Los zapatos salvajes del Doctor Schulz es un relato de José Carlos De Nóbrega referido al percance rocambolesco del escritor Zé Carlos Filho Souza

LOS ZAPATOS SALVAJES DEL DOCTOR SCHULZ

José Carlos De Nóbrega

A Luis Arráez, abogado y militante de larga data

Pasados cinco años del más reciente desmadre republicano en curso, recibí con una alegría extraña un par de zapatos nuevecitos del camarada Leo Arbeláez.

Sé que ni José Napoleón, mucho menos Alfredo el Director de la Biblioteca “Ida Gramcko”, le tenían en ninguna estima, pues ambos le acusaban de alta traición. Ello relacionado con la toma de la biblioteca hace siete años. Véase el cuento “El álbum de los traidores” en el libro El huésped invisible (2015) de José Napoleón Oropeza, donde se expone tan controversial acontecimiento cultural.

Sin embargo, sigo creyendo en Leo Nardo. Las caídas aparatosas mías son precisamente de mi autoría y disfuncionalidad motriz. El par de obsequiosos, cómodos y traviesos zapatos, se asimila a una cabalgadura que nada quiere con este jinete maula.

Arrojé en un rincón oscuro y maloliente de la habitación a mí asignada -no sé si por mi psiquiatra o traumatólogo-, los dos pies artificiales y ortopédicos. Tiempo después, los cambié por mi brazo izquierdo inmovilizado con una férula, una venda elástica, guata y cabestrillo, cortesía bienaventurada de mi hermano y mi cuñada para beneplácito propio y el escarnio médico-mercachifle.

Dispensen esta omisión: el trueque se debió a un tropiezo mío de campeonato –en este caso físico y no espiritual-, el cual trajo consigo la fractura del codo izquierdo y otras bisagras óseas.

Por supuesto, el anacrónico intercambio de bienes complementaría las operaciones comerciales, virtuales y estrambóticas de Valencia-Sulaco (la moneda nacional encarnaría de nuevo en la sal y el plátano verde de Eras co y post-petéritas, bajo la anarquía –no la diplomacia- del dólar camaleónico).

La situación-país me desencaminó hacia tan costoso evento: No he podido operarme todavía, porque no cuento con los 100 dólares presupuestados en el mercado paralelo de las colmenas hospitalarias.

Por supuesto, según organigramas inhóspitos y manuales apócrifos de deontología médica, los especialistas no realizan la cobranza sino los púberes residentes o –en su defecto- funcionarios patiquines.

Claro está, el contrabando y la provisión del material médico-quirúrgico corren a cargo del cinturón comercial, (in)formal y clandestino –“como que no se sepa”, valga la cantinflada- de comederos, bebederos, centros de acopio, fotocopiado y misceláneos de los alrededores del burgo sanitario.

Ya me habían avisado y declarado la Guerra bursátil, los muy jóvenes y metrosexuales matasanos: No hay crisis ni hambre que valgan a la hora de retratarse “pasta en mano” en la taquilla o, peor aún, el Departamento de Cobranzas del Doctor Matanza: A mi negro lleva pa’l monte / A mi negro lleva pa’l monte, nos canta Manú Chao antes de enrolar el primer tabaco en Jamaica.

Exculpo, insisto en ello, al abogado y político marxiano –compadre de Karl y primo hermano de Groucho- Leo Nardo Arbeláez de mi percance calzado-pédico y cúbito-traumatológico.

Asimismo, el Colorao Camarón del Leo no puede tampoco cargar sobre sí una cruz inducida en torno al lucro cesante mío como cronista compulsivo. Por fortuna, el editor para quien trabajo (Semanario “El Nuevo Nanacinder” del Psiquiátrico de Costaguana) seguirá cancelando mi salario los 15 y los 30 de cada mes.

Bástenos como prenda esta crónica o cuento de pasillo –o pabellones- por cobrar.

Este incidente ha convocado la alusión intertextual de relatos disímiles como el bíblico Libro de Job, en la ‘exposición’ traducida y comentada por Fray Luis de León; además de “El artista del hambre” de Franz Kafka, “Macario” de Juan Rulfo y “Florence y Nós tres” de Alfredo Bryce Echenique (Por eso estoy seguro de que cuando Florence me esquivó asépticamente, vivió un poco lo que se vive cuando se esquiva a un borracho que ha caído derrotado en una calle).

Los cuentos de inanición extrema de Kafka y Rulfo, sumando el de Bryce que empareja el hambre y la curda, son el telón de fondo de una hipótesis psico-somática de mi trompicón y jodisea pedicure: Desvanecimiento por desnutrición y tabaquismo, sostenida por algunos familiares y amigos muy preocupados.

