Si la palabra Everest es la de mayor atractivo en el mundo de las montañas, los muertos de esta montaña es el tema más irresistible de conversación que trate sobre el techo del mundo.

 

No es extraño, si se tiene en cuenta la cantidad de personas que han perdido la vida en esta montaña y lo sorprendente que resultan muchos detalles de estas muertes.

 

Los datos más recientes señalan que intentando llegar a la cumbre del Everest han fallecido unas 290 personas. Uno de los documentos que más sorprende a los novatos que llegan al Nepal con la intención de ascender un “ochomil” es el denominado ‘Body disposal form’ (algo así como el formulario de disposición del cuerpo), un impreso que se firma como si se tratase del contrato del cocinero de la expedición.

 

Aunque es bastante diferente. Por el mismo, el alpinista elige qué hacer con su cuerpo si durante las siguientes semanas muere en la montaña. Basta con poner una cruz en una de las tres casillas. La primera significa dejar el cadáver en la montaña, la segunda, retornarlo a Katmandú y la tercera regresarlo a casa.

 

Cadáveres como señales

Dada la naturaleza del terreno, la mayoría de las personas que han muerto en el Everest permanecen allí. Es relativamente “normal” el hecho de que haya varios muertos esparcidos a lo largo de las rutas normales de la montaña y que los aspirantes a la cima pasen ante ellos o, incluso, como ha ocurrido en el pasaje del segundo escalón, en la arista norte, prácticamente se hayan tenido que apoyar en ellos para subir.

 

Subir al Everest se ha convertido en algo horrible. No les preocupa en absoluto dejar a alguien morir tirado bajo una roca. Su prioridad es llegar a la cima y anteponen su satisfacción personal a la supervivencia de un semejante

 

Uno de los casos más conocidos es el de ‘Botas verdes’, un cadáver así llamado por el color de sus botas, que es utilizado como referencia. “Quedan tres horas de subida hasta Botas verdes“, por ejemplo, son hechos con connotaciones bastante truculentas. El lugar de “Botas verdes” está en la arista sur, en el camino habitual de subida al Everest. Se trata de una pequeña cavidad situada a 8.500 metros ante la que se pasa y donde en 1996 falleció por agotamiento este alpinista indio llamado Paljor Tsewang.

 

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En el mismo punto se refugió en 2006 el británico David Sharp, en su bajada de la cumbre, adonde llegó la víspera al anochecer. Había agotado su provisión de oxígeno embotellado y estaba exhausto tras pasar una noche heladora a la intemperie. Ante él pasaron al menos 40 alpinistas rumbo a la cima al amanecer siguiente. Nadie hizo nada por socorrerle. Sólo el sherpa Dawa intentó levantarle, dándole unas bocanadas de oxígeno artificial, pero fue inútil dado su agotamiento.

 

Everest: La cumbre antes que una vida

Entre los que subían estaba el neozelandés Mark Inglis, que aquel día se convirtió en el primer amputado de ambas piernas que subió al Everest. Cuando llegó a la altura de Sharp se lo comunicó por radio al jefe de su agencia, el también neozelandés Russell Brice, afamado alpinista y gran conocedor de la montaña más alta de la Tierra, quien desde el campamento base le contestó: “Amigo, no puedes hacer nada. Él ha estado allí muchas horas sin oxígeno. Él está realmente muerto”.

 

Todos continuaron hacia la cima y dejaron abandonado al británico, que murió al poco tiempo. Nadie duda de que con el concurso de los que subían, David Sharp podía haber sido evacuado, pero si hubiera sido así, quienes hubiesen participado en el rescate se habrían quedado sin subir al Everest. Nadie quiso cambiar su posibilidad de triunfo por una vida humana.

 

El neozelandés y primer conquistador del Everest, Edmund Hillary, fue especialmente duro con esta actitud, denunciando algo de sobra conocido en la comunidad montañera: “Subir al Everest se ha convertido en algo horrible. No les preocupa en absoluto dejar a alguien morir tirado bajo una roca. Su prioridad es llegar a la cima y anteponen su satisfacción personal a la supervivencia de un semejante”.

 

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Ely Reyes/Ciudad VLC/Con información de la web

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