Biografías Portátiles (18): Tomasa Ochoa se refiere a una breve semblanza sobre esta estupenda y conmovedora poeta carabobeña. JCDN. 

La poetisa Tomasa Ochoa

Tomasa Ochoa Cordero. Nació en Montalbán, Carabobo, el 15 de enero de 1915. Falleció en Valencia de San Desiderio el jueves 20 de enero de 2011. Poeta y pintora. Publicó los siguientes volúmenes de poesía: Canto uno, Montalbán; Mi canto es del viento (Separata, 1981); Páginas en el espacio (Ediciones del Gobierno de Carabobo, 1991) y Viento de sequía sobre el arado (Ediciones del Gobierno de Carabobo, 1996). Participó en exposiciones artísticas llevadas a cabo en Carabobo y Aragua, destacando la admisión de sus obras en tres ediciones del Salón Michelena. El viento seguirá susurrándole versos sencillos e inmediatos y, con la vista recobrada, pintará estampas arraigadas en la tierra y el corazón.

Uno de sus poemarios publicado en 1996

Tenemos uno de sus poemarios más cristalinos, “Viento de sequía sobre el arado” (1996), el cual compila una linda selección de la autora que comprende su poesía escrita entre 1979 y 1992.

El verso breve, sonoro y transparente de arroyo trasciende la estampa campestre romántica para sumergir el discurso lírico en el esencialismo intimista, panteísta y metafísico. Ello sin perder de vista la paradoja y el hallazgo asombroso que brinca del mundo interior a las fantasmagorías y cuentos de duendes tan de gusto de poetas fantásticos como Rafael José Álvarez: “Es reducido el espacio para mirar el cerro. // He tenido que ocultarme de mí misma / mientras la paz duerme profundamente, / sólo que no me acostumbro / a verla rendida”, tal es la alusión a las disputas, los armisticios y contingencias en el teatro de operaciones guerreras del alma.

LEE ESTOS TRES POEMAS DE TOMASA OCHOA

El cuarteado y resquebrajado paisaje rural en tiempo de sequía, a la par y a diferencia complementaria con “Las formas del verano” de Enrique Mujica, nos remite al cansancio físico, existencial e histórico del campesinado en un peregrinar de latifundio en latifundio, de campo petrolero a círculo periférico urbano de miseria: “Si pudiera captar el golpe sordo / de la hoja raleada que despega el viento / donde hay nubes vacías / abasteciendo huertos / y el reflejo de gente que pasa / iluminando en plena soledad”.

Por lo que se desprende un estado de gracia radicado en el Montalbán de la Memoria y no en una maqueta romántica de la aldea. O la sequedad de la tierra que abrasa pies de barro, osamentas y despropósitos de vida: “Dios, la tierra está dura. / No te esfuerces / haz lo que puedas”. El Viernes Santo, dedicado a niños tristes, transforma el ritual católico con sus devotos campesinos crucificados y turistas despistados, en una endecha punzante de Amor Loco como concepto soportado en la acuarela figurativa y diáfana: “Si en espineros tupidos / marañas o cardones / oyes la palabra amor / búscame cerca”.

Una foto más reciente de Tomasa Ochoa

 

Voz trémula, concentrada y exilada en el silencio, además de no ser catada por la crítica convencional envanecida, acompaña sin evidenciarlo a su prójimo como Enriqueta Arvelo Larriva y Emily Dickinson [¿se habría cruzado con ambas en Montalbán, Barinitas o Amherst-Massachusetts?]. Sin embargo, la poeta que proviene del monte pleno, el que cantaron Garcilaso y San Juan de la Cruz magistralmente, deja colar un dejo dubitativo, ecuánime y capcioso de la universitas carabobensis: “En los candiles de otra mirada / pensé hallar un trozo de algo. // Y vi cómo de la ramazón / al vacío / hay espacios ocultos / y horas de meditación”.

En “Soy como un perro” tenemos una portentosa auto-biografía en verso breve y desnudo, no exenta de humor otoñal e ingenioso: “Pasé por la vida cernida en un cofre, / y así como el árbol ve caer / hasta su última hoja, / miro a los cuatro costados y siento que me hundo / en esta profunda soledad / no siendo mi dueña”. La hipérbole y la imagen surrealista se expresan con una claridad asombrosa, ajena a los rebuscamientos de los “ismos” literaturizados y mal digeridos, para recrear la solidaridad y contristación con los más pobres: “Hermana, por favor / amamanta el trigo. // ¿Sabes? Vendrán días secos / y los niños padecen”.

El Ars poética que se desprende de un mundo sin poesía, postula lecturas derechas y torcidas, por lo que la parábola cristológica intensifica su riqueza semántica que ata la tierra con el cielo: “En el silencio es más sonora / la voz de un ángel / si en nuestra soledad / recordamos lo que antes fuimos / y hoy ya no somos. // El llanto de un niño como el canto / de un ave / nos vuelve a la realidad”. Nos complace sobremanera la limpidez e inteligencia mística y terráquea del concierto de grillos que compartimos con la poeta en la cabeza, el corazón y el estómago.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC      

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