¿Por qué no agarran preso a Guaidó?

 

Una pregunta común, lastima que sea tan común, dado que hay tantos que la hacen que no han entendido este lío. Para ello hay una respuesta corta y una larga.

La corta: No es el momento. No importa lo que el haga. No es el momento.

La larga: Guaidó es el principal foco de información y acciones erradas que necesita la inteligencia venezolana para pesquisar y luego desmantelar todas las arremetidas que han habido contra el país, de manera indiscutidamente exitosa.

Es Guaidó y su séquito infiltrado, sus líneas de comunicación, sus contactos, sus allegados, sus aliados, sus enemigos internos, sus rivales del antichavismo, sus acciones, sus desplazamientos en los frentes públicos y cerrados los que han dado todo.

Si Guaidó cae preso hoy, si sale del país o mañana lo cambian por otro favorito de Leopoldo López y de EEUU, el cambio de juego será tan brusco que el replanteamiento nos será perjudicial y habría que empezar de cero. Será una lucha contra un tiempo que no tendremos a favor.

De hecho, hay que aceptar, aunque no nos guste, que Guaidó es necesario para guiarlo a un entrabamiento político y operacional, que lo anule a sí mismo y al andamiaje que EEUU construyó sobre el. Pesé a lo doloroso que sea para el país. Eso va más allá de las operaciones en la sombra. En la política abierta, Guaidó es necesario para su desgaste e incluso para que ante un nivel de anulación critica, no sea un mayor obstáculo para distenciones y salidas políticas.

 

El es hoy el principal foco de división antichavista y esa división es necesaria para sostener la República.

Su posición hoy es la de un lobo (o más bien bobo) solitario en Venezuela, su presencia solo se prolonga por la gracia estadounidense, pero no puede prolongarse mucho más. La oposición lo ha abandonado, con excepciones en su séquito de asalariados. Guaidó entonces pasa a ser una piedra de tranca que irremediablemente tendrá que ceder por inercia o por fuerza. Y en ese empuje está el chavismo y una parte cada vez más evidente de la oposición.

Léase con ello, la posibilidad de un acuerdo político del chavismo con el G3 o un G2 (está por verse) que desescale el bloqueo y la inaplazable elección parlamentaria que hasta los adecos quieren este año.

Si el objetivo es el de la preservación de la nación, la política, la institucionalidad y la cohesión del país, entonces hay que evitar la guerra.

Un Guaidó preso o muerto no sirve para nada de lo que el país necesita hoy, por el contrario, preso o muerto Guaidó sólo sirve para ser desencadenante de otras situaciones.

Cuando Guaidó este preso, sabremos entonces que su ciclo útil en libertad, ya fue agotado y el ya podrá ser desechado en definitiva. Habrá que esperar. Se verá.

 

Si cualquier gafo chavista comandante de Twitter, que los hay a granel, «resolviera» las cosas a su manera y a lo Juan Charrasquiao porque él si es un arrecho defensor de la patria, ya estaríamos aniquilados.

Lamento informar que los frentes duros de política real no admiten ciertos niveles de imbecilidad e infantilismo. Hay nudos críticos que jamás van a ceder con impulsos y emocionalidades exacerbadas. No en Venezuela hoy. Lo contrario a eso ocurre sólo en los libros de aventuras del Ché, en otros tiempos y en líneas donde jamás quedó reflejada la política tras bastidores.

Pueden leer esto con calma, varias veces, discernirlo y recibir su dosis de realidad, o pueden seguir comiendo flores viviendo en la política imaginaria del «naguevonalodeseo» y el «yo si soy un patriota de los arrechos«.

 

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Franco Vielma / Ciudad VLC

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