos.

 

Brownie El Viajante

Me vi a mí mismo muy enfermo y luego agonizante, lo cual repercutió mis alrededores. Sobre todo a Ana, mi amor más caro. Me mataban sus ojazos tristes y la impotencia estampada en su cuerpo. Siempre me agradó su olor. La conozco hará algunos años y comprobé que es la persona que más ha querido a esta bolsa de pulgas. Pese a este otro ataque, me gratifica su amor inembargable y oloroso como los árboles con los que me gusta conversar.

No sé cuando aprendí a salir de mí, para ver qué pasaba conmigo. Para nada me gustó convulsionar: Traqueteaba dientes y cuerpo como si fuese un par de castañuelas afelpadas. Pero me llamó la atención mi obcecada y terca insistencia por vivir: Dejarme llevar por la temblequera y luego tratar de incorporarme de repente, mientras la Muerte se distraía en la búsqueda compulsiva de más clientes.

Claro, Anita, no te quiero dejar en este desmadrado mundo: Tú no estás hecha para tan malucas personas que causan tanto daño al Prójimo. Lo que te quiero decir con estos corrientazos que me sacuden esqueleto, pellejo y alma, es que te espabiles y no te dejes envainar por la villanía [no tengo ya fuerzas para morderles el culo a los villanos, tal como siempre lo han merecido].

La Muerte es una señora toda seria y de muy pocas pulgas. Le huelo su osamenta hedionda a cloro, cerdas vegetales secas y a pellejito chamuscado. A veces nos miramos con respeto y otras veces le recrimino que se lleve por los cachos a personas y animalitos de buena ley.
¿Qué creían ustedes? ¿Acaso los animales no tenemos derecho a pensar y expresar monólogos sobre lo profano y lo divino?

Al cocodrilo rojo, malhumorado y misántropo, no lo inventó Eduardo Liendo en su cuento homónimo. ¡Qué va! Lo vio disfrazado de hombre amargado y flacuchento sentado frente a la Catedral de Salamanca. Liendo le invitó un café, pero él prefirió una caña. De esa conversa, el escritor tomó al pie de la letra lo que le dijo el cocodrilo rojo. Ah, por cierto, su primate fue el caimán que se comió a Mercedes en la orilla del río. No tiene nada qué ver con maridos cornudos. Así mismito pasó. Se lo contó a Simón Díaz y éste partió la cochina con el muy conchudo. El cuento “La insolación” no es de Horacio Quiroga, sino de unos perros panas suyos que sí vieron a la Muerte llevarse a su amo en Misiones. Se los digo porque los perros latinoamericanos si creemos en la integración, pese a que nos mordemos por las hembras [también en juego] y marcamos territorio sólo para presumir.

LEE EL CUENTO «LA INSOLACIÓN» DE HORACIO QUIROGA

Disculpen la digresión, como dice mi taita Luis, siempre atareado con la edición de libros. En esta casa aprendí a leer buena literatura, por supuesto, bajo la guía devota de Anita que es la mejor poeta de por estos mundos. Coño, los perros también leemos. La mayoría sobre la comida, la política balurda y la pornografía. Este que está aquí se ha hecho pana de Colmillo Blanco en la novela de London, incluso de Platero el burrito fastidiosito del poeta Juan Ramón Jiménez. Soy fanático de las greguerías de La Serna dedicadas a animales.

Pero insisto mi poeta favorita es Ana Carolina, pues su poesía es verdadera y bien aromada de selvas amazónicas y cielos increíbles full ángeles. Ella tiene razón, los ángeles existen. Son tan zumbados como los que rescataron a Lot de Sodoma y Gomorra, pues de broma los violan y los matan. Debería llover mangos verdes en el cogote de los que matan perros en la calle, amigos nuestros con mala fortuna. No soy clasista, viejo, me la llevo bien con los perros vikingos que de vez en cuando nos visitaban.

Anita me empacó en una bonita caja de cartón. Mis restos están bien arropados por un paño de color ye-ye, esto es anaranjado. No se extrañen, es mentira que sólo vemos en blanco y negro. El olfato le imprime color a la cosa. El anaranjado es mi preferido porque soy un poodle colorao: A todas les gusto [hembras humanas y de mi especie] porque los pelirrojos o, mejor, catirrucios somos de lo más interesantes.

Me sembraron en un jardín grandotote llamado San Diego. Ya Anita, Luis y el Flaco se fueron a Valencia. Aquí sólo friegan la paciencia los turistas borrachos y las serpientes venenosas. Pero de resto, cuando veo el amanecer, me recuerdo de cuando tú, Anita de los santos guisos de carne y pollo, me cantabas las canciones de Silvio y Pablo y al mismo tiempo me rascabas la barriga. Siempre fui manipulador pero querendón.

Sé que estás más tranquila pese a que te quema todavía un pocotón mi ausencia física. Tranquila, Saavedrita, que siempre te caeré por allá o por donde quiera que estés. Caramba, los sueños hacen la cosa más facilita, pese que a veces no los entendamos. Apareceré en tus sueños, olfateando tu poesía hecha letras, alma y vida sin garrapatas que se la chupen y no la devuelvan. Aquí te van mis patas moviéndose en el río Amazonas, el tuyo y el mío.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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