Aunque suene o se lea como frases trilladas, el capitalismo enseña interés por la ciencia como desinterés por la sociedad.

El coronavirus ha sido una tremenda bofetada a toda la síntesis sobre conocimiento y tecnologías médicas que se convertirán en uso macro social para todos los ciudadanos del mundo, incluyendo la violentada y olvidada África.

La nueva pandemia ha servido para mostrar dos cosas:

La primera el carácter desigual del desarrollo de los sistemas de salud pública en los países capitalistas ya sea europeos, estadounidenses y naciones latinoamericanas, donde el acceso a la medicina y tratamiento es imposible si no tienes seguros médicos privados costosos.

De igual manera el desmantelamiento del Estado del bienestar en las llamadas democracias parlamentarias.

La segunda muestra es que la agenda ética de ayuda y asistencia democrática demuestra que es incompetente e insuficiente para dar respuesta a la crisis médica global.

Los acontecimientos confirman que no podemos seguir viviendo en una continua contingencia dando pobres y débiles respuestas de emergencias a situaciones que ameritan una salida alternativa.

 

Prevención y prospectiva en salud

La prevención y prospectiva en salud continua siendo la pariente pobre de la medicina.

No hay un discurso coherente con una moral de compromisos con quienes padecen la enfermedad, por parte de los gobernantes y presidentes de los países afectados por el coronavirus o Covid 19.

A los trabajadores y demás sectores sociales así como a los movimientos políticos de izquierda, nos sigue preocupando las interrogantes ética-morales de la actualidad, que tienen como fundamento el cuidado del ser humano.

El «cuidado del sí», cómo congeniar con el amor la felicidad, cómo afrontar el destierro, la falta de voluntad, el presentimiento desasosegante de la muerte biológica.

Ciertamente la agenda de los valores universales que dieron empuje al capitalismo en su evolución de derecho liberal, de justicia, paz, tolerancia, soberanía, medio ambiente, sostenibilidad, biodiversidad, bioética, se convirtieron en una panoplia formal de los instrumentos y normativas jurídicas de organismos supranacionales como la ONU.

Lo más significativo de toda esto, es el uso del llamado “derecho de intervención” de acuerdo a la interpretación que hagan los juristas del derecho internacional, donde son jueces, testigos y fiscales de los asuntos internos de otros estados naciones.

 

Preservación de la humanidad

En consecuencia ninguna política del capitalismo internacional está subordinada a una Ética-política del cuidado y preservación de la humanidad.

Desde la creación de la sociedad, luego de la primera Guerra Mundial, y después de la ONU, al concluir la segunda Guerra Mundial, ambos conflictos dejaron un saldo de más de 70 millones de muertes, y un sostenido estado de guerra de forma permanente, ya sean guerras de liberación neocoloniales o de descarada intervención.

En menos de cinco generaciones las diferentes naciones han tenido la capacidad e intención de destruirse apelando a la defensa de toda suerte de principios y doctrinas.

El estatus de paz para la convivencia global al parecer de nada sirve en la metamorfosis de sistema capitalista.

Las líneas y guiones en geopolítica se corresponden con los diferentes objetivos y fines de seguridad y defensa de los Estados Unidos.

Las estrategias de dominación a través de la transfiguración de los imaginarios sociales en la ciberpolítica se filtran en nuestra vida cotidiana y terminamos legitimando a unas de las mayores amenazas del género humano.

Nuestra pliego de demanda y luchas están vinculados al derecho a la vida, a la salud, a la felicidad en sus distintas expresiones, en fin a la satisfacción de las necesidades de una existencia sensata.

No queremos manuales de ocasión sobre nuestra crisis individual ni “relatos de conversión” ni cursillos de espiritualidad del bienestar ni leer uno o dos libros de “auto ayuda”, reivindicamos la vocación originaria del porqué de las cosas.

Por eso surgen las preguntas: ¿qué debemos conocer y saber? ¿cómo ser sujetos de transformación?. Ya estamos hartos de mesianismos de derechas y también de izquierdas.

 

 

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José Ramón Rodríguez Rojas

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