IMPERDIBLES DEL PERIODISMO (7): ALFREDO BRYCE E.

Imperdibles del periodismo (7): Alfredo Bryce E. es una reseña crítica a su libro “A vuelo de buen cubero y otras crónicas” (Anagrama, 1977). JCDN.

Primera edición de la obra por la Editorial Anagrama

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939) persiste en su condición de escritor polémico, impenitente e imprescindible. El ciclo novelístico de Martín Romaña lo consagró en la década de los ochenta excediendo la moda post-modernista, ello a fuerza de burlarse de sí mismo y su entorno, del discurso políticamente incorrecto y el desenfado como catalizador de vida. Antes nos había deleitado con dos volúmenes maravillosos de cuentos, “Huerto cerrado” (1968) y “La felicidad ja ja” (1974), además de la magnífica novela de formación “Un mundo para Julius” (1970).

Primera edición de la novela

“A vuelo de buen cubero y otras crónicas” (Anagrama, 1977) es todavía un mosaico de crónicas, reseñas cinematográficas y reportajes apegados lúdicamente a la literatura y la vida. La primera parte, homónima del libro, cubre en cinco proverbiales crónicas el Sur de los Estados Unidos para establecer un diálogo sabroso con William Faulkner. Este viaje de tracción propia y mecánica, se entronca con los diarios de Miranda, los cuadernos de Humboldt y las crónicas norteamericanas de José Martí. Bryce Echenique expone su criterio o ars cronista al punto de desdecir el mito de la objetividad, esto es a la luz incómoda de “una subjetividad bien intencionada”.

Con humor urticante, exhibe los vicios y contradicciones de la sociedad norteamericana en la ausencia de slogans y lugares comunes del discurso ideológico marxista ortodoxo o liberal. Tenemos la anti-biografía del esclavista e independentista Thomas Jefferson, hasta el extremo de parodiar las reseñas de Borges dedicadas al devenir histórico de la infamia. La hipérbole constituye el recurso humorístico y expresivo de sus brillantes y desternillantes crónicas. Los letreros absurdos del café Fadool’s, por ejemplo, no sólo abominan del discurso publicitario estridente y el maniqueísmo político en Estados Unidos, sino que dotan al texto de un ritmo acelerado, metálico y automático [¿no recuerdan la canción Allentown de Billy Joel?].

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Los círculos de pobreza en el Sur norteamericano, sus parias invisibilizados por la propaganda política y el racismo siempre al acecho, son hechos notorios que no se compadecen con el american way of life, hasta desmitificarlo y astillarlo. Las uvas de la ira se hacen agridulces por vía de la ironía en tanto motor o musculatura del texto o reportaje. El nuevo periodismo de Wolfe y Mailer, tratado por Bryce Echenique en una de las “Otras crónicas”, despotrica del Imperio de la información y las estadísticas como velo rasgado por la palabra  vigorosa y auténtica.

La crónica de viajes posee una doble dimensión: la del que ve al Otro y la del que es visto por el Otro. El reportero lúdico en la hermosa decadencia del Sur de USA, responde a la despreocupación y ocio juguetón del easy rider cabalgando en una discreta moto Vespa. Mientras que el que estudia y escribe en París, procura decir el exilio para apropiarse de los giros de la lengua madre y el universo peruano de la infancia y la pre-adolescencia. El mito del buen salvaje al derecho es la imposición de una moda más en Europa: “el canto profundo de un continente cuyo desgarramiento y tragedia utilizan unos para ganarse sus moneditas [los sudacas], y otros para ganarse sus billetotes” [la industria cultural]. Sea la venta al contado de versos sueltos de Neruda o la iconografía del Che Guevara estampada en litografías y franelas. Cómo nos miran superficialmente desde el Centro a la Periferia.

Un muy joven Alfredo Bryce Echenique

En “Otras crónicas”, contamos también con muestras del género que emparentan la diversión con el ojo crítico del caníbal. Desde la nostalgia o saudade prudente y con mordiente del par de crónicas dedicadas al Mayo Francés del 68 [“O tal vez, en alguna escondida butaca, algún sobreviviente del 68, entorpecido por el recuerdo, los slogans y la distancia de este lejano mayo, lloró uno de esos llantos queditos de los personajes de Rulfo”]; crepitando en las crónicas o, mejor aún, los encuentros celebratorios con Julio Cortázar y Orson Welles, un par de gigantes impostores en el lenguaje literario y cinematográfico; hasta la fluencia de la literatura norteamericana de Fitzgerald, Hemingway y Tom Wolfe que desquicia cualquier moda retro.

Nos queda pues la sazón picante de estas crónicas que nos remitirán a las grandes novelas de Alfredo Bryce Echenique y su complementario de papel y carne: el fabulista exagerado e hiperrealista de Martín Romaña.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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