Hoy los cristianos celebran el inicio de la Semana Santa con la conmemoración de la entrada de Jesucristo a Jerusalén, tradición conocida como Domingo de Ramos. En la tradición católica, las palmas y ramas que los fieles portan a la iglesia son bendecidas y hay quien incluso las guarda para colocarlas en ventanas y balcones durante los días de Semana Santa.

 

Para muchos católicos la Semana Santa es sinónimo de ocio y turismo para desprenderse del estrés causado por la vida cotidiana, pero otros prefieren respetar su significado como un tiempo para dedicarse a la oración y reflexionar sobre Jesucristo y los momentos del Triduo Pascual, pues el Hijo de Dios, con su infinita misericordia, decide tomar el lugar de los hombres y recibir el castigo para liberar a la humanidad del pecado.

 

El comienzo de la Semana Mayor inicia con el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección. Hoy los cristianos conmemoran la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, cuando a su paso en un burro, el pueblo salió a recibirle entre aclamaciones, agitando palmas y ramas de olivo, dos árboles típicos de la zona.

 

Pero hay detalles que pocas personas conocen sobre este día en específico y por eso es importante aclararlos para que los fieles conozcan el verdadero significado de las palmas que colocan los fieles en los dinteles de su puerta o en el marco de las ventanas por espacio de un año.

 

Ciudad VLC te muestra nueve cosas que necesitas saber sobre el Domingo de Ramos, una fecha muy especial para el catolicismo:

 

  1. Este día se llama Domingo de Ramos o Domingo de Pasión

El primer nombre proviene del hecho que se conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando la multitud lo recibió con hojas de palma (Juan 12:13).

 

El segundo nombre proviene del relato de la Pasión que se lee en este domingo. Porque de no ser así no se leería en un domingo, ya que en el próximo la lectura tratará sobre la Resurrección.

 

entrada en Jerusalén. Domingo de Ramos. Ciudad VLC

 

Según el documento del Vaticano Carta circular sobre la preparación y la celebración de las fiestas pascuales de 1988, el Domingo de Ramos “comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se evidencian en la celebración en la catequesis del día”.

 

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  1. Se realiza una procesión antes de la Misa

La procesión puede tener lugar solo una vez, antes de la misa. Puede realizarse el sábado o domingo.

 

“La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde la antigüedad, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y gestos que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso Hossana”, detalla la Carta de fiestas pascuales.

 

  1. Se pueden portar palmas u otros tipos de plantas en la procesión

No es necesario utilizar hojas de palma en la procesión, también se pueden utilizar otros tipos de plantas locales como el olivo, sauce, abeto o de otros árboles.

 

Según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: “A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión”.

 

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  1. Los fieles deben ser instruidos sobre la celebración

Según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, “los fieles deben ser instruidos sobre el significado de esta celebración para que puedan captar su significado”.

 

El texto indica que “debe recordarse oportunamente que lo importante es la participación en la procesión y no solo en la obtención de hojas de palma o de olivo,” que tampoco deben mantenerse “como amuletos, ni por razones terapéuticas o mágicas para disipar los malos espíritus o para evitar el daño que causan en los campos o en los hogares”.

 

  1. Jesús reclama el derecho de los reyes en la entrada triunfal a Jerusalén

El papa Emérito Benedicto XVI explica en su libro Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección que Jesucristo reclamó el derecho de los reyes, conocido a lo largo de la antigüedad, de demandar modos de transporte particulares.

 

El uso de un animal, el burro, en el que nadie se sentó aún es un indicador más del derecho de la realeza. Jesús quería que su camino y su accionar sean entendidos en términos de las promesas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona.

 

“Al mismo tiempo, a través de este anclaje del texto en Zacarías 9:9, una exégesis ‘fanática’ del reino está excluida: Jesús no está construyendo sobre la violencia; no instiga una revuelta militar contra Roma. Su poder es de otro tipo: es en la pobreza y la paz de Dios, que identifica el único poder que puede redimir”, detalla el libro.

 

  1. Los peregrinos reconocieron a Jesús como su rey mesiánico

Benedicto XVI también señala que el hecho de que los peregrinos coloquen sus mantos en el suelo para que Jesús camine por encima, también pertenece a la tradición de la realeza israelita (2 Reyes 9:13)”.

 

“Lo que hacen los discípulos es un gesto de entronización en la tradición de la monarquía davídica (del Rey David) y apunta a la esperanza mesiánica que surgió a partir de esta”, indica el texto.

 

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  1. Hossana es un grito de júbilo y una oración profética

En el tiempo de Jesús esta palabra tenía matices mesiánicos. El Domingo de Ramos, en la aclamación de Hosanna se expresan las emociones de los peregrinos que acompañan a Jesús y a sus discípulos: la alabanza alegre a Dios en el momento de la entrada procesional, la esperanza de que la hora del Mesías había llegado.

 

Al mismo tiempo era una oración que indicaba que el reinado davídico, y por lo tanto el reinado de Dios sobre Israel, sería restablecido.

 

  1. La multitud que aplaudió la llegada de Jesús no es la misma que exigió su crucifixión

En su libro, Benedicto XVI argumenta que en los tres evangelios sinópticos, así como en San Juan, se deja claro que quienes aplaudieron a Jesús en su entrada a Jerusalén el Domingo de Ramos no fueron sus habitantes, sino las multitudes que lo acompañaban e ingresaron a la Ciudad Santa con él.

 

Este punto se hace más claramente en el relato de Mateo, en el pasaje que sigue al Hosanna dirigido a Jesús: “Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó diciendo: ¿Quién es este? Y las multitudes decían: Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (Mt 21, 10-11).

 

  1. El relato de la Pasión goza de una especial solemnidad en la liturgia

La Carta de Fiestas Pascuales dice lo siguiente en el numeral 33: “Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que sean tres personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada ya por diáconos o presbíteros, ya, en su defecto, por lectores, en cuyo caso, la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote».

 

En la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso, ni se hace al principio el saludo al pueblo como de ordinario para el Evangelio, ni se signa el libro. Tan solo los diáconos piden la bendición al sacerdote.

 

 

Ciudad VLC/Con información de Diario La Verdad

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