Desde hoy y hasta el 25 de este mes, la Riviera Francesa dejará de ser un lugar de veraneo para convertirse en vitrina de una variopinta fauna humana relacionada directa o indirectamente con el cine.

 

La Croisette servirá de corredor para productores, actores, directores, guionistas y toda clase de aspirantes a estrellas que se pasearán por la edición número 72 del Festival Internacional de Cine de Cannes.

 

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Y nuevamente, los franceses demostrarán que para ellos el cine no es simplemente un divertimento o una industria, sino parte esencial de su patrimonio cultural, gracias al par de ingeniosos hermanos August y Louis Lumière, inventores del Cinematógrafo.

 

En el fondo, esa concepción del cine es la que ha llevado a los organizadores de Cannes a no aceptar que las producciones de Netflix, concebidas para verse en pantallas de computadoras, puedan medirse con las originalmente realizadas para ser proyectadas sobre una amplia superficie blanca.

 

Como quiera que sea, en Cannes se han reservado, como ya es costumbre, algunos de los grandes estrenos del año: Dolor y gloria, de Pedro AlmodóvarThe Dead Don’t Die, la cinta del estadounidense Jim Jarmusch, que abrirá hoy la competencia por la Palma de Oro.

 

Érase una vez en Hollywood, lo nuevo de Quentin Tarantino, cuyo estreno en Venezuela está pautado para mediados de agosto.

 

A Hidden Life, en la que el contemplativo Terrence Malick cuenta la historia de un militar austriaco que se negó a luchar para los nazis; Matthias & Maxime, del canadiense Xavier Dolan.

 

Il Traditore, el regreso del veterano realizador italiano Marco Bellocchio, sobre un soplón de la mafia siciliana, o la brasileña Bacurau, que vuelve a reunir al tándem que integraron en Aquarius, el director Kleber Mendonça Filho y la actriz Sonia Braga.

 

Serán, desde hoy, doce días para ratificar que el cine ha vuelto a nacer en Cannes.

 

Danilo González / Ciudad VLC / El Universal

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