Descarto esta primera especulación teórica, pues el que se cayó estúpidamente fui yo. Ojo avizor, no en balde estar flaco de hambres y embuchado de desamores. Respecto a la posibilidad de trastabilleo de fuente etílica, también la niego porque mi nave de los ebrios está –hará cuatro meses- y por hoy en dique seco.

He aquí que nuestra hipótesis es de tenor socio-económico y ortopédico.

Socio-económico en función de una híper-inflación que nos desclasa, descalza y dificulta la ingesta alimentaria (por obra y gracia de una sociedad politiquera y pesetera de cómplices).

Y ortopédico, pues los comodísimos y salvajes zapatos del Doctor Schulz, very expensive por demás, me quedaban bastante grandes.

Lamento decepcionar a mi psiquiatra, pues más tiene que ver el ska zapatos resbalosos de Desorden Público, que mi fijación en los hermosos, apetitosos y delicados pies de mi maestra de segundo grado en el colegio jesuita “San Francisco Javier” de Caracas.

Para que se comprenda a cabalidad nuestra proposición hipotética e indecente como la de Jonathan Swift, es menester del conocimiento público lo siguiente:

1,- Leo Nardo Arbeláez me advirtió que si no me quedaban los zapatos, se los entregaría a otro ceniciento que le vistieran bien en los pies. Por lo cual le mentimos para no pelar ese par de ‘pisos’ de buena marca. Tanto es así, que ni siquiera los ajusté con papel periódico arrugado y al punto emparejar mis pies del 41 al 43.

2.- Por ende, nos obnubiló el consumismo (valor de mercado, ¿cuál?) más allá del valor de uso: la prestigiosa marca Schulz no se aviene con nuestra clase social, ésta es el lumpen-magisterio-culturoso. Épale, nada que ver con caquistócratas de antiquísima prosapia o reciente camada. La caquistocracia es el gobierno de los malandros, gandules y chorizos. En Costaguana, este modelo político y ladrón posee un sesgo policlasista, el cual comprende la godarria del café y el cacao, la Corte del Rey Petróleo, la oligarquía del dinero y el contrabando de comida y ñascas preciosas.

3.- La experticia forense (dado que mi caída fue de muerte súbita), firmada por el Doctor Domingo, señala que

3.1.- No tropecé de frente (o de puntera) ni de empeine con ningún obstáculo atípico como huecos, salientes, o fierros enterrados en la acera del Súper Mercado Mao Tse Tung, Avenida José Avellanos Norte.

3.2.- Por el contrario, el pie derecho mal calzado y peor andado impactó de puntera y verticalmente con el concreto, lo cual lanzó mi cuerpo de cúbito abdominal a la acera antes descrita y localizada.

4.- Si vamos de mi caso particular a lo general, no queda otra que estratificar y regular el uso del calzado en lo que resta de esta coyuntura republicana en Costaguana (más que crisis, eslabón del bochinche estructural del Estado Nación denunciado por Miranda dos siglos antes).

¿Qué implica este cuento inútil y frívolo?: El retorno de los pata en el suelo, amén de lo atinente al tamaño del calzado masculino que honre los ‘pies de barro’ de las clases históricas, dominantes (godos / burgueses) y acreedoras del vil derecho de la pernada. La gran camioneta Grand Blazer, al igual que las hiperbólicas babuchas mantuanas y peninsulares, tan sólo buscan solapar miembros pequeños, eyaculaciones precoces y escasas habilidades amorosas.

Mientras mi hermano zapatea una universidad desolada, sin academia ni tampoco academicismo, con su par de Doctor Schulz negros aliviándole los pies cansados, yo no hallo cómo conducirme con mi estragado alero zurdo, sin duda lo mejor de mi lateralidad al borde del Apocalipsis.

La culpa no es de los zapatos, sino de quien los camina.

Firma cruzando las piernas, Zé Carlos Filho Souza.

Post Scriptum de interés:

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*Cambio un par de chancletas Mario Pellino, usadas pero en buen estado, por una docena de unidades de pan húngaro que se vende al final de la Avenida Carlos Gould, al pie del cerro Higuerota. Preferimos tener la barriga llena y los pies a rin pelao.

*Nos despedimos por ahora, Domingo de Gloria sulaco-valenciana, mientras bajamos el perfil y degustamos la repostería de Milexa y Ana Carolina.

El sábado 28 de septiembre de 2019, compartimos con Sol, Miriam, Dinorah, el profeta Matías, Luis Alberto, el Gallo fino, Nano, Luis G., y de nuevo Ana C. una sopa asaz gustosa. También con José Napoleón quien se hizo esperar por la patota.

*Se solicita aún vuestra colaboración relativa a mi operación quirúrgica por venir. En especial la prótesis caña, codo y pegue que nos restablezca en el mundo mágico, lírico y bio-locomotriz. Así sea como tren en bajadita.

En Valencia-Sulaco, domingo 29 de septiembre de 2019.

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