Recientemente ha trascendido el lanzamiento, para el 1º de noviembre, de la segunda temporada de la serie Jack Ryan, a cargo de Amazon Prime Video y cuya trama se centrará alrededor de Venezuela.

Jack Ryan es una serie de TV por suscripción, homónima al personaje de Tom Clancy, central en sus novelas, ambientadas en el mundo de la inteligencia militar estadounidense, la Guerra Fría y las amenazas contra Estados Unidos.

El personaje de Jack Ryan es uno de los favoritos en la narrativa «patriotera», evolucionando desde un agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hasta convertirse en su director y luego Presidente de los Estados Unidos, tal como ha sido en los libros del escritor.

jack ryan

Sin embargo, la presencia de Ryan en la cultura estadounidense es mucho más amplia, pues ha tenido lugar en la pantalla grande mediante películas y caras conocidas de la industria cultural.

 

 

El personaje de Ryan, modelo ideal de hombre íntegro de la seguridad y la política, ha aparecido en La caza del Octubre Rojo (1990) protagonizado por Alec Baldwin, Juego de patriotas (1992) protagonizado por Harrison Ford, Peligro inminente (1994) protagonizado por Harrison Ford, La suma de todos los miedos (2002) protagonizado por Ben Affleck y Jack Ryan: Operación Sombra (2014) protagonizado por Chris Pine.

La serie de Amazon Jack Ryan, estelarizada por John Krasinski (ex elenco de la serie The office) viene ahora con su personaje central dispuesto a «salvar a Venezuela», y también a Estados Unidos, del «caos» y el «terrorismo».

 

 

Industria cultural y propaganda de guerra

Aunque el spot de la segunda temporada de la serie fue publicado hace un par de meses, ha tenido relevancia en Venezuela por medio de las redes sociales y la publicación de la fecha de estreno en noviembre, generando un debate público sobre los alcances de la narrativa de la serie como un episodio más de la estigmatización y tergiversación de la realidad venezolana.

Un hecho que podría considerarse claramente propagandístico, justo ahora, cuando el gobierno en Washington ha previsto bloquear la economía venezolana y amenazar a la nación petrolera con una intervención militar.

 

 

En efecto, la nueva temporada de Jack Ryan se basa en la Venezuela actual, un país «en caos» y con una «gran crisis humanitaria». El telón de fondo de la narrativa son manifestantes antichavistas que han sido mundialmente famosos, por cortesía de la mediática internacional, por protestar contra «la tiranía» del presidente Nicolás Maduro.

 

 

Pero la trama de Jack Ryan es más intrincada. En el tráiler de la serie, Ryan habla de la existencia de «armas nucleares» rusas en Venezuela y la posibilidad de que la nación caribeña efectúe un ataque contra Estados Unidos.

jack ryan y la industria cultural de la guerra contra venezuela
En la serie se ven uniformes de la fuerza policial venezolana

Según diversos medios, entre ellos El Nacional de Venezuela, otro de los arcos narrativos de la serie yace en las acciones y lesiones que sufrirá el propio Jack Ryan «por órdenes expresas» del «perverso» presidente venezolano.

Lo que quiere decir que no faltarán escenas donde se tiranice al gobierno de Venezuela en su afán de derrotar a Ryan y vulnerar la seguridad de los norteamericanos.

El tráiler de la serie ya ha sido objeto de pronunciamientos. El ministro de Cultura venezolano, Ernesto Villegas Poljak, denunció que la serie de Amazon promueve una intervención militar en Venezuela al proyectar al país como uno que apoya el terrorismo.

Desde su cuenta Twitter, Villegas señaló que «el aparato pseudocultural ‘made in USA’ apunta de nuevo contra Venezuela en busca de condiciones psicopolíticas en opinión pública estadounidense y mundial para justificar agresión extranjera contra nuestra Patria. Burda propaganda de guerra disfrazada de entretenimiento».

En un segundo tuit, Villegas indicó que «la intervención militar en Venezuela, puesta ‘sobre la mesa’ por Donald Trump y su pandilla de fanáticos supremacistas, encuentra eco entre lacayos locales y también en la maquinaria propagandística de factura gringa».

El centro de este debate yace en los mecanismos de la oferta «cultural» estadounidense y su industria, para fabricar un relato que sirva para construir consentimiento en la opinión pública global, a los fines de apalancar acciones de intervención e injerencia.

Es ese uno de los frentes indispensables en cualquier modelo de guerra y podría considerarse uno de los insumos infaltables en el marco de asedio de espectro total que sufre la nación bolivariana y que hoy tiene lugar en diversos frentes, siendo palpables el asedio político, el bloqueo económico y también la amenaza de guerra germinal y mercenarizada.

 

 

El manejo de la subjetividad como arma apuntaría en este caso también a la sociedad venezolana, mediante la recreación de una figura «salvadora» que en teoría representaría las aspiraciones de «democracia y libertad». Aunque tales narrativas hollywoodenses siempre tengan un contraste con la realidad.

Uno de los hechos más emblemáticos que señalan el deslinde de la narrativa cultural y cinematográfica estadounidense con la realidad, reside en la propagandización anti-soviética de la película Rambo II a finales de los años 80.

En aquella oportunidad, Rambo peleaba al lado del «valiente pueblo afgano» en su lucha «por la libertad» contra «la invasión rusa», justo en tiempos de la «La guerra de Charlie Wilson», mejor conocida como la Operación Ciclón que duró casi una década.

Consistió en el desarrollo de una guerra asimétrica contra la Unión Soviética en la que Estados Unidos armó a milicias islamistas afganas que serían conocidos luego como «muyahidines» o «talibanes», quienes serían estandartes de todo menos de la democracia y la libertad en ese país.

jack ryan y la industria cultural de la guerra contra venezuela

Luego de ser recibidos por Ronald Reagan en la Casa Blanca, estos grupos islamistas, que se veían representados en el cine peleando al lado de Rambo, serían luego un objeto de preferencia de la industria cultural, luego del 11 de septiembre de 2002.

Pero pocos parecen notar aquella incongruencia que no se ven reseñadas en las explosiones y heroísmo de factura enlatada estadounidense.

Venezuela es cada vez más un factor de presencia en la TV y el cine estadounidense, luego de que el país ya tuviera bastante presencia en los noticieros, tal como lo ha sido en los últimos años.

La narrativa de una «dictadura tropical petrolera» venezolana tiene también el componente de la fobia rusa y otros ingredientes que vinculan a Venezuela con el «terrorismo islámico».

Un entramado hiperpropagandizado que empuja a la «opinión pública» estadounidense e internacional a ver más cercana la «necesidad» de que Estados Unidos actúe en Venezuela detonando una guerra en el continente americano.

 

 

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Jack Ryan, emblema en el imaginario de la cultura estadounidense y su «responsabilidad de proteger» (R2P), viene ahora a lavarle la cara al poder norteamericano en la peor época de su relaciones con el mundo, y en un punto de agotamiento y amplio rechazo internacional al esquema bélico que ha propagado el conflicto y caos perenne en diversas latitudes.

 

 

Ciudad VLC / Mision Verdad

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