CLÁSICOS VENEZOLANOS (20): MIGUEL OTERO SILVA

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Clásicos Venezolanos (20): Miguel Otero Silva se refiere a su novela “Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad”, publicada por Seix Barral en 1979. JCDN.

 

El polígrafo venezolano Miguel Otero Silva

 

Más allá del canon y del género de la narrativa histórica, Miguel Otero Silva nos ofrece una visión nada convencional de Lope de Aguirre, el mal llamado Tirano por la historiografía pro-goda.

 

El epíteto de Príncipe de la Libertad se justifica no sólo en la carta que este rebelde le dirigió a Felipe II desde Valencia, la de Venezuela, sino en el poético y multisugerente discurso novelístico de nuestro autor.

 

En estos días de fake news y despropósito político pro-postcolonial, Otero Silva se sirve de técnicas narrativas muy depuradas para sacudir la falta de prevención del lector promedio hoy. Destacan la multiplicidad y elasticidad del punto de vista narrativo, la proposición transgenérica y, especialmente, la problematización del discurso historiográfico con sus sesgos ruidosos o inconfesables en lo ideológico.

 

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Para desarrollar el triple y contingente perfil (soldado, traidor y peregrino) de este personaje que camina entre lo histórico y lo legendario, bajo el concepto –no el arquetipo- de anti-héroe, este ajiaco literario (fusión del texto teatral, narrativo y epistolar) se aliña con la oralidad castiza del paladín, además de la interiorización erótica y alucinante del paisaje amazónico, insular y del centro del país (Barquisimeto y Valencia, claro está).

 

Tomando con personalidad la posta de corredores literarios como Enrique Bernardo Núñez y Ramón Díaz Sánchez, quienes enriquecieron el mito intrahistórico de El Dorado, Otero Silva hace una revisita desmitologizada, política y estética (a lo Peckimpah o, mejor aún, el Aguirre de Herzog y Kinski) de tal orgía homicida y libertaria. Entendemos el terror de los conservadores locales ante este controversial precursor de la Independencia venezolana.

 

    Una de las ediciones de la novela

Los marañones de Aguirre estaban consustanciados, pues, con el flujo poderoso e impiadoso del Río Amazonas, además del egotismo de su salvaje conductor: “Ahora la majestad de este río me devuelve la conciencia de lo que realmente soy, no anciano renco y desdentado sino brazo dispuesto a coronar las hazañas más insignes”. Si lo dirán, cada quien en su registro, Arturo Uslar Pietri, Fulgencio Casto López o Juan de Castellanos.

 

Este príncipe anarquista, sin pinta de profeta bíblico ni moderno, pareciera haber previsto que El Dorado ilusorio de su tiempo se encarnaría mucho más tarde en la República Petrolera: El oro oscuro, que al igual que el amarillo, enriqueció a pocos para perpetuar el hambre de las mayorías (incluyendo la soldadesca represora correspondiente).

 

Edición alemana de la novela

La lista macabra trae y mezcla los roles de sus cómplices y traidores. Tal es la envilecida, homicida y antropófaga esencia de la Conquista de América. Los exiliados, carne del cañón imperial y de las flechas y los subterfugios aborígenes, exigieron a Felipe II su propia tierra renegando del podrido patriotismo español en el que se defecaba el Rey.

 

Bolívar, otro egregio de antecedentes vascos, hizo publicar la Carta sediciosa a Felipe II, para evidenciar la pasión libertadora del momento por vía de la reminiscencia de los odios históricos de la godarria realista (la cual persiste en su voracidad extemporánea).

 

Por supuesto, la Bitácora de los alzados (y su Marañón mayor) tendría como destino la dispersión y la muerte de la causa rebelde. La Utopía del Tirano Aguirre persiste, sin embargo, tanto en la literatura de alto vuelo histórico y artístico, como en la oralidad del pescador margariteño y los campesinos centrales, quienes invocan aún sus fantasmagorías y fuegos fatuos.

 

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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