La “Porno venganza” una moda basada en el dolor del rechazo o una traición

La porno venganza consiste en la difusión de videos y fotos íntimas inspirados o dejándose llevar por el dolor causado por el rechazo o una traición. Una joven californiana demandó a su expareja luego de que él, tras acabar su relación, creara perfiles en sitios web para buscar pareja y páginas de pornografía para «arruinar su vida».

Ella llegó a recibir numerosos mensajes con imágenes íntimas de desconocidos y mensajes de hombres que estaban ya camino a su casa para tener sexo con ella.

La expareja creó perfiles en páginas de contactos y sitios pornográficos a nombre de la joven y contactó con otros hombres para que le enviaran contenido explícito.

Preámbulo de la porno venganza

La patética y por demás triste historia como pareja comenzó en 2012 y duró hasta el siguiente año. Durante todo ese tiempo, Jane y David mantuvieron una relación que estuvo marcada por la distancia: ella, una joven de California y residente de Los Ángeles, realizaba sus estudios en la costa oeste, mientras que él vivía precisamente en el lado opuesto del país.

Por ello, la joven llegó a tomarse imágenes y grabaciones íntimas para enviárselos, algo normal en su relación a distancia. Los dos «entendieron y acordaron que esas fotografías y videos permanecerían de manera privada», según se lee en la denuncia que ella presentó a finales de 2014 tras ser víctima de lo que se conoce como «porno venganza» y que implica la difusión de material íntimo cuando se acaba una relación.

Ahora, tras una larga batalla legal, en la cual salieron a relucir escabrosos detalles íntimos, la justicia le ha dado la razón a ella y una corte de California le concedió una indemnización de 6,45 millones de dólares por el daño que ha sufrido, el estrés emocional y por extraño que parezca, como si de una obra de arte se tratara, la violación de derechos de autor.

Una estrategia fríamente planificada

Los problemas para Jane (nombre ficticio que aparece en la demanda para proteger la privacidad de la mujer) comenzaron en 2013 cuando, tras romper su relación con David K. Elam II, recibió una llamada suya en la que la amenazó con «arruinar su vida». 

En ese momento, él comenzó a materializar lo que más tarde sería su «porno venganza», diseñada explícitamente para destruirla, según aclaran los documentos judiciales del proceso. 

«No solo el acusado difundió esas fotografías y videos online, sino que también las envió a sus conocidos personales y profesionales», especifica la demanda. «El acusado también se hizo pasar por Jane en internet, invitando a hombres a que le enviaran imágenes de contenido sexual de ellos mismos y a que la visitaran en su casa para tener sexo».

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El morbo de hacerse pasar por su pareja

Su plan comenzó con la creación de un perfil en la página de una compañía para encontrar pareja. El nombre que eligió era una variación del que ella que utilizaba para su cuenta de Twitter y le añadió una fotografía «sugestiva». A la hora de llenar el formulario de dicho portal, él se hizo pasar por ella y ofreció respuestas «sexualmente sugestivas».

Una vez materializado el paso de crear el perfil, comenzó a interactuar con otros hombres como si fuera ella, invitándolos a enviarle imágenes de alto contenido sexual. Para ello, les dio el número de teléfono de su expareja. Su impertinencia fue más allá, y alcanzó picos inimaginables, cuando incluso llegó a dar su dirección luego de incitar a otros usuarios a visitarla para tener sexo.

La “Porno venganza” una moda basada en el dolor del rechazo o una traición

«Jane recibió aproximadamente 30 mensajes de hombres desconocidos en su celular y su correo electrónico. Algunos de ellos, tenían mensajes de contenido sexual. Otros afirmaban que el mensajero (un hombre que Jane no conocía y posiblemente enloquecido por el material recibido) estaba de camino a su casa».

Cuentas en sitios porno

Pero su macabro plan no acabó ahí. La demanda especifica que, hacia el 10 de mayo de 2013, David creó un perfil con un nombre similar al de la joven en un popular sitio web pornográfico y subió un video íntimo de ella. Además, trató de darle una gran difusión a las imágenes. Unos dos días después, repitió la misma operación, pero en otra página similar.

La situación continuó, pese a las promesas que realizó David a la madre de la joven de retirar todo el contenido. Nunca lo hizo y siguió con su plan: en los meses siguientes ella llegó a recibir mensajes de personas desconocidas por sus diferentes redes sociales, como Facebook, LinkedIn o Instagram, entre otras.

Para poder retirar todo ese contenido de internet, la joven tuvo que registrar las imágenes y los videos, de manera que pudiera afirmar que ella era la que tenía los derechos de autor y así exigir que se retiraran del acceso público.

Todo esto le generó «un daño emocional» que le afectó negativamente a su vida. «No era capaz de dormir bien; tuvo que dedicarle tiempo que de otra manera podría haber usado en su carrera profesional (…) tuvo que trabajar duro para reparar su reputación profesional». Como resultado de la «porno venganza», Jane ha temido de manera continua por su seguridad física», apuntaba la demanda .

La justicia concedió una indemnización de 450 mil dólares por daños por infringir el copyright de las imágenes; 3 millones por los daños emocionales y otros 3 por perjuicios.

La mayor indemnización otorgada en un caso de «porno venganza» alcanzó la cifra de 8,9 millones.

José Becerra/Ciudad VLC

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