Supe del Comandante Hugo Chávez, como muchos, el 4 de febrero de 1992. En ese momento acaba de salir de 5to año de bachillerato y en la televisión solo hablaban de un «golpe de Estado».

Para ese entonces, no tenía conciencia de la trascendencia de aquel hecho, pero llegado el año 1998, voté por Chávez (mi primer encuentro con él).

Ahí me di cuenta que se había avivado ese sentimiento de patria, que antes me habían inculcado mi mamá y mi papá.

Fue entonces cuando empecé a indagar sobre la política venezolana, la de los gobiernos de AD y COPEI, que saquearon al país y gobernaron a las minorías.

Chávez hizo que el tomar consciencia de los desposeídos fuera más sincero. Hoy digo con orgullo: «¡Yo soy chavista!», sin vergüenza alguna.

Estuve muy cerca de Chávez

Luego, en el cierre de campaña del año 2012, en la Avenida Aranzazu, de Valencia, tuve la oportunidad de estar muy cerca de Hugo Chávez, con su sentimiento de patria que llenaba todo a su paso.

Cuando pasó frente a la tarima donde me encontraba antes de dirigirse a los asistentes, sentí mucha emoción. Estuvo muy cerca de mi.

En ese momento, tomé mi cámara Lumix Panasonic (la misma que los guarimberos  me robaron en 2017), montado encima de la planta de bajo y agarrado de la estructura del backing con mi mano izquierda, di click varias veces y con el zoom me acerqué lo más que pude a Chávez.

El Comandante me felicitó

Mi otro encuentro con él fue en la reunión de la Cumbre Andina de Naciones que se realizó en el Teatro Municipal de Valencia.

Ahí, en la Coral Filarmónica de Carabobo (a la cual yo pertenecía), dirigida por el fallecido profesor Federico Núñez Corona, cantamos los himnos de las naciones participantes.

Recuerdo muy claramente cuando el Comandante nos felicitó por haber interpretado el Himno de Venezuela. Aplaudió y afirmó que el Gloria al Bravo Pueblo debía aplaudirse, porque era el sentimiento de un pueblo bravío. El maestro Federico estaba lleno de orgullo y así mismo me sentí yo.

Recuerdo que nos aprendimos los himnos de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Particularmente enriquecí la interpretación del de Venezuela.

Salí de ahí con la misión de indagar sobre la situación política del país y de Latinoamérica y del fenómeno Hugo Chávez.

Su energía era inalcanzable e inigualable.

Afiancé mi ideal bolivariano 

Vino el 2002, y en medio de confusiones afiancé mi ideal Bolivariano y venezolano. Fui testigo de cómo actuaban los partidos de derecha en mi ciudad natal, Valencia.

Desmanes, destrucción, denigración e intentos de asesinatos, todas ellas mentiras convertidas en «verdades» por los medios de comunicación venezolanos.

Siempre lo recordaré como el hombre que cambió a Venezuela.

Fue en la Universidad que me formé profesionalmente en la educación. La calle me dio la experiencia musical y en mi hogar aprendí a ser la persona que soy; pero Hugo Chávez me mostró que hay un motivo de mi vida aquí en la tierra: tener un sentido de patria más sincero.

Ese mismo sentimiento de patria que mis padres sembraron en mí cuando me recalcaban que debía estudiar.

Hoy 5 de marzo de 2020 reivindico, junto a las enseñanzas de mi familia, las enseñanzas políticas de Hugo Chávez y sus cuentos del Arañero, que tantas vivencias nos reveló como persona sencilla y como líder nacional.

Sentimiento de patria
Nunca olvidaré este momento

Y vienen a mi las emociones que sentí aquella tarde del 3 de octubre del 2012, cuando me guindé de aquella estructura para tener tan cerca a Hugo Chávez. Él me miró y me saludó, me señaló, como queriendo decir algo.

Ese día, se me hinchó el corazón al ver al líder de un cambio que debe sigue su marcha  hasta que los objetivos planteados sean cumplidos. Solo así reivindicaremos aquel «Por ahora».

 

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Ciudad VLC / Danilo González

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