Colombia

El conflicto armado colombiano, cuyos acuerdos de paz fueron suscritos en 2016, no fue un evento aislado, sino parte de una guerra promovida por EE.UU. en el marco de su proyecto de conquista del continente.

 

Y que junto con una oligarquía codiciosa y políticos ambiciosos, liderados por Santander, saboteó el Congreso Anfictiónico y decapitó la Gran Colombia, punto de partida del gran sueño de unidad de la Gran Patria Caribeña y Latinoamericana que tuvo Bolívar.

 

 

Una guerra en la que esos malagradecidos y traidores ponen las balas y el pueblo los muertos, arrojándolo a abismos de hambre, miseria, ignorancia, enfermedad y muerte; que lo entregó al imperio yanqui en ciernes, que hizo del Estado colombiano su vasallo, capital mundial de la droga y punta de lanza del plan de invasión a Venezuela, una de las opciones que el demente Trump tiene sobre la mesa.

Esta es la contienda más larga que haya conocido el mundo, de horrendas masacres y falsos positivos que hicieron de Colombia un inmenso cementerio de fosas comunes; genocidio que parece no terminar nunca pues cada vez que sale el sol de la paz lo eclipsan esos lacayos imperiales.

 

Que llevan en la sangre los genes de los asesinos de Sucre; que llevaron a la tumba a Bolívar cuyo sueño rescató Chávez, como gestor e impulsor de UNASUR y CELAC que también busca destruir esa escoria humana.

 

Que mató a Gaitán, el «hombre que se hizo pueblo», magnicidio que condujo a «El Bogotazo» y a la ira de una población que se fue a la selva y se hizo Ejército del Pueblo, prolongando por más de 50 años la contienda que se creyó sería su fase final al acordarse una Paz que violó una vez más esa canalla.

 

 

Que no sólo sigue haciendo allí la guerra sino que busca, como lo intentaron Uribe y Santos y hoy Duque, extenderla a Venezuela, la Patria del hombre que liberó a Colombia, mentes socavadas por la ingratitud, vicio del que El Quijote dijo que: «De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofenden es la Ingratitud».

 

 

O como da cuenta Dante, en La Divina Comedia, del horror del Noveno Círculo del Infierno, donde el sufrimiento es el mayor de todos, reservado por Dios para quienes cometen Traición e Ingratitud, el nivel más bajo de la miseria humana adonde descendieron los ingratos y traidores que en Colombia desataron la guerra más larga de la historia.

 

 

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Hernán Mena Cifuentes

* Periodista e intelectual venezolano

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