Biografías Portátiles (13): José Revueltas se refiere a las crónicas de este excepcional escritor mexicano que hace homenaje a sus nombres. JCDN.

El revoltoso José siempre lo fue desde muy joven

Nos enorgullece haber leído a este combativo y grandioso escritor nacido en Durango, México. José Revueltas (1914-1976) no sólo escribió magníficas novelas como “El luto humano” (1943) y “El apando” (1969), o los volúmenes de cuentos “Dios en la tierra” (1944), “Dormir en tierra” (1960) y “Material de los sueños” (1962), sino también una serie de crónicas dedicadas a su propia experiencia penitenciaria en lugares infernales como las Islas Marías y Lecumberri.

Pablo Neruda, abogando por su libertad en una carta dirigida al presidente Díaz Ordaz en febrero de 1969, dijo de él que encarnaba el alma de México, profundamente rebelde, libre y violenta. Revueltas construye una crónica en la que la autobiografía, la militancia política preñada de contradicciones y la edificación de su obra narrativa, le dan la consistencia mestiza y la sazón picante del ajiaco.

El presidio político y sus vicisitudes amargas, se expresan con la claridad inequívoca de la imprecación castiza unida al desconcierto azteca: “¡Malditas edades aquellas en que la llamada justicia machacaba las vidas humanas en las cloacas inmundas de las prisiones horribles!” (Revueltas, 2000, p. 67). Seguramente fueron no pocos los lectores conmovidos hasta el tuétano con la historia de Gazul, el pobre perro famélico que había sido ahorcado por la soldadesca de la prisión de Islas Marías, tan sólo por importunar con sus ladridos la orden del día mal leída por el teniente.

El escritor mexicano José Revueltas

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Los slogans y arengas comunistas se contraponen a la crudeza naturalista de los retratos humanos, sean presos políticos, comunes o pervertidos guardias del retén. En los calabozos subterráneos de la Inspección General de Policía de Monterrey, nuestro cronista esbozó una clasificación arisca, cómica y escatológica de la población en cana: el insulso novato llorón, el picudo o maldito, el ladrón norteño de ganado y los raterillos, usuarios enfocados desde la celda al W.C.

La picaresca, en esta ocasión, se enriquece por el afán sociológico del intelectual marxista heterodoxo y la mirada psicologista del novelista: “El Maldito era un individuo un tanto divertido, anecdótico y lleno de esa gracia grosera tan particular a los hampones de cierto género” (páginas 72-73).

La crónica, en virtud de su ámbito sórdido, se convierte en el travesti del pabellón: Del relato autobiográfico se vierte vigorosa tanto en el “Manifiesto de huelga de hambre (proyecto)” como en las cartas dirigidas a Arthur Miller y el Pen Club Internacional, ello a propósito de la injustificable masacre de Tlatelolco que lo vincula con las crónicas de Poniatowska.

Los gobiernos impíos y los piojos que atacan la flacura de los presos de conciencia, son contrarrestados por esta escritura que subvierte el orden cerrado.

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BIBLIOGRAFÍA

Revueltas, José (2000). En el filo. México: UNAM-Ediciones Era.

José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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