¿Qué releer? (2): La guerra del fin del mundo trata de un comentario a esta novela histórica de Mario Vargas Llosa. JCDN.

La Guerra del Fin del Mundo (1981) de Mario Vargas Llosa. En el “Canon Occidental”, Harold Bloom ubica “La Guerra del Fin del Mundo” de Vargas Llosa en su corto y polémico inventario de obras paradigmáticas de América Latina, pero obvia la fuente literaria que la alentó: “Los Sertones” (1902) de Euclides da Cunha.

Afortunadamente, el escritor peruano y marqués español reivindica a su colega brasileño, tanto en la dedicatoria como en la propuesta personal atinente al género de la nueva novela histórica en América Latina.

A tal respecto, esto es la simbiosis dialógica entre ambos autores, Seymour Menton (1993) establece que “El ejemplo extremo de la intertextualidad es el palimpsesto, o la re-escritura de otro texto, como La guerra del fin de mundo de Vargas Llosa, re-escritura en parte de Os sertôes de Euclides da Cunha” (p. 44).

Por supuesto, no se trata de una reedición del mito de Pierre Menard y su contraescritura del Quijote. El episodio de la Guerra de Canudos se desarrolla en el ejercicio libre de la escritura creativa, eso sí, respetando el antecedente: Partiendo de la óptica positivista compulsiva del ensayo de da Cunha, fluye la proposición novelística salpicada de hiperrealismo y transfiguración ficcional de los evangelios, dadas las connotaciones religiosas y políticas de la insurrección armada de Antonio Conselheiro en 1896-97.

Este extraño personaje histórico, entre el misticismo franciscano y el fanatismo ultramontano, es tratado por Vargas Llosa como si se tratase de un retrato acometido por El Greco: “una figurilla alargada, oscura, de cabellos negros y ojos fulminantes, envuelta en una túnica morada” (Vargas Llosa, 1985, p. 15).

Por ende, la hipérbole es el recurso expresivo dominante que marca la calidad de este mural novelístico y épico, sobre todo a la hora de recalcar el espíritu mesiánico de la empresa rebelde con que el Consejero convocó a los bandidos, los fenómenos de circo y el campesinado venido a menos: “Y, como los bandoleros, lo respetaron las serpientes de cascabel que asombrosamente y por millares brotaron en los campos a raíz de la sequía” (Vargas Losa, 1985, p. 19).

La precisión estilística y los logros en el ritmo de la escritura sostienen este estupendo reportaje novelado: La avanzada o peregrinación finisecular de Antonio Consejero, es el hilo que enhebra las historias de los conversos por incorporar en su combate a los perros de la República.

Efectivamente, el lector se encuentra ante una novela coral que involucra a personajes de diversa ralea, inauditos y entrañables: el anarquista escocés Galileo Gall, el periodista miope, el Barón de Cañabrava, Jurema, el Coronel Moreira César, María Cuadrado, el León de Natuba o el lumpen deforme del circo que se desparraman en el sertón de Canudos.

Nuestro autor pareciera parodiar el discurso anarquista y revolucionario, cuando cita, manipula y falsifica las cartas de Galileo Gall: ¿Dispone una antesala al neo-conservadurismo que Vargas Llosa defiende hoy bajo un disfraz liberal?

La Literatura y la Historia explicitan hasta el despropósito esta coyuntura paradójica, en la que católicos ultramontanos desprovistos de cultura política y teológica, se hayan entusiasmado por el Buen Jesús para desmontar la República Federal de Brasil simulando una bandera anarquista en la agenda y la estrategia político-militar.

El orden cronológico, salvo algunos saltos al futuro novelado o flash backs, calza con un discurso que mixtura la crónica, el Nuevo Periodismo y la Historia con sus interpretaciones encontradas.

Los partes de guerra del Ejército Federal brasileño, el reportaje del periodista miope [¿envuelto en las sombras?, ¿una alusión mórbida al mismo da Cunha?] y las cartas de Galileo Gall son versiones disímiles entre sí que incluso se contradicen a sí mismas.

Del mismo modo, el punto de vista omnisciente imperturbable y en ocasiones dídimo responde al pulso narrativo dinámico del discurso novelístico. El fraseo corto y las interrogantes dramáticas humanizan la voz narrativa en lo contingente y lo incierto.

La crisis de las ideologías, el fin de la historia y la decadencia de los Grandes Relatos, se extrapolan a la luz de las alianzas y los duelos a mordiscos entre los bandos militares y políticos.

Tenemos, por ejemplo, la sátira del discurso parlamentario, las medias verdades mediáticas y las arengas marciales que rozan la comicidad; el encono bélico e ideológico del coronel Moreira César; o el reducido circo anarquista y marginal en peregrinación inútil en pos de la Utopía revolucionaria.

Vargas Llosa, si se quiere, reescribe paralelamente a Euclides da Cunha con estupendos cuadros bélicos: El antecedente fusiona con maestría el positivismo inquisitivo y el post-romanticismo épico con un pincel terrorista e indignado, grabando imágenes relativas a los abusos e iniquidades de ambos bandos en furiosa pugna [“A la margen izquierda del camino, erguido en un tronco –como una percha de la que colgase un viejo uniforme- el esqueleto del coronel Tamarinho, decapitado, los brazos colgados, las manos de hueso calzando guantes negros”, da Cunha, 1980, p. 249]; mientras que el consecuente, casi ochenta años después, dibuja al vuelo hiperrealista endurecido tanto la metáfora del ejército federal [“Ahí están ya fusilando a la serpiente desde las rocas de las Umburanas, dándole el último empujón hacia la Favela”, Vargas Llosa, 1985, p. 300] como las febriles, cruentas y jesuíticas emboscadas insurgentes de los Joâo Grande, Pajeú, Joâo Abade o Pedrâo.     

BIBLIOGRAFÍA

Vargas Llosa, Mario (1985). La guerra del fin del mundo. Barcelona, España: Seix Barral.

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José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC                

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